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Entrevista | Héctor Colunga Cabaleiro Director de Mar de Niebla, dejará el cargo tras doce años

"Luchamos por dejar de hacer cosas que el sistema debería garantizar"

"Cuando llegué, Mar de Niebla estaba achicando agua; ahora también buscamos reparar la avería y eso pasa por los programas educativos"

Héctor Colunga, en la sede de Mar de Niebla.

Héctor Colunga, en la sede de Mar de Niebla. / Marcos León

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M. C.

Héctor Colunga Cabaleiro (Gijón, 7/12/1981), vecino de El Llano, dejará el 31 de diciembre la dirección de Mar de Niebla, entidad en la que tomó las riendas en marzo de 2011. Lo hizo tras regresar de Barcelona, donde tuvo diversas responsabilidades de gestión en la Fundación Maianao (Sant Boi de Llobregat). Antes, en 2004, había coordinado el programa de Abierto hasta el Amanecer, al que se vinculó tras haberse iniciado en una asociación juvenil muy conectada con la parroquia del Buen Pastor, en su barrio.

–¿Esos inicios se debieron a convicciones religiosas?

–A mí no me bautizaron cuando nací. Mis padres prefirieron que yo decidiera cuando fuera mayor. Con doce años, decidí bautizarme y entré de catequista, pero también porque había un ambiente dentro del Buen Pastor, donde la parte religiosa estaba presente pero lo importante era hacer vida de barrio. Yo soy creyente pero me vinculé con la parroquia por todo lo demás. A partir de ahí descubrí la asociación juvenil que había nacido de monitores de la parroquia, en la que se apoyaba, pero que no estaba dentro de la misma. En esta ciudad gran parte de la promoción asociativa y de voluntariado ha nacido de las parroquias de barrio. En Abierto hasta el Amanecer, la mayoría de animadores que entramos a trabajar es porque veníamos de experiencias en los barrios. En Gijón a finales de los 90 había mucha efervescencia juvenil. Y eso era muy interesante porque generaba espacios de convivencia y una de las cosas que hemos intentado con Mar de Niebla es recuperar eso; los espacios de convivencia, donde la gente se encuentre y conozca cosas que van bien y que van mal. Y con lo que va mal hay dos opciones, decir «ay qué pena» o «hay que cambiarlo».

–¿Cómo se logra movilizar a 4.000 participantes al año y 130 voluntarios?

–Escuchando y dejando hacer. Cuando generas procesos en los que escuchas y dejas hacer, lo que estás perdiendo es poder. La estructura mental en la que hemos sido educados es la de que hay alguien que sabe lo que hay que hacer y nos dice lo que tenemos que hacer. Al final, cuando tú lideras desde una perspectiva en la que les dices a las personas lo que tienen que hacer, ¿qué ocurre cuando tú no estés? Se cae todo. Eso pasa muchas veces con proyectos en los que hay liderazgos muy fuertes de personas que tienen mucha visión y una capacidad de hacer inmensa, pero en el momento en el que desaparecen, todo eso baja como un suflé. Generando entornos de escucha das protagonismo a las personas para que puedan hacer cosas. Eso llevó a que empezara a venir gente a colaborar con actividades que nos proponen.

–¿Cree que en otro barrio de Gijón habría salido adelante?

–Esto se puede hacer en todos los sitios, porque es una manera de entender las relaciones de los vecinos y las vecinas. ¿Qué pasa? Que La Calzada tiene un componente muy importante, tiene un ADN muy proactivo, porque históricamente este barrio ha tenido que construirse a sí mismo. Entonces, al final, cuando hay esas ascuas porque aquí nacieron Proyecto Hombre, Abierto hasta el Amanecer, Una Ciudad para Todos, eso sigue estando ahí latente, con lo que a nada que abres una ventana de oportunidad pues funciona. Mar de Niebla tiene sentido aquí. En otro barrio tendrá sentido otra cosa, que sea las propias personas del barrio las que lo construyan.

–¿Cómo creció desde que tomó las riendas?

