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Entrevista | Pablo Batalla Cueto Historiador y montañero gijonés, publica "La bandera en la cumbre"

Pablo Batalla Cueto, historiador y montañero gijonés: "Putin es fascismo a la rusa y Trump fascismo a la yanqui"

"La bandera de Israel, que en un momento dado representó la esperanza de un pueblo perseguido y masacrado, hoy representa la persecución y la masacre de otros"

Pablo Batalla Cueto.

Pablo Batalla Cueto. / JAVIER VALLADARES

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Tino Pertierra

Tino Pertierra

El historiador y montañero asturiano Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) aborda con el libro "La bandera en la cumbre" (Capitán Swing) el desafío de escalar "Una historia política del montañismo". ¿Por qué? "

Como montañero y lector de historias del montañismo, echaba de menos una que no fuera ni deportiva, ni romántica, sino que abordase la dimensión política que me parecía evidente que el alpinismo ha tenido siempre. Uno también escribe los libros que le gustaría leer. Yo quería hacer una historia política del montañismo y también una historia montañera de la política; una historia de la modernidad, de las ideas que han contendido en la edad moderna, contada con ejemplos montañeros".

En su libro reflexiona sobre banderas y montañas: ¿qué nos explican sobre el auge de los nacionalismos en Europa y España?

Muchas cosas. Si pensamos en el nacionalismo más extremo, empiezan a proliferar en todo el mundo los grupúsculos fascistas que montan campamentos en la montaña. En cuanto una ideología cualquiera aparece o reaparece, rápidamente corre a la montaña a reivindicarse allí también.

La montaña suele contemplarse como un espacio de neutralidad y libertad. ¿Qué encuentra cuando se lee en clave política?

Que la montaña no es un lugar para evadirse, ese espacio puro y angelical que ha querido verse a veces, ajeno a los debates y luchas terrenales. También ocurren allá. A las mujeres también las acosan, a los judíos también se les prohibió la entrada a los refugios en la época nazi y antes, los alpinistas soviéticos también fueron purgados por Stalin, los anticomunistas polacos también hacían proselitismo del sindicato Solidaridad en el Campo Base del Everest, una misma montaña fronteriza puede ser parque nacional en Argentina y propiedad privada en Chile.

Los conflictos actuales también tienen sus banderas en la cumbre...

Hay alpinistas ucranianos o no ucranianos que suben montañas en cuyas cumbres ondean la bandera de Ucrania, para seguir recordándole al mundo los horrores que Rusia está perpetrando allá, y hay palestinos y no palestinos que las suben ondeando la bandera de Palestina, como mi amiga Noelia Ordieres.

¿El poder simbólico de la bandera se ha fortalecido o difuminado con las redes sociales y la globalización?

Hay banderas nuevas: algunas propuestas de bandera vegana, algunas nuevas banderas LGTBIQ+ o trans… Pero las viejas siguen ondeándose con mucho brío. Internet nos globaliza tanto como nos mete en una burbuja, que también puede ser una burbuja ideológica o nacionalista.

En España, la memoria histórica sigue alimentando el debate. ¿Cómo enlaza su libro con esa discusión actual?

Hablo de los maquis, montañeros a la fuerza, y los reivindico lamentando que, a diferencia de lo que ocurre en otros países, nuestra guerrilla antifascista no sea homenajeada. La Constitución italiana nació en las montañas donde la pelearon los partisanos, decía Piero Calamandrei. En nuestras montañas se peleó por lo mismo y se perdió, pero ese heroísmo debería ser objeto de un reconocimiento oficial.

¿Qué papel juega el alpinismo como escenario ideológico, al margen del deporte o la aventura?

El mismo que la Puerta del Sol o La Escandalera. Es un lugar más para vocear cualquier ideología, celebrarla, aprenderla… Los maoístas chinos, por ejemplo, organizaron una expedición al Everest en 1975 en la que repartieron carnés a ocho mil metros de altura. Hitler se obsesionó con que fueran alemanes los que subieran el primer ochomil y sacrificó a la mejor generación de alpinistas alemanes en el Nanga Parbat, conminándoles a subirlo a mayor gloria de la raza aria o morir (y murieron por decenas). Las alpinistas sufragistas de principios del siglo XX clavaban en las cumbres una bandera que decía "Vote for women" y cuya foto, en una época en la que la prensa empezaba a llevar fotos, era en sí mismas una demostración de que las mujeres no eran el sexo débil, sino tan fuerte como el otro, y por lo tanto merecían el voto. Salvador Allende organizaba campamentos para niños pobres en los Andes y allá se les enseñaba que ellos también tenían derecho a la belleza. El Marqués de Villaviciosa decidió subir el Urriellu porque había oído que lo iban a subir unos ingleses, y no podía tolerar que el primero en subir a esa cima emblemática no fuera un español… Todo eso es política puesta en práctica en las montañas.

