Gijón se llena para disfrutar del Festival Aéreo Internacional: más de 270.000 personas vibran con la exhibición
La decimoséptima edición del Festival llena la bahía de San Lorenzo
Veinticinco aeronaves culminan un espectáculo con los tres ejércitos participantes y la Patrulla Águila y el caza Eurofighter como grandes protagonistas

El Festival Aéreo, en imágenes. / DAVID CABO
Gabriel Cuesta
La bahía de San Lorenzo vivió ayer de nuevo una fiesta de altura. Gijón volvió a disfrutar mirando al cielo. La decimoséptima edición del Festival Aéreo Internacional, la primera que congrega en la ciudad a los tres ejércitos (la Armada y el Ejército de Tierra y Aire), abarrotó con miles de personas el paseo marítimo y la playa para disfrutar de las imposibles acrobacias de las 25 aeronaves que participaron en un espectáculo de altura. Desde San Pedro hasta las "Chaponas". Nadie quiso perderse lo que ya es un clásico en el verano gijonés que remató la Fiesta del Cielo.
Los datos oficiales del festival señalan que el espectáculo congregó a más de 270.000 asistentes, según las estimaciones de la Policía Local. Una cifra astronómica. Fueron casi tres horas y media de derroche de estos "pájaros de metal". El despliegue fue monumental, con todo tipo de unidades. Históricas, ligeras, acrobáticas, militares… Desde aviones hasta helicópteros, sin olvidar al imperial caza. Y el tiempo acompañó. Amenazó con lluvia a primera hora de la mañana, pero el sol asomó puntual para ofrecer una jornada de postal. Y también muy calurosa. A la ristra de prismáticos, se sumaron paraguas a modo de sombrilla y muchos abanicos. Incluso más de uno fue bien equipado con sillas o una nevera portátil con refrescantes bebidas y un picoteo. Tocó echar crema solar, sobre todo para los que lo vivieron en bañador desde sus tumbonas en la arena.
Volviendo al cielo, sin duda los grandes protagonistas fueron los integrantes de la Patrulla Águila a bordo de sus C101 "Avyojet". Gijón ya es como su casa y fueron los artífices de la traca final junto al feroz "Eurofighter Typhoon (C.16)" y el trepidante descenso de la campeonísima Patrulla Acrobática de Paracaidismo PAPEA. Fue una exhibición plural donde los tipos de aeronaves fueron entremezclándose.
La megafonía indicaba al detalle las características de las unidades y sus maniobras. Arrancaron los ultraligeros de La Morgal: el KP-2U Skyleader 200, el Zenair CH 601 XL y la BRM Land Africa. También los altavoces sirvieron de conexión entre el público y las cabinas. "Estoy emocionado y orgulloso de participar en el festival de mi ciudad. Es un día que no olvidaré jamás", agradeció Jorge Raga, de "Asturfly", mientras surcaba los cielos. Luego apareció la Patrulla Aerosparx británica a bordo de sus Grob G109 B, protagonistas el viernes con su derroche pirotécnico entrada la noche. "Loopings" en formación y todo tipo de maniobras acrobáticas en un vuelo sin motor para estos aparatos, cuya envergadura dificulta su control. Y para rematar, "twister" y ruptura en 45 grados entre aplausos del público.
Los primeros helicópteros en dejarse ver por el horizonte fueron el Eurocopter EC 135, de la Policía Nacional, y el Helimer Agusta AW 139, de la Sociedad de Salvamento y Seguridad Marítima. El primero es una aeronave puntera tecnológicamente, con una gran maniobrabilidad en todas direcciones y un motor silencioso que le hace ideal para misiones marítimas y en cascos urbanos. El segundo, en cambio, es el ángel de alta mar, ideal para rescates con su sistema de sobrevuelo estacionario automático, lo que permite realizar operaciones en condiciones atmosféricas complicadas.
También hubo hueco para un viaje al pasado. El que brindaron los dos pilotos que componen la Formación Quijote a bordo de dos clásicos como el Reims Aviation FTB 337 G y el Cessna 305 C "Bird Dog". Dos unidades difíciles de mantener al no existir ya repuestos. Su figura evoca a su uso por parte de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam.

Rodrigo Hernández
Conexiones por radio con las cabinas y vuelos acrobáticos de infarto
No es casualidad que ayer a su paso sonase por megafonía "Fortunate Son", de la mítica "Creedence Clearwater Revival", un tema crítico con los hijos de los ricos estadounidense que evitaban ser reclutados para dicho conflicto de la Guerra Fría. El sonido de las palas y las hélices iba acompañado al ritmo de temazos musicales como Kate Perry, David Guetta o Lady Gaga, sin dejar de lado clásicos como "Guns N’ Roses" o "Boney M". El primer acróbata en salir a escena fue el piloto Jorge Macías en su Laser Z300. Es un as en categoría ilimitada. Llevó la palanca al pecho para luego caer a 45 grados y desatar el aplauso del público. Hasta a través de la radio atendió los deseos de dos pequeños espectadores que le pidieron un "tonel rápido". Un ingenioso gesto que desató una ovación.
