La parroquia gijonesa de Serín urge medidas contra el "agotador" ruido de la autopista "Y": "Nos preguntan cómo podemos vivir así"
"Es un calvario", denuncian los vecinos, que plantean limitar la velocidad del tráfico o reasfaltar la vía

Sergio García
Como el zumbido de una mosca impertinente, pero multiplicado y sobre ruedas. Los vecinos de Serín claman contra el "agotador" ruido procedente de la autopista A-66, la "Y". Saben los residentes que el continuo tránsito de vehículos es irremediable, pero reivindican medidas para mitigar los efectos sonoros de ese torrente de circulación, ya sea reducir la velocidad, instalar barreras acústicas o reasfaltar la vía con un tipo de pavimento que suavice el ruido. "Es exagerado lo que hay", denuncian.
"Esto no es normal", lamenta José Luis Fernández, presidente de la asociación vecinal de Serín, para el que últimamente, para más inri, la afluencia de vehículos ha aumentado. "Y ahora son más grandes y la superficie sigue siendo la misma", esgrime Fernández.
Los vecinos tienen fijada una reunión la próxima semana con el concejal de Medio Ambiente y Sostenibilidad, el popular Rodrigo Pintueles, para transmitirle la problemática y tratar de que el gobierno local a su vez se la traslade a la administración con competencias en la autopista, que atraviesa una parroquia con algo más de 300 habitantes. "Hay zonas en las que la gente está habituada, pero esto es un no parar", afirma Fernández, que expone una situación curiosa. "Cuando hay un accidente, el ruido cesa; nos enteramos más por el silencio que se genera que por el golpe", apunta.
"Andamos a voces"
Jovita Prendes vive en la zona de La Cruciada. A tiro de piedra le pilla la "Y", con lo que ello supone a nivel sonoro. "Andamos a voces para escucharnos, me he tenido que acostumbrar a hablar muy alto; esto es un calvario", comenta la vecina, que aboga, por ejemplo por limitar las velocidades, como se ha hecho recientemente en Trasona. "El Ayuntamiento se tiene que implicar", solicita Manuel Antonio Pérez, marido de Jovita Prendes. "Amigos que vienen nos preguntan que cómo podemos vivir así", agrega esta última.
Dice Silvia Alonso que ya desde las seis de la mañana el inconfundible sonido del tráfico hace acto de aparición. "En algún momento del día, si abro la puerta o la ventana, ya no oigo a gente que está en casa", subraya Alonso, que reside "muy pegada" a la autopista. "Me preocupa cuando mis críos van a jugar fuera porque si se hace daño y me llama no lo escucho", desarrolla Silvia Alonso, que descarta, en verano, la opción de dormir con la ventana abierta por mucho calor haga. Con semejante ruido no compensa. Serín quiere menos decibelios en la "Y".
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