El Supremo ratifica la condena a los seis sindicalistas por propiciar el cierre de pastelería La Suiza

El Alto Tribunal rechaza los recursos presentados por los implicados, que deberán cumplir tres años y medio de cárcel

Los acusados, sentados en el banquillo, durante una de las sesiones del juicio.

Los acusados, sentados en el banquillo, durante una de las sesiones del juicio.

El Tribunal Supremo acaba de rechazar íntegramente los recursos interpuestos por los seis sindicalistas condenados por hostigar al dueño de pastelería La Suiza, ubicada en la avenida de Schulz, en 2017, unas medidas de presión que abocaron al cierre del negocio familiar. El Alto Tribunal confirma de esta forma los tres años y seis meses de cárcel impuestos a cada uno de los implicados por el Juzgado de lo Penal número 1 de Gijón. La familia afectada por las múltiples concentraciones de los sindicalistas, vinculados la mayoría al sindicato CNT, solicitará la ejecución de sentencia a la mayor brevedad posible. En esta causa O. P. R.; R. B C. C.; H. A. G. P.; B. G. P.; J. C. C. y C. B. T. han sido condenadas por un delito de coacciones graves y otro contra la administración de justicia y a indemnizar con 125.428 euros a la familia afectada por daños morales y los perjuicios económicos originados.

Tanto el Tribunal Supremo como primero la Audiencia Provincial, ratifica los hechos probados de la sentencia de primera instancia, de hasta 125 folios. Todo el conflicto de la pastelería La Suiza surgió a raíz en un incidente en el local entre la pareja sentimental de la empleada Olga P. R., condenada, y el dueño del negocio. El hombre llegó “muy alterado” al establecimiento en julio de 2015, y tras dirigirse a voces al propietario “propinó un puñetazo a un congelador del local causando desperfectos”. Tras ese incidente, que acabó en juicio, la empleada O. P. R., entonces embarazada, cogió la baja laboral y contactó con la CNT. Lo hizo con un doble objetivo: “obtener el mayor dinero posible de la extinción por ella pretendida de su relación laboral con La Suiza y evitar la acusación” contra su pareja por los daños causados. Tras varias reuniones con representantes del sindicato, acordaron “iniciar una campaña de presión contra el dueño de La Suiza y su familia con el objeto de que cediera a las pretensiones económicas de su empleada”.

Desde la CNT comenzaron a difundir vídeos y a pegar carteles por toda la ciudad en contra del pastelero, acusándole de acoso laboral y sexual a esta trabajadora y de llevar a cabo prácticas esclavistas con la empleada (todas esas causas fueron archivadas sin poder demostrar nada contra el pastelero). Fue el primer aviso para que accediese a las pretensiones de la CNT y la trabajadora: pagar 6.039 euros y que retirasen la acusación contra el novio por los daños causados en el negocio. El pastelero se negó y desde el sindicato, “orquestado por los acusados, cuando con su participación directa, se practicaron varias concentraciones delante del negocio”. Entre el 9 de mayo y el 19 de septiembre de 2017 se llevaron a cabo doce escraches a la puerta del negocio –algunos con hasta 60 personas– que, además de sus proclamas y pancartas, trataban de interferir en funcionamiento del negocio. El del 19 de septiembre fue el último escrache “al haber conseguido uno de sus objetivos”, es decir, el cierre de La Suiza.

Todas esas acciones motivaron el cierre del negocio. Ahora queda demostrado que "fue la consecuencia directa de la presión constante, reiterada y desproporcionada derivada del número de concentraciones que se realizaron como respuesta a no haber accedido a las pretensiones económicas de los acusados y de no haber retirado ni modificado la acusación contra el compañero sentimental" de la trabajadora ahora condenada. "Dichas concentraciones generaron un clima insostenible de inquietud, intranquilidad e inseguridad no solo al empresario y su familia, sino también a las demás personas que trabajaban en la pastelería, así como a la clientela, que debido a las numerosas molestias que se les ocasionaba cuando acudían al local, algunos de cuyos clientes incluso fueron increpados por los concentrados”, remata la sentencia que ahora ha sido ratificada por el Supremo.

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