La familia Fraile, vocación para criar toros bravos con relevo generacional: "Somos los verdaderos ecologistas"
Los dueños de la divisa del Puerto de San Lorenzo, que lidiaron con éxito en Gijón, tienen ya a su tercera generación pendiente del toro y el campo

El ganadero Lorenzo Fraile, entre sus hijos Lorenzo y José Juan y sus nietos, Lorenzo y José Juan, ayer por la mañana, en los corrales de El Bibio, con dos toros de su ganadería. / Lne
Ser ganadero de bravo es una vocación. Noches sin dormir. Nervios y preocupaciones. Cuidar con mimo las reses. Éxitos y fracasos. De los toros depende el triunfo de los toreros. En muchos casos, es también una tradición que pasa de generación en generación. Un ejemplo es la familia de Lorenzo Fraile (sus hermanos, Moisés en El Pilar, y el fallecido Nicolás en Valdefresno también ganaderos), que ayer por la mañana, mientras ayudaban a enchiquerar los toros de Cuvillo, recibían la enhorabuena por la corrida del Puerto de San Lorenzo (de encaste Atanasio Fernández-Lisardo Sánchez) y La Ventana del Puerto (de encaste Domecq, por la vía de Jandilla-El Torreón) lidiada el sábado en El Bibio. En especial por el toro "Berlinés", al que desorejó Manzanares y que se ha llevado los premios de las peñas. "Ese toro reunió muchas de las virtudes que nosotros buscamos como ganaderos. Fue un gran toro y Manzanares lo cuajó. Con la tarde en su conjunto estamos satisfechos", valoraba José Juan Fraile.
José Juan Fraile y su hermano Lorenzo siguen el camino marcado por su padre, Lorenzo Fraile. El veterano ganadero, asiduo durante muchos años a El Bibio, también disfrutó de la tarde. "Uno siempre está muy nervioso, esperando hasta que se termina la corrida. Luego, si sale como ayer, pues entonces ya respira uno con alegría", reconoce Lorenzo Fraile.
"Berlinés" no fue el único toro de la tarde. Tuvo muchísimo mérito Morante En el primero estuvo inconmensurable. Y el cuarto toro tuvo una embestida vibrante que transmitía y eso llega mucho al público. Morante lo consintió y se lo pasó muy cerca. Fue una faena importante, de las que se recordarán con el tiempo. El toro, con esas embestidas un poquito sueltas, cuando embestía empujaba y lo hacía metido en la muleta. Y Juan Ortega, quizás con el lote de menos posibilidades, en el tercer toro dejó muestras de su personalidad", analizaba José Juan Fraile, que se quedó con las ganas de comprobar la embestida del quinto de la tarde, devuelto a los corrales. "Estaba haciendo cosas muy buenas. Era un toro con unas hechuras típicas del encaste Lisardo, pero no gustó la presentación. Pero creo que si por la mañana está aprobado, hay que aguantar el tirón por la tarde, "reflexionaba el ganadero al que le quedan todavía compromisos importantes por delante. Bilbao y Madrid entre ellos.
A Lorenzo Fraile le gustó la faena de Morante. "Si los mata podría haber cortado tres orejas y habría sonado mucho más fuerte en toda España", afirma convencido. En el campo, en la finca del Puerto de la Calderilla, en Tamames, le ayudan con la selección sus dos hijos, Juan José y Lorenzo. Sus nietos, uno de cada hijo y con el mismo nombre que su respectivo padre, comienzan también a colaborar en las labores camperas. "Lo compaginan con los estudios, está claro, pero mi hijo monta desde pequeño a caballo y ayuda enchiquerando las corridas", desvela José Juan Fraile, consciente de la importancia del relevo generacional para que la Fiesta perdure.
Ellos son el mejor ejemplo del cuidado del medio ambiente. "Vivimos en el campo por y para el toro. Los siete días de la semana, los 365 días del año. Son animales vivos que se ponen malos como las personas. Hay que tenerle siempre la comida a disposición, hay que tener siempre los pilones del agua limpios y luego bueno, son, son animales bravos, que se pegan entre ellos, hay que repasarlos todos los días, curarles un porrazo en un ojo, una cojera, una cornada… Y hay que estar muy, muy pendiente de recoger las crías en invierno, porque la noche se pueden morir con las bajas temperaturas", describe Juan José Fraile. En definitiva, ensalza, "hay que estar todo el día al pie del cañón, allí al lado de la vaca y el toro".
Los ganaderos como la familia Fraile son los primeros en sorprenderse con las críticas de los grupos animalistas que quieren acabar con la tauromaquia. "Nosotros vivimos en el mundo rural y tenemos un contacto directo con los animales día a día. Quizás, esos movimientos antitaurinos salen del centro de las grandes ciudades, donde no tienen contacto ni con los animales ni con la naturaleza. Y también se legisla desde esa misma ignorancia", expone Juan José Fraile. Ellos pasan sus días ajenos a esas polémicas "porque vivimos de una forma natural la relación entre el hombre y los animales porque somos los que los cuidamos día a día". "Allí no hay nadie que venga a pagar el pienso de los animales que se necesita para que estén nutridos. No solo comen del campo, que es poco. Hay que cuidarlos todos los días, llevarles la comida, que es un gasto muy grande, Y luego los cuidados, la atención diaria de los animales. Así que bueno, creo que los ecologistas de verdad somos los que cuidamos y estamos en contacto con el toro y con la naturaleza, no ese falso ecologismo de ciudad", resuelve José Juan Fraile.
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