–Todo lo que se está haciendo ahora se diseñó ya en 2011, planteando que necesitábamos un espacio propio, en todo el trabajo que se empezó a hacer con infancia y con adolescencia. Nuestro modelo es el mismo que cuando tienes una avería en casa, si se te está inundando una habitación lo primero es achicar agua, pero llega un momento en el que te das cuenta que tienes que buscar la avería y si la avería es muy grande, necesitas ayuda y pedir a los vecinos que te echen una mano. Eso es lo que quisimos hacer. Hasta 2011 Mar de Niebla estaba achicando agua, pensando en personas en la calle, en jóvenes en situaciones muy complicadas en el barrio y lo que dijimos es, vale, vamos a seguir achicando agua ordenando toda la parte de inclusión social e inserción laboral, pero vamos a empezar a buscar las averías, con toda la parte de programas educativos, invirtiendo en educación de valores, habilidades, capacidad de gestión emocional, comunicación y proactividad.

–¿Considera que están cubriendo huecos que debería de satisfacer la Administración?

–Hay cosas que nuestra lucha es dejar de hacerlas porque desde el sistema se tendrían que garantizar como por ejemplo el acompañamiento a personas en itinerarios porque tienen dificultades para tramitar el ingreso mínimo vital o para conocer sus derechos ni tendríamos que encontrarnos con tantas situaciones de jóvenes a los que ha expulsado el sistema educativo y que con 18 años no tienen acreditaba formación. Ahí actuamos nosotros porque no lo está haciendo el sistema, que debería. Pero luego hay cosas que son complementarias a lo que tiene que garantizar el sistema, como lo que nosotros hacemos desde el punto de vista de la educación no formal y ahí lo que hace falta son políticas que lo promuevan, que llevamos diez años reivindicando. Seguimos peleando porque creemos en ello, pero nos cuesta mucho que esto esté abierto por las tardes para que los niños tengan un espacio de socialización, porque tenemos que ser ultracreativos para conseguir los recursos. En Asturias lo que hay son actividades extraescolares, que quien se las puede pagar las paga, y los niños que tienen más dificultades tienen proyectos sociales, pero no existe un plan para que en Asturias todos los niños tenga un espacio de socialización relacional en el entorno de la educación no formal, que es algo que sí se ha conseguido en otras regiones.

–¿Por qué no avanza en esa dirección la Administración?

–El problema es la capacidad que tenemos los movimientos sociales de ejercer de lobby dentro de lo que serían las políticas es muy reducida, porque gestionamos desde la precariedad y nos va atrapando el tener que atender los problemas de muchas personas que viven situaciones de mucha necesidad inmediata. Además, la administración es tan grande que nosotros vemos gente que entra en cargos con muchas ganas y luego se topa con el muro del sistema y se da cuenta de que para cambiar las cosas necesitaría años. ¿Y quién está dispuesto a hacerlo?

–El año pasado decidió cambiar de ciclo. ¿Qué le motivó?

–Desde que entré en 2011 lo hice no con la idea de quedarme en Mar de Niebla, sino de remar en un proyecto y luego apartarme. Lo retrasó la llegada de la pandemia. Ahora ha llegado el momento porque se ha generado una burbuja porque por el hecho de ser yo el director hay mucha asociación de ideas: «Mar de Niebla, Héctor» y no es así, porque Mar de Niebla es mucha gente.

–¿Y qué futuro se plantea?

–Me voy a apartar un tiempo de Mar de Niebla porque hay que dejar un tiempo para que quienes quedan vayan construyendo su episodio, pero luego voy a ser voluntario y echar una mano como en otro sitio. ¿A nivel profesional? Ya veremos. Me lo plantearé el 1 de enero

–¿Se ve en política?

–¡Buf! Me costaría mucho.

–Esa trayectoria fue la de Monchu García...

–Tiene otro perfil. Primero yo nunca tuve una militancia ni una simpatía hacia ninguna estructura de partidos. Además conozco como funcionan y veo lo que implican y lo que se consigue. Es un entorno muy necesario. Yo tengo amigos en el PP, en Foro, en Vox, en el PSOE, en Sumar y les admiro, porque si en este ámbito en el que me muevo es muy difícil conseguir cosas, en el de los partidos –no en el de la política, porque política hacemos todos– es muy complicado. No es algo que me atraiga ni que me hayan propuesto.

–¿Cómo ha cambiado la zona oeste en estos doce años?

–La gente se ha ido estructurando un poco más. Hay un sentimiento de que tenemos más capacidad de cambiar cosas. Esa es una gran evolución. Por ejemplo, la Plataforma contra la Contaminación ha conseguido cosas increíbles. Cuando hicimos la medición de la percepción del bienestar en la zona, la mayor preocupación que tiene la gente es la contaminación y eso hace diez años no existía.

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