¿Es una aberración ver colas interminables en el Everest?

A mí me lo parece. Un poco la misma aberración que esa gente que entra al Louvre solo para hacerle una foto a la Mona Lisa y luego se va, pasando a toda prisa sin fijarse por delante de "La libertad guiando al pueblo" y otros cuadros icónicos. A esa gente no le gusta el arte y a los de la cola en el Everest no les gusta realmente la montaña. ¿Para qué subirla entonces? Y lo peor no son las colas del Everest: es que ya también el K2 ha empezado a masificarse, que ya se ofrecen dobles ascensiones utilizando un helicóptero para ir rápidamente de una montaña a otra y hacer dos ochomiles en pocos días. O las ascensiones exprés que ya se ofrecen: aclimatarte en tu casa con una máquina de gas xenón, no en el campamento base, llevarte al Himalaya en avión, subir y bajar a toda pastilla y que en menos de una semana estés de vuelta en tu hogar. Eso, insisto, no es amar la montaña. Si la amas, no quieres escapar de ella lo más rápido posible.

Si tuviera que imaginar hoy una bandera para clavar en la cumbre del futuro, ¿qué causa o valores debería representar?

Me imagino una bandera blanca que diga "ya somos mayorinos". El mundo está en un momento muy, muy complicado que se resolvería si fuéramos mayorinos y nos enfrentáramos a todo lo que tenemos delante con cabeza de personas adultas y cabales.

De no ser por las banderas, ¿el boicot a la Vuelta Ciclista tendría menos eficacia?

Quizá. Personalmente no soy, en general, muy de banderas, pero al final necesitamos símbolos, estandartes, santinos que levantar en la procesión, un objeto físico, tangible, al que agarrarnos, que condense nuestros ideales y que le facilite la militancia a la gente menos capaz para la abstracción.

¿Por qué hay tantos recelos de una parte de la izquierda a la bandera española?

No es ningún misterio. Fue la bandera de una dictadura atroz que duró cuarenta años y que mataba a los que preferían otras, incluso aunque fueran, también, banderas de España. Aunque esa bandera sea anterior, provenga de los liberales de Cádiz y fuera también la de la Primera República, y ahora sea la bandera de un régimen democrático, esa apropiación, ese uso y ese abuso de ella por un fascismo la arruinó para siempre para todos los que nos sentimos herederos del bando lealista de la guerra civil.

¿La ostentación de la bandera es sobre todo un mecanismo de los populismos?

No. Banderas tenemos y ondeamos todos: los populistas, los no populistas y los mediopensionistas.

Una bandera que le emocione.

La verdad es que yo no soy muy de banderas, pero quizá la que más me emocione sea la de las Brigadas Internacionales, con el símbolo rojo de las BI sobrepuesto a la tricolor republicana.

¿El Urriellu asturiano simboliza resistencia?

Simboliza lo que queramos que simbolice. Resistencia, orgullo, deseo… Mi admirado Pedro de Silva identifica las cien maneras de subirlo con el Kamasutra en uno de sus libros.

Dígame una cumbre que aún sueñe con subir.

Torrecerredo. Es técnicamente fácil, pero da vértigo, y yo tengo algo de vértigo, así que nunca me he atrevido. Pero es un reto que quiero superar en algún momento de mi vida.

La bandera más polémica de la actualidad...

Seguramente la de Israel. Una bandera que en un momento dado representó la esperanza de un pueblo perseguido y masacrado, pero hoy representa la persecución y masacre de otros.

¿La resistencia de Pedro Sánchez en la cumbre del poder es puro alpinismo?

Tal vez lo sea. Y por mi parte, ojalá resista mucho. En este tiempo de bárbaros triunfantes, tenemos el Gobierno más digno de Occidente.

¿La lucha contra el cambio climático necesita una bandera?

Necesita muchas. Debe ser una conciencia que tengan todas las ideologías, y que sea abordada por cada una a su manera. Puede y debe haber lo mismo un ecologismo de derechas que uno de izquierdas. Si el cambio climático nos mata, nos matará a todos, así que tenemos todos que ponernos a evitarlo, cada cual desde sus presupuestos.

Trump y Putin, ¿dos banderas y un desatino?

Dos caras de la misma moneda, un fascismo a la rusa y un fascismo a la yanqui. El uno se envuelve en un imaginario neozarista y de misión sagrada y eterna y el otro en chácharas libertarias yanquis que Rusia no necesita, pero son lo mismo. La Tercera Roma y el Destino Manifiesto son el mismo veneno en un frasco distinto.

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