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Vicky Peña: "Tengo preocupaciones sociales y me manifiesto como cualquier ciudadano; quienes lo critican porque soy actriz, es su problema"

"La venganza, el baño de sangre de los israelíes sobre los palestinos nos tienen conmovidos. La obra que estoy representando, con personajes judíos muy radicales, coge una dimensión mucho más trágica a partir de octubre de 2023"

Vicky Peña, en Gijón.

Vicky Peña, en Gijón. / Juan Plaza

Gijón

La actriz Vicky Peña es una de las premiadas en esta edición del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX), en su caso con el galardón Comadre de Cine 2025.

¿Cómo recibe este reconocimiento?

Con sorpresa, alegría y gratitud. Es un premio que conceden Las Comadres, un grupo de mujeres asturianas, trabajadoras, feministas y amantes del cine. Creo que me lo conceden un poco por la trayectoria.

¿Qué opinión le merece el FICX?

Es un festival señero por trayectoria y contenido. Lamentablemente no he podido vivirlo, porque yo normalmente vivo en Barcelona y estos días he estado trabajando, pero tiene una programación estupenda. Es un festival muy vibrante.

¿En qué proyecto está ahora?

Acabando la gira de una obra que estrenamos el año pasado, «Todos pájaros», de Wahdi Mouawad, un autor líbano-canadiense, que tiene de trasfondo el conflicto palestino-israelí. Es una obra muy dura, muy poética y muy actual. Fue escrita y estrenada en 2017 por el propio autor en París y es una obra que nos interpela como seres humanos respecto a los perjuicios que tenemos y las identidades a las que nos sentimos aferrados. A veces estos encasillamientos resultan nocivos. Es una obra poética, pero al mismo tiempo tremenda y trágica. Es un autor que toca temas muy vibrantes, casi con un acento de tragedia griega, pero al mismo tiempo es moderno y tiene un lenguaje muy poético. También estoy ensayando un pequeño recital de temas de Stephen Sondheim, de varios de sus musicales. Y para abril tengo una película, de la que no puedo decir nada, porque a veces los proyectos se gafan. Y también una reposición de una zarzuela en verano en Colombia, que ya hicimos en Oviedo, en el Campoamor, «La Tabernera del Puerto». Cosas variadas.

Todo el mundo ha podido ver las imágenes tremendas de lo que está pasando en Oriente Medio. ¿Qué cree que le aporta la obra que ahora está representando?

Yo creo que le aporta un punto de reflexión que le da una carga de profundidad a la obra que el espectador está viendo. En esta obra, que fue estrenada en 2017, se dicen algunas cosas muy duras. Casi todos los personajes son una familia judía; dos abuelos, dos padres y un hijo. Y algunos de estos personajes judíos son muy radicales, antiárabes. Y se dicen unas cosas verdaderamente durísimas de oír. Tremebundas. Es el lenguaje que tienen algunos judíos del estado de Israel, sobre todo esa inmigración europea que sufrió el holocausto y llegó al protectorado británico de Palestina con el alma destrozada y la identidad humillada y perdida, con 6 millones de muertos en campos de concentración. ¿Pero cómo se han desarrollado las cosas? ¿Cómo un pueblo que ha sufrido tanto está haciendo sufrir al pueblo del territorio al que han llegado? Tanta humillación, tanto dolor, tanta destrucción, ¿cómo es posible? Esta obra que fue estrenada en 2017, después de los abominables asesinatos de 2.000 personas por Hamás en octubre de 2023 y esa venganza, ese baño de sangre de los israelíes sobre los palestinos con esas imágenes que nos tienen conmovidos y rotos, con ese pretendido acuerdo de paz que no creemos nadie, un genocidio; a partir de octubre de 2023 estas palabras escritas en 2017 cogen una dimensión mucho más trágica. La obra pasa en el seno de una familia, la presentación de un amor entre un chico israelí y una chica palestina, dos estudiantes neoyorquinos, que desencadena un auténtico cipostio en el seno familiar en una comida de Pascua. Ver las reacciones te pone en un lugar en el que como ser humano te das cuenta del horror y la miseria que hay en querer ser de un modo: «yo pertenezco a, o yo soy de un bando», en lugar de dejar fluir el amor.

Cuando personas del mundo de la cultura os pronunciáis sobre acontecimientos de actualidad, en ocasiones genera rechazo desde ámbitos políticos. ¿Cómo lo valora?

A veces me pronuncio sobre cuestiones que me preocupan mucho y que como ciudadana me inquietan. Y el hecho de que sea una trabajadora de la cultura y no arquitecto o médico no le resta valor a mi opinión como ciudadana. ¿Qué tengo, que estar callada porque soy artista? Soy mujer, madre, una mujer del siglo XX, ahora XXI, tengo preocupaciones sociales, tengo inquietudes, hay cosas que me emocionan y me repugnan. Cuando salgo a la calle y me manifiesto contra ellas, salgo como una ciudadana cualquiera y si me piden que lea un manifiesto con el que estoy de acuerdo, porque tengo mejor dicción, gustosamente lo hago. ¿Qué opino de los que critican esto? Allá ellos, es su problema.

¿Cree que es una obligación moral?

Yo no creo que vaya a convencer a nadie; quizá haga reflexionar a alguien. Si es así y lo acerco a mis posturas, que yo creo que son justas.

¿Se siente más cómoda haciendo teatro o cine?

Todas las vertientes de este oficio son muy ricas y bonitas. A mí el teatro es el que más me complace, porque es donde más tiempo tienes para ensayar trabajando codo con codo con tus semejantes y con un texto que antes se habla y se discute. Y luego está la maravillosa posibilidad de encontrarte cara a cara con el público. Esto es maravilloso; no lo tiene el cine, no lo tiene la televisión, no lo tiene el doblaje. Es donde más a gusto me siento haciendo mi trabajo. Pero también es cierto que la televisión te obliga a una rapidez, a desarrollar unos reflejos que son muy estimulantes, a componer rápidamente. El cine te obliga a hacer tetris, porque a lo mejor ruedas un día un plano y el principio de esa secuencia varios meses después. Y luego el doblaje, que para mí ha sido una escuela maravillosa, donde he aprendido mucho y me ha dado mucha cintura actoral, porque te obliga a cambiar muy rápido de personaje; por la mañana haces uno, por la tarde otro. En fin. Te obliga a encontrar muchos registros distintos en ti misma, sin previo ensayo y , además, has de ser muy humilde, ponerte al servicio de otra actriz. Pero lo que más me llena es el teatro, sin duda.

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