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Emotivo y multitudinario homenaje en el barrio gijonés de Cimavilla en el adiós a uno de sus negocios más históricos: flores, aplausos y lágrimas

Los vecinos del barrio Alto despiden con a sus carniceras con pena y ramos

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Con ramos de flores y por sorpresa. Los vecinos de Cimavilla rindieron ayer homenaje a sus carniceras de las Cuatro Esquinas, el emblemático negocio de la calle Rosario que cierra sus puertas tras cerca de medio siglo en el barrio Alto. Un acto muy emotivo y lleno de aplausos de gratitud para Laura Castaño y su madre, María Nones, fundadora de la tienda, que se van con mucha pena.

Las Cuatro Esquinas abrió sus puertas en Cimavilla en 1979. "Cuando empecé, en esta calle y en las aledañas había nueve tiendas. Antes, había pisos grandes con familias. Ahora hay mucha gente joven, parejinas y todo eso, mucho piso vacacional y bares", describía María Nones al echar la vista atrás. Ahora es su hija, Laura Castaño, quien llevaba este negocio popular en el barrio Alto que ahora cierra sus puertas para trasladarse a Laviada.

El motivo de la marcha, explicaron a través de LA NUEVA ESPAÑA, está en los estrictos permisos requeridos, sumada a la normativa que hay que cumplir en Cimavilla por ser el casco histórico, las obligan a una fuerte inversión. "La verdad, tengo una pena que me quiero morir. No nací aquí, pero soy de Cimavilla de toda la vida. Qué le vamos a hacer. Así es la vida", reconocía Nones.

Los vecinos fueron enterándose poco a poco del cierre. A muchos les pilló por sorpresa. Unos y otros no dudaron en rendirles homenaje antes de su partida. Con ramos de flores y entre aplausos rindieron así homenaje a quienes despacharon durante décadas.

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