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Estrenos de cintas con retratos costumbristas y de la evolución regional: esta es la huella del cine asturiano en el FICX de Gijón

"Antes costaba encontrar películas y ahora se nos quedan fuera", dice el director del festival, que afirma que el audiovisual vive "un momento dulce" en el Principado "por cantidad y calidad"

Estrenos de cintas con retratos costumbristas y de la evolución regional: esta es la huella del cine asturiano en el FICX

“Antes costaba encontrar películas y ahora se nos quedan fuera”; o, lo que es lo mismo, una buena noticia para la producción asturiana. Esa reflexión es con la que el director del Festival Internacional del Cine de Gijón, Alejandro Díaz Castaño, abrió el gran encuentro que congregó en Gijón a 25 participantes regionales y que sirve como prolegómeno del certamen, que alberga Gijón entre el 14 y el 22 de noviembre. Y se puede ir más allá, porque, a juicio de Díaz Castaño, se vive "un momento dulce" por la partida doble que es "la cantidad y calidad". La programación, en este sentido, bate récords y habla por sí sola: serán finalmente cuarenta las propuestas que se proyectarán en las pantallas gijonesas, una más de la que se preveía.

El certamen aúna estrenos mundiales, entre los que destacan. El certamen acoge estrenos mundiales, entre los que destacan "Aunque seamos islas", de Cristina R. Paz; "La imperfección y la paciencia", de Álex Zapico, o "Plaza Mayor", de Marcos M. Merino, con retratos de lugares icónicos como "Plaza Mayor", de Marcos M. Merino, en el que analiza la evolución de Gijón o "Savoy, 35 años y una noche", de José Riveiro, homenajea el legendario local musical gijonés. La programación combina ficción, documental, memoria y experimentación en una muestra que refleja la diversidad y solidez del nuevo cine asturiano.

El cine hecho en Asturias pisa fuerte en las secciones competitivas, donde destacan las cintas regionales de mayor peso del festival. Marcos M. Merino inaugura la Sección Internacional Retueyos con la citada "Plaza Mayor", retrato del momento actual de Gijón a través de su transformación urbana, su memoria colectiva y la herencia industrial. "Regreso a Asturias en 2012 y no reconocía la ciudad", afirma su director, al que le parece "una oportunidad" de "reconciliarse" con su memoria de 1991, cuando se fue, y de mirar más allá de la "cotidianidad" porque, con la rutina, "se pasan muchas cosas por alto". Desde tu perspectiva, la película es "casi un duelo", desde la "negación inicial" del shock hasta la "aceptación".

"Abrir un debate público de quienes somos y de dónde venimos a través de lo que hacemos colectivamente". No es un partidario de que "tiempos pasados fueron mejores", frase hecha que "detesta", porque la memoria colectiva "se transforma", aunque está en contraste siempre "con la oficial". El nombre de la película no se ha dejado al azar, puesto que en la ubicación que da nombre al filme "pasan muchísimas cosas". "Es excepcional, hay muy pocas plazas en España que tengan ese nivel de actividad, ni siquiera las grandes capitales."

Oficios en peligro de extinción

En la sección Esbilla las cosas no cambian. Una coincidencia casual con un farero en Mallorca derivó en una conversación de las que engancha y nunca quieres que acaben, para hacer nacer el germen de "Aunque seamos islas", de Cristina R. Paz, otro de los estrenos destacables. Juntos "soñaron" con un documental sobre faros que incluyese la figura de la mujer, porque "hay muchos filmes de faros, pero ninguno de fareras". A esta histórica profesión que se regula desde el siglo XIX las mujeres no pudieron acceder en España hasta 1969 y solo ha habido 26 tituladas en nuestro país. Actualmente, solo quedan tres: una en Matxitxako, en Bermeo; otra en Estaca de Bares y por último, una de las protagonistas, que ejerce en San Cristóbal, en La Gomera.

Ha sido difícil acercarse a estas realidades, admite la cineasta, puesto que son personas "proclives a la soledad", un proceso que se ha suavizado durante los dos años que ha llevado la edición, en lo que se ha fraguado una relación "de amistad" y muchas conversaciones fuera de cámara han ayudado al montaje. No obstante, puntualiza, tendemos a pensar en el arquetipo de farero "solo, con el impermeable y fumando en pipa", pero estas instalaciones fueron otrora lugares "llenos de vida", donde podían convivir "dos o tres familias".

