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Entrevista con la escritora Aixa de la Cruz: "La sangre permite hablar de esa falsa dicotomía entre lo corporal y lo divino"

"Cuando algo me genera tantas preguntas, escribo una novela para intentar entenderlo", destaca la autora

Aixa de la Cruz, ayer, en el Antiguo Instituto.

Aixa de la Cruz, ayer, en el Antiguo Instituto. / Ángel González

Pablo Antuña

Pablo Antuña

Gijón

"El viaje en autobús desde Laredo, donde resido, hasta Gijón ha sido un recorrido a mi pasado, a cuando viví en Oviedo y Llanes. Ha sido bonito recuperar esa vinculación". La escritora Aixa de la Cruz (Bilbao, 1988) ha participado en la Feria del Libro de Gijón, en un coloquio en el que ha conversado sobre "Todo empieza por la sangre", su última novela.

¿Qué se encontrará el lector?

Es mi homenaje a la literatura que más me ha gustado leer cuando era niña, la romántica. Tiene como objeto reflexionar sobre el modo en que nos vinculamos, sobre qué entendemos por el amor. Y para hacerlo sigue al personaje de Violeta, desde que es una niña hasta que tiene 40 y pocos años, y cómo siente ese gran vacío existencial que sacia con una relación tras otra. Va cambiando y experimentando relaciones monógamas, hasta que llega un momento en elque ha idealizado tantísimo lo romántico que lo que busca, de tan ideal, puede que no sea una persona y que sea Dios.

¿Por qué cree que es tan complicado entender el tema del amor y el enamoramiento?

Cuando algo me genera tantas preguntas escribo una novela para intentar entenderlo. Me genera mucha incomprensión esa sensación de por qué nos vinculamos tanto con el otro y por qué las relaciones acaban siempre mal. Pero persisistimos en la búsqueda a pesar de las rupturas que encadenamos. También me interesaba mucho explorar la diferencia entre la forma de vincularnos y la de nuestras abuelas, cómo han cambiado tanto las cosas, desde que el divorcio no era una opción, y por tanto la pareja elegida era un destino irrevocable. En ese supuesto escenario de supuesta libertad en el que vivimos, en el que es tan sencillo romper con alguien, acabamos encadenando de forma crónica relaciones.

Reflexiona sobre la espiritualidad y la fe, desde de esa otra visión de la meditación, como esa religión "moderna".

Me apetecía mucho explorar la posibilidad emancipatoria, hablando de relaciones de pareja, donde a menudo se dan vínculos en los que existe la violencia. Quería explorar la posibilidad emancipatoria del silencio, de aprender a estar en soledad, o de descubrir que no existe, que es algo también hermoso. Y que en los estados místicos se tienen experiencias de hiperconexión con lo que está vivo. Me interesaba utilizar esto como forma de evolución para el personaje, y sugiriendo que posiblemente no haya nada malo en el amor romántico, pero que muchas veces acabamos en relaciones no por elección, sino por coacción, por el miedo hacia la propia soledad o el silencio, y me parece interesante rescatar ese tipo de técnicas meditativas.

Tanto al inicio como al final de la novela habla de un pacto de sangre.

La sangre es como un leitmotiv que aparece durante todo el libro, vinculando episodios que pueden parecer dispersos. Me parecía un símbolo muy apropiado, para hablar de esta falsa dicotomía, entre lo corporal y lo divino, entre la sangre corporal y la eucaristía. Era una forma de anticipar desde el principio de la novela que este texto sobre una mujer, que tiene experiencias muy carnales, va a encontrar lo espiritual, y que no hay necesidad de conceptualizar ambas experiencias como opuestas e incompatibles.

Se cuela también el covid y al confinamiento. ¿Es un tema interesante, en términos literarios, esa etapa de encierro y aislamiento?

El cronotopo de la pandemia me resultó muy natural, me permitía explorar cómo la protagonista tomaba conciencia de cuestiones muy importantes, que estuvieron presentes en la pandemia de forma colectiva, como cuando en el confinamiento comprendimos que se había cancelado el exterior y que estábamos relegadas al espacio doméstico y a la interioridad, y que de pronto, al estar en casa, conectamos con la propia interioridad del cuerpo. Recuerdo que nos pusimos a bailar o hacer yoga por necesidad. Fue un movimiento hacia lo corporal, pero también hacia las entrañas. Y las experiencias de duelo personales o colectivos siempre nos enfrentan a la fragilidad y nos hacen tomar conciencia de lo importantes que son los vínculos, entre chistes y ese sentimiento apocalíptico, con esas cosas que se revalorizan cuando la muerte está realmente cerca.

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