Jefe de Producción del Teatro Jovellanos y de Festejos, se jubila |

Luis Cascallana Ruiz, el hacedor invisible de alegría

Pieza fundamental en la vida cultural gijonesa, gran conversador y de carácter sosegado, fue clave para fichar a los "Rolling"

Luis Cascallana Ruiz

Luis Cascallana Ruiz / Mortiner

Maribel Lugilde

Maribel Lugilde

Probablemente nunca se organice un aplauso a las ocho para quienes dedican su esfuerzo diario a las actividades festivas y culturales de una ciudad. Ni siquiera una tan disfrutona como la nuestra. Lo tuvieron los sanitarios en aquel tiempo distópico, pero no los sanadores de tedios y tribulaciones de cada día a base de oasis de cultura y fiesta. Volvemos a casa reparados a costa de que ellos lo hagan reventados. Compensados con el eco de los aplausos que otros han cosechado. Y nuestra alegría. Porque significará que todo ha salido bien.

Luis Cascallana ha sido durante casi cuatro décadas una pieza clave de ese engranaje en Gijón. Acaba de jubilarse como jefe de Producción del Teatro Jovellanos y Festejos de Divertia. Sin pretenderlo, sumando los afanes de cada día, es memoria viva de la transformación cultural de nuestra ciudad. Desde aquellos tiempos de buenas intenciones en espacios improvisados hasta el presente profesionalizado con equipamientos de primer orden y en red.

Todo puede contarlo en primera persona. Porque estuvo allí, liderando un área laboriosa e invisible pero fundamental. Organizar todas las necesidades técnicas, materiales y humanas de cada evento que es y hace ciudad: Semana Grande, Antroxu, Reyes, Feten, FICX, conciertos, programación teatral...

Yendo al origen de las cosas, la familia, Luis, al que su madre nació en Mieres, tuvo en casa el ejemplo de su padre, músico de la Banda Municipal de Gijón. Podemos imaginarle de niño conviviendo con esa mezcla cautivadora de pasión y disciplina del artista. Y ese ir a la inversa que el resto en los tiempos de ocio, porque el disfrute de los demás depende de uno y hay que estar listo cuando el mundo se da un respiro. También sus hijas, más adelante, hubieron de hacerse a la curiosa anomalía.

Conserva los saxofones paternos y seguramente una buena dosis de corcheas en sus genes. Esto explicaría su afición por la música y que sus estudios de Maestría Industrial Electrónica, en vez de llevarle, como a otros, a Ensidesa, fuera al backstage de los festejos y la programación cultural de Gijón.

Eso sí, cuando aterrizó, en los ochenta, la ciudad era novata. Acababa de estrenarse el Entoldao de la Plaza Mayor, una carpa que nos abrió la primera ventana al mundo. Con Daniel Gutiérrez Granda como concejal de Festejos y Miguel Acevedo como gestor, tocó improvisar cultura alquilando teatros como Arango o Hernán Cortés, salas o discotecas como Acapulco, Parque del Piles o El Jardín.

El primer concierto de Joe Cocker en la Plaza de Toros, con un escenario de madera que quitó el sueño varios días a nuestro protagonista, fue también un punto de inflexión mental: en Gijón se podía. A partir de ahí, es historia: Tina Turner, Bob Dylan, Bruce Springsteen, "Dire Straits", Elton John... Con la expropiación del Teatro Jovellanos, la construcción del Palacio de Deportes, sumando la Plaza de Toros, El Molinón o Las Mestas, el engranaje se puso en marcha.

A Luis todos esos años le han dado másteres e inmenso oficio hasta conseguir ser ante los suyos y, sobre todo, promotoras y artistas, la garantía personificada de que todo irá bien, bajo control, con recursos e imaginación para cualquier imprevisto. Preparación de espacios, montaje y desmontaje, alojamiento y manutención de equipos, seguridad del público... Esta última, siempre su obsesión.

En esta historia de grandes nombres laten otras mínimas pero bien lindas. Como la del grupo de mujeres formadas en carga y descarga a instancias de Luis. Los "Rolling Stones", impresionados, las llamaban "Gurkas", evocando a los aguerridos nepalíes del ejército británico. Una de ellas aún trabaja en el Jovellanos. Por cierto, la contratación de los "Rolling" tiene su propia trama. A la promotora de la gira no le convencía Gijón, así que Luis acompañó a Miguel Acevedo a Londres para negociar directamente con el manager. Volvieron con un sí y un nudo en el estómago. Lo convirtieron en un éxito que todos conservamos en nuestra memoria.

Luis es una enciclopedia andante de ésta y otras mil anécdotas. Grandes y pequeñas incidencias, gestos, miserias de los artistas y sus troupes. A todos se ganó comprendiendo que simplemente son seres humanos trabajando fuera de casa. Por lo demás, es una tumba.

Al finalizar cada trabajo, recogiendo cables, cuando todo el mundo está exhausto pero satisfecho, a él le brota un brillo especial en la mirada y una media sonrisa. Hombre prudente y contenido, lo que le bulle dentro se traduce en una fina sorna en pequeñas píldoras. También en el gusto por la conversación. Antes, cigarro en mano, después del "aviso" del corazón, sin él.

Su equipo le adora y sus tutorandos de FP en prácticas le admiran sin fisuras. Cuánto han aprendido del hombre de andares pausados y pensamiento rápido. Resolutivo, ubicuo. Ellas y ellos son también su estela.

Ha pasado volando y ha sido hermoso, Luis. Ahora sólo siente que la ciudad te está agradecida.

Suscríbete para seguir leyendo