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Lluís Miñarro reivindica la libertad de los setenta frente al "cine previsible"

"La fascinación de un rodaje es que esté vivo, y en el proceso creativo hay que aplicar la intuición y relajarse", defiende en Gijón el director de "Emergency Exit"

La troupe de «Emergency Exit», ayer, en el Muro de San Lorezo. Por la izquierda: Miquel Barberá, Aida Folch, Miñarro, Johnattan Burjack, Julián Santaella, Albert Pla y Jairo López. | ÁNGEL GONZÁLEZ

La troupe de «Emergency Exit», ayer, en el Muro de San Lorezo. Por la izquierda: Miquel Barberá, Aida Folch, Miñarro, Johnattan Burjack, Julián Santaella, Albert Pla y Jairo López. | ÁNGEL GONZÁLEZ

Chus Neira

Chus Neira

Gijón

El productor y director Lluís Miñarro llegó ayer con su autobús de "Emergency exit" al FICX y proclamó que el alucinante viaje de su última película es hijo de la "libertad expositiva y estilística" que mamó en la Barcelona de los setenta, esa en la que residían Vargas Llosa, García Márquez o Bolaño, por la que se dejaba caer Cortázar y desde la que se fletaban autobuses para ver películas prohibidas al otro lado de la frontera: "En versión original y subtítulos en francés, y el que no entendiera tenía una hoja donde te explicaban un poco el argumento, y así veías ‘El evangelio según San Mateo’ de Pasolini".

Esta película bebe, pues, de ese mundo, y su autobús lleno de personajes delirantes circula en el sentido opuesto al del cine de los efectos especiales, el "cine previsible" que vende "los mismos modelos", que "vende una casa en la Costa Brava como segunda residencia". Lo resumió de forma magistral en esa misma rueda de prensa cuando proclamó que "una película absolutamente escrita es publicidad". Lo sabe bien, explicó, porque además de haber sido el productor de Guerín o de Apichatpong, también ha rodado anuncios.

"Ermergency exit", en sentido contrario, buscó la improvisación de diálogos, consciente de que "parte de la fascinación de un rodaje es que esté vivo cuando lo estás haciendo" y de que en el proceso creativo "hay que aplicar la intuición y relajarse". Todo eso lo dijo a la una de la tarde en una rueda de prensa en la Escuela de Comercio de Gijón acompañado por los actores Albert Pla, Aida Folch y Jhonattan Burjack. Y añadió, a favor del espíritu de los setenta y de ese forma de entender la libertad, como si fuera una revelación cortazariana, que después de rodar la película Marisa Paredes se murió, siendo el único personaje que se salva en la ficción. "Es muy fuerte, el cine momifica la vida, es el territorio de los sueños. No hay que buscarle lógica, no hay que explicársela a nadie".

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