Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El día que la televisión llegó a Asturias por Gijón

El hijo de Mercurio Martínez celebra la idea de homenajear con una placa la hazaña de su padre: captar imágenes de TV en 1958, las de una carrera de caballos retransmitida por la BBC

Mercurio Martínez hijo, ayer, en la calle Uría de Gijón, frente a su tienda.

Mercurio Martínez hijo, ayer, en la calle Uría de Gijón, frente a su tienda. / Marcos León

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Pablo Palomo

Pablo Palomo

Cuenta la leyenda que cuando los hermanos Lumiere proyectaron su corto «La Llegada del tren» en el París de 1896 algunos espectadores se levantaron asustados de sus asientos al ver una gran locomotora en blanco y negro rodar hacia ellos. No fue miedo, sino sorpresa lo que sintieron Mercurio Martínez Rodríguez y los empleados de su tienda, ubicada en la calle Uría de Gijón, cuando en agosto de 1958 sintonizaron en la pequeña pantalla una carrera de caballos durante un cuarto de hora emitida por la BBC. Sorpresa y una gigantesca alegría porque vieron lo que ningún asturiano había visto hasta la fecha en la región: la televisión. Este episodio, que ahora se quiere conmemorar con una placa a iniciativa de Izquierda Unida, lo tiene fresco en la memoria Mercurio Martínez García, uno de los cinco hijos del pionero gijonés de la caja tonta, porque lo vivió con diez años. «Mi padre se puso muy contento y muy esperanzado, pero sabía de sobra que el experimento no le iba a servir para televisores», cuenta con una sonrisa de oreja a oreja.

Eso fue porque Mercurio Martínez Rodríguez fue un adelantado a sus tiempos. Muy adelantado, porque la señal de la televisión no llegó a Asturias regularmente hasta 1964. España era en 1945, el año en que este gijonés abrió Radio Mercurio, su mítica tienda, un país en blanco y negro, pero no por lo que se veía en las pantallas sino por el panorama. La televisión ni estaba ni se le esperaba. Era un artilugio de barraca de feria, una modernidad solo imaginable en las películas de los americanos. La radio empezaba a imponerse con solo dos emisoras, la SER y Radio Nacional, apenas dos décadas después de la primera emisión del país. «Cuando mi padre abrió la tienda se vendían enchufes y cables y si alguna vez se vendía una radio era muy afortunado. ¡Ni siquiera existía la palabra electrodoméstico!», recuerda Martínez García.

Mercurio Martínez y dos empleados junto a la antena con la que sintonizaron la señal de TV.

Mercurio Martínez y dos empleados junto a la antena con la que sintonizaron la señal de TV. / LNE

El hijo del pionero televisivo sintoniza sus recuerdos desde el despacho de la tienda que aún pervive en la calle Uría, en el número 17. Ahí se quiere colocar la placa. Detrás de Mercurio Martínez García, grandón como su padre, hay un cuadro pintado en acuarela por Rovés, el autor de «El Gaviotu», que promocionó la apertura de Radio Mercurio. En viejo álbum encuadernado en cuero, guarda Martínez García decenas de fotos de la historia de este comercio familiar. Entre ellas, las de los días de la primera emisión de la tele en la región. «Era una tienda muy visionaria. De aquella, la tele ya era una inquietud nacional, pero solo estaba el repetidor de Navacerrada, en Madrid, y el de Montjuic, en Barcelona».

Con este panorama, Mercurio Martínez Rodríguez decidió liarse la manta la cabeza aquel día de agosto de 1958. Con un par de trabajadores de la tienda subió a la azotea del edificio del número 17 de la calle Uría, plantó un pie de madera y colocó una gran antena. Desde ese edificio, por entonces uno de los más altos de Gijón, tenían una visión limpia del paseo del Muro de la época. En una imagen tomada ese día, se contempla solo un edificio: el de la confitería Biarritz en la calle Caridad, muy a lo lejos. Desde esa altura, tiraron un cable hasta el número 21 de la calle Uría, donde estaba Radio Mercurio, la tienda original. Y a base de probar y probar lograron lo que para muchos habría sido cosa de magia: sintonizar la BBC. «¡Se ve una cosa! ¡Son caballos!», empezaron a decir. Pillamos la BBC como podíamos haber pillado cualquier otra cosa», recuerda Martínez García.

Un antiguo aparato de televisión en el escaparate de Radio Mercurio.

Un antiguo aparato de televisión en el escaparate de Radio Mercurio. / LNE

La idea de la placa es algo que le hace ilusión al hijo del célebre comerciante. Una buena forma de homenajear a su padre, que falleció hace doce años con 92. «Es una idea que nos encanta; lo valoraríamos mucho», dice. Sería también una forma de recordar a un hombre que, además de traer la tele a Gijón y a Asturias, fue una figura que quizás daría para una serie. Porque Mercurio Martínez Rodríguez, que luchó en la Guerra Civil, que estuvo preso en Oviedo y que fue electricista y perito industrial, se ganaba la vida antes de tener la tienda llevando música con grandes altavoces a las fiestas de los pueblos. «Los guajes le seguían como si fuera el flautista de Hamelín», ríe su hijo.

También fue un hombre que trabajó llevando al cine a los pueblos, a veces protagonizando divertidas anécdotas cuando se equivocaba con el orden de los rollos de las películas o cuando el sonido jugaba malas pasadas. «Una vez un hombre se levantó al final de la cinta y dijo: ‘¡Ah, pero que ye en español!’, de lo mal que se oía», cuenta divertido Mercurio Martínez García sobre su padre, una especie de Julio Verne a la gijonesa.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents