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¿Cómo era el maíz tradicional asturiano que casi desaparece? ¡Ahora germina en el Muséu del Pueblu d'Asturies!

El museo recoge la cosecha plantada en junio en el marco del proyecto "Tarucu", con el que buscan recordar la importancia que este cereal tuvo en la región

El maíz tradicional germina en el Pueblu d'Asturies

Alicia García-Ovies

Las enormes plantaciones de maíz que antaño fueron indispensables para el devenir del pueblo asturiano han ido desapareciendo del paisaje regional arrasadas por los procesos de importación, que han propiciado la expansión de las variedades híbridas y han dejado a este cereal relegado a la alimentación animal. En contraposición, el Museo del Pueblu d’Asturies inició el pasado mes de junio un proyecto para poner el foco en las variedades tradicionales con la plantación de maíz blanco procedente de Nava y rojo de Valdés. Este domingo se llevó a cabo su cosecha.

Pilar Vega, de “Desfaciendo Maíz”, fue encargada de dirigir el proceso, en el que colaboraron un gran número de familias. “Se separa la panoya del maíz. Luego se esfueya y se enriestra para dejarla secar en el hórreo o en la panera. Una vez seca hay que desgranarlo para molerlo y hacer alimento para los animales, grano para las pitas o harina de maíz”, explicó a los asistentes. En Asturias, detalló, “se da muy bien el maíz porque es una plana muy agradecida, enseguida crece y tan solo necesita agua”.

Los más pequeños fueron los encargados de ayudarla con el trabajo. De uno en uno fueron salieron para ayudar a separar la panoya del maíz y esfoyar. De esta forma pudieron comprobar las distintas variedades que se habían plantado en junio y cómo algunas de ellas se mezclaron, dando lugar a vainas en las que se mezclaban distintos colores. Al finalizar hicieron un cuco, como se hacía antiguamente. “La gente piensa que el resto de la planta no sirve para nada, pero sí se puede utilizar para alimento de los animales”, aclaró Vega.

“Es la primera vez que hacemos esto y está siendo muy divertido”, reconocieron los hermanos Lucas y Alonso Feito, de 11 y 9 años. En su caso, ya venían con parte de la lección aprendida, puesto que “nos lo contaron en asturiano”, aunque les sorprendió aprender que con las barbas de la panoya pueden hacerse infusiones.

Especial atención puso el gijonés Rafael Montero, quien a sus 14 años es un apasionado de las ciencias. “Me parece bueno que enseñen estas cosas y me parece bastante curioso. A mí me gusta mucho el tema de la biología y las plantas, entonces me interesa bastante escuchar sobre su recolección y, sobre todo, cómo funcionan las distintas especies”, indicó.

La recolección de este domingo forma parte del proyecto “Tarucu”, que el museo está desarrollando en colaboración con la Asociación para la Recuperación de la Memoria del Maíz Asturiano, impulsada por el cocinero Miguel Sierra. El objetivo es concienciar sobre “lo importante que el maíz fue para la vida en Asturias”.

La iniciativa, a la que se le irán sumando distintas actividades, culminará en torno al mes de marzo con una exposición fotográfica. La muestra sacará a la luz estampas de campos de maíz junto a las vías de los trenes, hórreos llenos de riestras, fiestas y romerías donde el cereal ocupa una parte importante. “El cultivo del maíz fue importantísimo en Asturias hasta los años 70 y llegó a ser como un tótem de la asturianía, muchas postales y fotografías se hacían en torno al maíz”, detalló Carlos Espina, impulsor de la exposición.

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