Marc Vilanova plantea en LABoral un diálogo sensitivo entre cascadas y seres vivos

El autor de una de las instalaciones incluidas en la exposición "Millennials" transforma sonidos imperceptibles para el humano en vibración y luz

Marc Vilanova, en el montaje de su exposición en LABoral Centro de Arte.

Marc Vilanova, en el montaje de su exposición en LABoral Centro de Arte. / Ángel González

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Una instalación sensorial e inmersiva en la que a través del uso de la tecnología se establece un diálogo entre las cascadas y otros seres vivos más allá del alcance del oído humano. Marc Vilanova presentará al público en Gijón su propuesta "Cascade" en LABoral Centro de Arte, dentro de la muestra "Millennials, el arte multimedia de la generación Y", que se inaugura hoy.

El artista, valiéndose de 64 altavoces, ofrece una experiencia "que le remueva al espectador", para hacerle llegar esas frecuencias infrasónicas que son solo audibles, por ejemplo, para algunas aves, que las sienten y las usan para navegar cuando hacen vibraciones de larga distancia. "Hay algunas frecuencias tan graves que pueden viajar hasta 400 kilómetros de la catarata", enfatiza Vilanova. "Las aves las escuchan, recuerdan su posición y con eso se orientan cuando hacen migraciones muy largas a través de las nubes".

Este proyecto nace de esa situación de desequilibrio ambiental por la acción humana, de la que quiere concienciar al público. "Se está viendo ahora cómo se encuentran aves perdidas o desorientadas, por causa de fuentes artificiales de infrasonidos como pueden ser molinos de viento, turbinas o aviones, que están contaminando esa relación de escucha ancestral entre las cataratas y las aves", cuenta.

Vilanova, sobre esta idea, decidió afrontar una instalación sonora, a modo de viaje sensitivo, con el que descifrar estas ondas para que le lleguen al ser humano por otra vía. "Realicé grabaciones de sonido de estas cataratas. Uso estos sonidos invisibles para el ser humano, los que son más graves, hasta los 20 hercios. Los reproducimos por unos altavoces y en su intento de sonar transforman esos sonidos imperceptibles para el ser humano en vibración, y después a través de un hilo de fibra óptica se transforman en luz, de tal forma que se visualiza la onda sonora", relata.

Con "Cascade" lo que Marc Vilanova busca también es invitar al público a atravesar la obra y percibir esta energía invisible tocando las cuerdas y sintiendo la vibración en su piel. "Nos sirve para recordar nuestra conexión inherente con todas las formas de vida en el planeta", añade el autor, antes de referirse también al poder del arte en materia de visibilización de la conciencia medioambiental. "Nos hacemos un poco más conscientes de que no sabemos el total de nuestra realidad, que nuestros sentidos no pueden alcanzarlo todo. Nos da como un punto de humildad y se abre la escucha. Aquí se crea una experiencia que hace que pueda mover tu cuerpo y la sientas ahí mismo", concluye.