Fue todo un síntoma de que empezaba la parte más caliente de la exhibición. Miles de manos saludaron el vuelo a derechas cercano al paseo del helicóptero Sikorsky SH 60, de la Armada Española, a puerta abierta, un modelo con 900 caballos en cada una de sus turbinas capaz de operar de noche y con protección balística. "Hay un ambiente impresionante. ¡Viva la tierruca y puxa Asturias!", exclamaron desde la cabina. A los mandos del "Sukhoi SU31", un avión ruso del 84, Ramón Alonso mostró los motivos por los que se proclamó en su día campeón del mundo de acrobacias. Arrancó con veinte giros, se calcó un "torque roll" y voló "a cuchillo" con las alas completamente verticales con respecto al suelo. "Es un placer volver a volar en los cielos de mi abuelo", confesó desde la cabina emocionado.
La Guardia Civil sacó pecho con su helicóptero Airbus AS 365 Dauphin y el avión de la Patrulla CN 235. Del primero tan solo hay cuatro modelos operando en el territorio nacional. Y el segundo se erigió como una especie de ballena de los cielos. Al menos, eso parecía por su importante envergadura: 26 metros. Con una extensa tripulación que disfrutó en la órbita de la bahía de San Lorenzo. Justo después, más de uno se quedó completamente boquiabierto con las maniobras imposibles del acróbata Juan Velarde, otro de los momentos más esperados. El piloto tuvo que hacer un esfuerzo y adaptarse a un cambio de última hora. Voló en un "Extra 330 SC" en lugar de en su habitual "Extra 300". Dio igual. Hizo lo que quiso con esa máquina alemana. Lazos, invertidos, piruetas retorcidas, subidas verticales... Para rematar con una maniobra invertida finalizada a cuchillo.
El último helicóptero en desfilar fue una joya: el NH 90, del Ejército de Tierra. Su "piel" de camuflaje se movió de forma endiablada por el cielo gijonés. Subió 45 grados con la bandera española ondeando desde su portín abierto. Lo hizo con ligereza, casi vacío, cuando es capaz de cargar nada más y nada menos con 4.200 kilos a bordo.
Con el público ya entregado, empezaron los platos fuertes. Fue el turno de los "hombres pájaro". La Patrulla Acrobática de Paracaidismo PAPEA, campeonísimos del mundo en representación del Ejército del Aire y del Espacio, calcaron su aterrizaje. La brisa fue benévola, pero había que tenerla en cuenta. Cualquier mínimo viento es decisivo para clavar la diana, por lo que tiraron unas cintas amarillas para conocer al detalle las condiciones a las que se enfrentaban. Los "paracas" saltaron a 7.000 pies de altura desde el "CN295".
Lo hicieron por turnos y unidos entre sí ("stack"), desplegando la bandera española al surcar los cielos y "atacar" tierra de forma grácil en el espacio despejado cerca de la escalera 13. El aplauso fue mayúsculo para un grupo que dejó claro el motivo por el que suma más de 70 trofeos internacionales.
Ya con los pies en la tierra, un feroz rugido anticipó lo que llegaba. El Eurofighter Typhoon (C.16), del Ejército del Aire y del Espacio. Esta joya de los cielos, una de las unidades más valiosas en las filas aeronáuticas estatales, apareció sobre la iglesia de San Pedro de forma imponente. Su estruendo retumbaba cada vez que hacía alguna virguería a la velocidad del rayo.
Vuelo invertido, caídas casi en picados, "loops" de todo tipo... "¡Buah!", exclamó más de uno a la altura de un abarrotado Naútico mientras el piloto Antonio Quijano ejecutaba un difícil ángulo de ataque. Fue toda una lección de vuelo sobre este caza de combate de cuarta generación fabricado en España. Sobre todo, por lo complicado que resulta maniobrar en espacios reducidos en una aeronave capaz de alcanzar los 2.400 kilómetros por hora. Una velocidad que permitiría llegar desde Gijón a Sevilla en tan solo 17 minutos.
El broche a la jornada tenía que ser para unos viejos conocidos que han hecho de Gijón su nueva casa. La Patrulla Águila remató la faena con un vuelo de cuarenta minutos, el más extenso de todo el festival. Sus seis integrantes firmaron un vuelo redondo bajo las órdenes del comandante Miguel Abad, líder de la patrulla. Realizaron posiciones imposibles, con una simetría milimétrica en formación. Rayaron la perfección. Entraron en formación delta, pasaron a la champagne, mirlo, "plus ultra", en cuña... Vamos, que sus C101 se retorcieron en el cielo como nunca. Plancharon un "sacacorchos" rompiendo filas bajo el aplauso del respetable mientras se dibujaba la bandera española en el cielo.
Tampoco faltaron los cruces o los vuelos verticales e invertidos. Ya la segunda parte de la actuación ganó aún más dinamismo. Las "águilas" dibujaron un corazón en el aire (flecha de Cupido incluida) y realizaron piruetas de nivel con acrobacias como el "tonel lento", o el "flip flap", con el que dos aviones hacen un efecto espejo al volar uno de ellos en invertido. El remate final tuvo, como no podía ser de otra manera, un componente patriótico. Formación medida para realizar una pasada que pintó sobre San Lorenzo de nuevo la bandera de España mientras sonaba el himno nacional. Un colofón lleno de aplausos para cerrar un festival de altura.
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