Un hostelero gijonés afronta cinco años de cárcel por abusar sexualmente de una camarera

La víctima asegura que le daba besos y le hacía tocamientos sin su permiso en las zonas no vigiladas por las cámaras

Abusos.

Abusos. / Archivo

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Hasta cinco años de cárcel es a lo que se enfrenta el dueño de una conocida cafetería de Gijón por, supuestamente, agredir sexualmente a una de sus camareras el año pasado. La víctima denunció el caso, necesitó ayuda psicológica y aseguró que el procesado, que tiene antecedentes penales por otros hechos, le llegó a dar besos y abrazos sin su consentimiento y también la hizo tocamientos en los lugares del negocio que no estaban cubiertos por las cámaras de seguridad. Relata un episodio que sucedió en la cocina del establecimiento en la que el acusado, siempre según la versión de la denunciante, le tocó las nalgas, la besó y la abrazó y le hizo comentarios muy obscenos. El caso, que tuvo lugar el año pasado, se juzgará en los próximos días.

La víctima considera que estos hechos son constitutivos de un delito continuado contra la libertad e indemnidad sexual y pide cinco años de prisión para el dueño de la cafetería. Según su versión, todo pasó en septiembre del año pasado, cuando fue contratada en turno de tardes por parte del dueño de dicho establecimiento hostelero. La acusación señala que durante una semana de ese mes, el propietario del local, sin llegar a hacer uso de violencia ni de la intimidación, pero valiéndose de su posición de empleador y dueño del local, lo que hizo fue realizarle a la víctima tocamientos en su cuerpo y darle besos sin que, en ningún momento, esta hubiera dado ningún consentimiento para que tuviera esta actitud con ella.

Esta forma de proceder, prosigue la acusación, se acompañaba con comentarios de índole sexual y en horas en las que los dos se quedaban solos en la cafetería. También, en puntos del negocio que no estaban cubiertos por las cámaras de seguridad. Esta versión alega que este punto no es baladí, puesto que el procesado sabía perfectamente qué zonas quedaban cubiertas por las cámaras y aprovechaba las que no para desplegar esta serie de actitudes.

La mujer relata un episodio en la cocina donde, precisamente, no hay cámaras. Explica que al día siguiente de ser contratada, el acusado le pidió que fuera a ese punto de la cafetería y allí comenzó a abrazarla y a darle besos. También le realizó comentarios de índole sexual. La víctima pidió a comienzos del mes siguiente la baja al dueño de este local hostelero de la ciudad por los hechos que había padecido. Sufrió daños psicológicos por lo sucedido. Pide una indemnización de 600 euros. Casos parecidos a este se han dado en Gijón recientemente. En febrero, otro hostelero se enfrentó a tres años y medio de cárcel por un caso parecido juzgado en febrero, pero que pasó en el 2021.

El caso

  • Tocamientos y comentarios. La víctima sostiene que el acusado la hizo tocamientos, la daba besos y abrazos y le hacía comentarios de índole sexual sin que le hubiera dado su consentimiento para ninguno de estas actitudes. Los hechos que denuncia la mujer tuvieron lugar en septiembre del año pasado poco después de ser contratada en la cafetería en la que ocurrió el caso. La víctima tuvo que pedir la baja por lo sucedido. 
  • Zonas fuera de las cámaras. La víctima apunta a que todas actitudes por parte del dueño de la cafetería se hicieron en los lugares del local hostelero que quedaban fuera de las cámaras de seguridad. La acusación explica que el procesado no empleó fuerza ni violencia, pero que sí que se sirvió de su condición de dueño y de empleador para abusar de la camarera. La mujer narra un episodio en la cocina, fuera del circuito de las cámaras, donde el acusado la abrazó, la dio beses, la tocó las nalgas y le hizo comentarios obscenos. 
  • Petición de cárcel. La acusación considera que lo sucedido es un delito contra la libertad y la indemnidad sexual y pide que sea condenado con cinco años de prisión y el mismo tiempo con inhabilitación especial del sufragio pasivo. También pide 600 euros de indemnización por los daños morales. La víctima, además de pedir la baja, tuvo que pedir ayuda psicológica por lo que le había pasado. Casos así no son todo extraños en Gijón. En febrero de este año se juzgó a otro hosteleros por un caso parecido.