Las partidas de mus no pasan de moda en Gijón: la tertulia Miau impulsa la tradición

El objetivo es captar adeptos: "Es el juego más bonito"

Ya existe constancia de la existencia de la tertulia Miau en 1957, pero ni siquiera sus integrantes saben con exactitud cuándo se fundó. Sí saben que ya entonces sus socios, por entonces pura chavalería, jugaban al mus, y también que eran años duros, que se pasaba hambre, y que cuando el cocinero anunciaba que asaría conejo para cenar alguien de fondo, convencido de que lo que comerían sería algún gato callejero, susurraba "miau". La tertulia, uno de los últimos bastiones del mus en la ciudad, fue ayer anfitriona de la semifinal y final de lo que apunta que será una nueva competición local: un campeonato máster que enfrenta a las mejores parejas de la última temporada. En esta primera edición, llegaron al último torneo los contrincantes Justo Cuesta y Javier Fernández (de Llagar Begoña), Ricardo y Tino Sañudo (Sidrería Barril y Luis Antonio Rubio y Claudio Chamorro (tertulia Miau). Ganaron Cuesta y Fernández, pero todos coinciden en que eso es casi lo de menos. "Lo que queremos es promocionar el mus y que se apunte más gente", cuenta Félix Fernández, integrante de Miau.

El mus gijonés es hoy una familia grande. Todos se conocen. En Miau los hay ya veteranos, como José Antonio Díaz –todos le conocen como Pepe Salas–, que a sus 80 años ya ni siquiera recuerda cuándo empezó a jugar. "Lo aprendí de chaval en el bar", cuenta. De todos los juegos de cartas, a su juicio el mus "es el más bonito que hay" porque "hay otros que no tienen ciencia". Para jugadores como él, que con la experiencia acumulada pueden saber de memoria qué cartas se han jugado ya y cuáles quedan por salir, el mus permite dejar siempre espacio para la sorpresa. "Te exige cierta picardía e intentar engañar al contrario", razona Fernández. "No es solo coger cartas y jugar lo que toque; siempre tienes defensa", coincide Belén Sol, que empezó a competir este mismo año, en su caso, en el grupo de Sidrería Barril. A los amantes del mus de la ciudad, que aún recuerdan las temporadas con más de 40 equipos compitiendo, la pandemia acabó por consolidar una merma de jugadores que ya se había empezado a notar según fue subiendo la media de edad. Quedan trece equipos. Esperan, con este nuevo campeonato, que la picardía del mus encuentre su relevo generacional.

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