Otro oficio del que se hace una instantánea es el del sastre, en "La imperfección y la paciencia", de Álex Zapico. La obra, dentro de la misma sección que la anterior, tiene otra vertiente, además de la costura en sí: reflexionar sobre "la velocidad y el ruido" a la que va hoy en día la sociedad. "Es un momento de parar, pensar y ver", algo que los hermanos Campal, protagonistas del film, llevan haciendo "toda la vida" a través de la "lentitud, el cuidado, los silencios" que hacen que estén concentrados en una tarea para construir algo con sus manos.

La producción de la película contribuye al ser en blanco y negro, muda y con música de Forma Antiqva. Además, es una película para que el espectador "ponga de su parte" y pase a través del "agujero en la pared para descubrir los secretos de los sastres", otra profesión a punto de desaparecer. La cinta es el fruto de un proyecto fotográfico previo, que cristalizó en la filmación después de casi diez años; el director reconoce que esa amistad fue la que permitió que les abrieran de par en par las puertas de su taller.

Míticas salas de conciertos

Dentro de los pases especiales, se exhibirá en el FICX el documental "Savoy, 35 años y una noche", de José Riveiro, dedicada al mítico templo gijonés de la música, que cerró las puertas de su local de la calle Covadonga a finales del año pasado. "El cierre era un rumor que no nos acabábamos de creer y que personalmente me afectó emocionalmente", dice el director, para quien fue "casi cerrar una especie de círculo personal", aunque, a la par, le animó a rodar en una época no muy prolífica de su trabajo.

En el documental se verá una sala donde "se mezclaron todo tipo de generaciones" y que significó un "cambio" en la manera de "consumir música" en Asturias. "Quieras que no, no había otro igual en otra España", opina Riveiro sobre un adiós que tuvo una respuesta "cariñosa" y "abrumadora" por parte de la sociedad.

A estos títulos se suma una extensa representación asturiana que completa las cuarenta obras del festival. En la Sección Oficial Retueyos, destaca también “Magic Farm”, de Amalia Ulman, una sátira sobre la vida digital que llega tras su paso por Sundance y Berlín. En el apartado de cortometrajes, figuran “El día que tal”, de Pablo Casanueva, y “Tolos fueos el fueu”, de Diego Flórez, que aborda la incineración de basuras en las cuencas mineras.

La sección Esbilla se amplía con “La PLACA, una familia de bien”, de José Antonio Quirós, centrada en la memoria del exilio; “Perlora desde 1954”, de Manuel García Postigo; “Valle Blanco, Gallo Negro”, de Álex Galán; “Volver a casa tan tarde”, de Celia Viada Caso; y “Alquimia”, de Konchi Rodríguez, que juega con el formato del falso documental.

En Asturies Curtiumetraxes - Competición participan, entre otras, “IUS del tiempo”, de Roberto F. Canuto y Xu Xiaoxi; “Saltar”, de Lia Lugilde; “Viena. Gijón”, de Ana G. Argüelles; “Alimaña”, de Juan Villa; “Fríootoñoo”, de Julio de la Fuente; “Yudita”, de Rodrigo Agüeria; “Cases”, de Jandro Llaneza; “Chicken Jazz”, de Imanol Ruiz de Lara Osácar; y “Today, I Washed My Eyes in the River Bed”, de Hannah Mevis.

La muestra paralela suma siete producciones más: “Fuera de Juego”, del Colectivo Tyche; “En Cifra”, del Círculo Nuevos Aires; “Serena”, de Graciela Mier; “Aquí donde soy”, de Daniel Braga; “Los Smoofis”, de Chrystelle Ferrara; “Vestigio”, de Miguel Toledo Menéndez y Asif Ken Fernandes; y “Tristán tiene la culpa”, de Jorge Bazo Cueto.

Por último, en Pases Especiales figura también “cuartu 207_”, de Tito Montero, una reflexión colectiva sobre la identidad del cine asturiano, y el foco dedicado a Elena Duque, con su premiado corto “Portales” y la performance “Curso de pintura rápida para principiantes”, que cierra la participación asturiana en esta edición.

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