Adiós multitudinario a Samaniego, el crítico de arte que "enseñó a ver la belleza"

"Fue un compañero de viaje sin igual", agradece la familia del querido docente y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, fallecido a los 85 años

Decía esta tarde una de sus hijas que una de las grandes virtudes de José Antonio Samaniego fue "encontrar la belleza en cualquier parte", ya fuese en una piedra prehistórica, en una iglesia prerrománica o en una pintura moderna. Aseguró, también, que la marcha de este querido docente y colaborador de LA NUEVA ESPAÑA no borra su legado, sino que deja como herencia el aprendizaje de una "sensibilidad desmedida" con la que enseñó a sus tres hijos a ser curiosos y a ver el aprendizaje como algo divertido. Con estas palabras Beatriz Samaniego cerró un funeral que dejó la iglesia parroquial de La Asunción pequeña, con decenas de artistas y amigos que quisieron darle el último adiós a quien fue durante 20 años director del IES Mata Jove y uno de los críticos de arte más reputados de la región. Falleció este lunes a los 85 años.

Andrés Fernández, párroco de La Asunción, explicó que a Samaniego –a quien presentó como un "abulense de nacimiento y asturiano de adopción"– ya lo definieron bien estos días en las páginas de este periódico sus amigos, que lo tildaron como un "sabio humilde". "Esas dos palabras podrían ser un buen resumen externo de su vida, de su trayectoria profesional", ratificó. "Pero me gustaría dar un paso más y hablar de lo que solamente Dios, él y su familia pueden saber. Y puedo decir, pese a que crucé con él apenas dos palabras, que siempre me fijaba en todas las veces que coincidíamos en San Juan XXIII: siempre se sentaba atrás, observando y viviendo la eucaristía", añadió. Para el sacerdote, esa presencia discreta pero estable del fallecido coincide con la versión que dan de él sus amigos y demuestra su unión con su esposa, Piana Lampón, que siempre lo acompañaba a misa y a quien los suyos llenaron de abrazos. "Sé que teológicamente no es del todo aceptable decirlo, pero siempre dije que, para mí, el matrimonio perdura más allá de la muerte", le aseguró el sacerdote a la viuda.

Fernández ensalzó también el legado de un hombre "de intelecto" que, por su carrera como docente, supo "proyectar" ese conocimiento a las nuevas generaciones. "Les trasladó la necesidad de tener un oficio y las lecciones de sus maestros, que fueron los salesianos", defendió el religioso, que avaló también que Samaniego fuese siempre un hombre "de fe recia" que "nunca se doblegó" ante debates políticos, posicionándose siempre en contra de prácticas como el aborto o la eutanasia. "Él tenía claro que la vida sólo está en manos de Dios", dijo Fernández. Por último, el párroco, que trasladó las condolencias de toda la comunidad religiosa del templo, quiso destacar también la "generosidad" del fallecido. "José Antonio se podía haber quedado con sus conocimientos y con su forma de ver la vida, pero quiso ser detallista y compartirlo. A través de su pluma, pudimos entender la belleza de la creación", aseguró.

La hija del fallecido, por su parte, recordó también la especial relación de Samaniego con su esposa, a quien, siendo aún estudiantes, le dijo: "¿Tienes novio? ¿No? Pues mira qué pronto lo vas a tener". El resto fue historia y fueron tres hijos, Beatriz, Laura y Borja, de quienes cuidaba a tiempo completo durante las mañanas y sin complejos. "En la cola del supermercado preguntaban quién era la última y él decía, con dos niñas rubias de la mano: ‘La última soy yo’", le recordaba ella con ternura. "Nos enseñó que la piedad es a veces más importante que la verdad. Fue un compañero de viaje sin igual", le agradeció.

Al querido colaborador de LA NUEVA ESPAÑA lo quisieron despedir también sus amigos, entre ellos Alberto Estrada –que explicó que esperará a darle la noticia a otro buen amigo del fallecido, el artista Antonio Oteiza, cuando regrese a verle a Madrid– y queridos compañeros de tertulias como Luis Antuña, Genaro Palacio, Tino Muñoz Cuervo, Luis Amado, Carlos Roces, Ángel Aznárez, Gabino Vigil y Víctor Manuel Pérez Atorrasagasti, sobrino de Juan Ramón Pérez Las Clotas.

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