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Entrevista | Andrés Ortega Klein Ganador del Premio Internacional de Ensayo "Jovellanos"

"La hiperconexión provoca hipersoledad"

"A desconectar también hay que aprender, pero se tiene que hacer desde pequeños", dice el ensayista, que reflexiona sobre el tema en su premiada obra "Soledad sin solitud"

Andrés Ortega

Andrés Ortega

A. Rubiera

A. Rubiera

Gijón

"Soledad sin solitud", del escritor, analista y periodista Andrés Ortega Klein, se alzó ayer con el XXXI Premio Internacional de Ensayo "Jovellanos", que convoca cada año Ediciones Nobel. Una obra que centra sus reflexiones en distinguir muy bien la soledad no buscada y la deseada. Para referirse a esta última recurre a una palabra castellana en desuso, solitud, mejor reflejada en su versión anglosajona –solitude–. "Es esa soledad que puede aportar bienestar y una agradable sensación de instrospección, y que es difícilmente alcanzable cuando la sociedad es cada vez más dependiente de las tecnologías de la comunicación", indicó el presidente del jurado, José Luis García Delgado, que también acabó adelantando el final de un ensayo que apela a las relaciones afectivas "como auténtica vía de superación del aislamiento social".

-Al jurado le ha ilusionado que un nieto de José Ortega y Gasset ingrese en la nómina de galardonados del premio internacional "Jovellanos". ¿La ilusión es recíproca?

-Pues sí, porque Jovellanos es una de nuestras referencias liberales, entendidas en un sentido bueno y amplio, para mí y para muchos miembros de mi familia.

-Haga una descripción de su ensayo sobre la soledad.

-Lo que planteo en la obra es que la soledad es una condición humana, por cierto muy estudiada por Ortega y Gasset, pero también es una condición que se está creando y agravando, en un sentido negativo, por las condiciones sociales y mediáticas en las que vivimos. Sobre todo debido al auge de las redes sociales, muchas veces la televisión, y por la falta de marcos donde la gente se encuentre físicamente. Hasta dejamos de usar el teléfono para hablar, para mandar textos e imágenes. Todo eso hace que vivamos alterados. La atención es algo que estas empresas nos intentan robar constantemente. Y eso nos impide no solo las relaciones con los demás, sino también con nosotros mismos. Las razones que llevan a la soledad son las que impiden la solitud, dicho con una palabra castellana antigua.

-¿Puede ser que se haya cargado de demasiadas connotaciones negativas el término soledad?

-Sí. En castellano no tenemos, o ha caido en desuso, esa diferencia que hay en inglés entre "loneliness", que es algo negativo, y "solitude" que se considera positivo y que se alaba en grandes modelos de canciones o poemas. Creo, también, que uno de los problema de la vida moderna es que no sabemos crear esa solitude. Ya lo decía hace siglos el filósofo Blaise Pascal. Defendía que todos nuestros sufrimientos se deben a una sola cosa: no saber permanecer en reposo en una habitación. O sea, de vivir en la alteración constante, que hace que no cultivemos las relaciones con los demás como antes: en las fiestas de los pueblos, en la vida de barrio…

-Algunos llaman a la soledad la epidemia del siglo XXI.

-No lo considero una enfermedad y menos una epidemia. Porque no es una enfermedad sino una condición. Y no lo veo como epidemia aunque haya ha aumentado.

-¿El móvil le ha robado su tiempo de solitud?

-No, porque no estoy pendiente todo el día del móvil y del wasap. A eso también hay que aprender: a desconectar. Lo que pasa es que se tiene que hacer desde pequeños. Los momentos que uno tiene de meditación, ya sea en términos más orientales o más occidentales, también permiten salir de esa alteración constante de nuestra atención.

-Igual las nuevas generaciones van a tener que empezar a practicar la solitud.

-Tienen que aprender. Porque además son la franja de edad que más siente la soledad, junto a los mayores. Los jóvenes puede que no lo estén, pero sí lo sienten. Y puede que se deba a estar tanto tiempo pendientes de cosas en el fondo muy superficiales.

-"Quien piense en soledad 10 minutos podrá ser lo que quiera".

-Eso es lo que decía mi abuelo. Que meditar, en el sentido de reflexionar, sobre una cosa 10 minutos al día te haría el amo del mundo. Aunque pensar y desarrollar son cosas distintas. Doy varios ejemplos de soledades que acaban en solitudes, y acaban en grandes descubrimientos. Uno, mi abuelo: paseaba, pensaba, y a la vez iba tomando notas; otro Heisenberg, que cuando se retrió a una isla solo acabó desarrollando el andamiaje matemático que luego le permitió llegar a la teoría de la incertidumbre; o Virginia Woolf con su petición de que las mujeres que quisieran escribir necesitaban de una habitación propia

-Ahí está la paradoja de que la hiperconexión no mitiga la soledad.

-La tesis del libro es que la hiperconexión produce una hipersoledad.

-¿Toca reivindicar los lazos afectivos ?

-Sí, el amor entendido en un sentido amplio. Lo he sacado de Hegel, que afirmaba que el amor es esencial para los seres humanos y brinda felicidad.

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