El colegio Severo Ochoa inaugura una exposición en recuerdo de las víctimas del nazismo

Los alumnos del centro colocan adoquines de la memoria para dignificar a quienes estuvieron en campos de concentración: "Es ejemplar"

En el colegio Severo Ochoa, la memoria democrática es una asignatura más. Y ayer quedó demostrado con la inauguración de la exposición "Adoquines de la memoria: Stolpersteine", un proyecto para difundir y dignificar a los 34 gijoneses víctimas de los campos de exterminio nazis. La iniciativa surgió el curso anterior, en la materia de Valores sociales y cívicos, y ha quedado plasmada en unas placas de arcilla que ya lucen en el patio del centro. "Es importante recordar lo que pasó para que no vuelva a ocurrir", señaló Carlos Pérez, director del Severo Ochoa.

Los músicos Ana María García y Lucas J. Vidal amenizaron una inauguración en la que estuvieron presentes las profesoras María José López y Encarnación Palomero, principales impulsoras del trabajo, y las exalumnas Laura Morodo, Julia Pérez, Henar Ramos y Valeria del Fueyo, ahora estudiantes del IES Montevil. Ellas representaron al medio centenar de escolares de sexto de Primaria involucrados en la idea, que para Carlos Pérez supone una "poderosa herramienta de memoria democrática". Uno de los momentos cumbre en el desarrollo del proyecto fue una charla impartida por Balbina Rebollar, hija de Evaristo Rebollar, que estuvo en el campo de concentración de Neuengamme, en Hamburgo. "Era la mejor clase de Historia que se podía dar", comentaba Encarnación Palomero. Hubo quien lloró por la crudeza de los testimonios. Balbina Rebollar, integrante del Grupo Deportados Asturias y presidenta de Amical de Neuengamme, no faltó ayer a la cita. "Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla", declaró Rebollar, que indicó que "debemos concienciar de los terribles acontecimientos de la primera mitad del siglo XX".

Un momento de la inauguración, durante el recital de Ana María García y  Lucas J. Vidal, en el colegio Severo Ochoa. | Ángel González

Un momento de la inauguración, durante el recital de Ana María García y Lucas J. Vidal, en el colegio Severo Ochoa. | Ángel González / Sergio García

"Balbina le dio forma a todo, fue un punto de partida para entender lo que había pasado", manifestó Encarnación Palomero, que confesaba estar "emocionada". Para la docente, aquel coloquio fue "un baño de realidad". Las vivencias de Evaristo Rebollar, contadas a través de su hija, generaron un "silencio sepulcral" entre los alumnos, añadía María José López, que admitió que la iniciativa era "arriesgada". "Teníamos miedo de que los estudiantes sufrieran, pero se implicaron mucho. Es un tema que les interesa más de lo que parece", prosiguió López. Cada alumno se fotografió con un "Stolpersteine", de los ubicados por las calles de la ciudad. "Hemos aprendido a recordar nuestro pasado", afirmó Valeria del Fueyo. Begoña Collado, directora general de Memoria Democrática del Principado, resaltó el valor del acto de ayer, "especialmente emotivo", y abogó por "transmitir la historia a las nuevas generaciones". "Este trabajo es ejemplar y ojalá se replique en otros colegios de Gijón y Asturias", subrayó Collado.

Para Balbina Rebollar, "mediante historias personales es más fácil comprender la historia general, que es más abstracta". El plan del colegio Severo Ochoa es "convertir los muros exteriores en lugares de memoria". El primer paso ya está dado. "Hay que construir un presente y un futuro donde la democracia sea un valor a defender frente a los discursos de odio", reivindicó Carlos Pérez, director de un centro que no olvida.

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