La figura de la semana: Tito Rodríguez Torras, jefe de programación del Festival del Cine de Gijón y un trotamundos del séptimo arte
Nacido en Barcelona y criado en México, vivió en Holanda y persigue la perfección en su trabajo
Con distintos roles en varios festivales e instituciones, le gusta ir de karaoke y leer a Charles Bukowski

Tito Rodríguez Torras. / Mortiner
El Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) hizo ayer fundido a negro en un abarrotado teatro Jovellanos. El emblemático certamen se despidió tras invadir durante más de una semana la ciudad a lomos del séptimo arte. Para Tito Rodríguez Torras, jefe de programación del FICX, más que el séptimo, sería el primero. No se puede entender a Tito sin el cine. Igual que no se puede comprender el tirón de la cita sin el trabajo de Rodríguez, que vive el festival como una montaña rusa de emociones. Y, como cabeza de cartel, un esfuerzo innegociable para que la ciudad supure cine por los cuatro costados.
Nacido en Barcelona en 1983, Tito Rodríguez (cuyo nombre real es Ildefonso, como su padre y su abuelo ) pasó sus primeros años en la Ciudad Condal, hasta que la familia emigró a México. Allí, en Cancún, sus progenitores, Ildefonso y Silvia, montaron un negocio. Tito, que recuerda con cariño esa etapa, se formó en el Colegio Británico del Caribe, antes de retornar a España para estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad Pontificia de Salamanca. Por la elección de dicha carrera ya se podía atisbar qué le gustaba. Hermano de Laura y David, Tito Rodríguez ratificó su vocación en la universidad y conoció el amor, su mujer Karen Lecoutre, natural de Bélgica y con quien contrajo matrimonio en 2024. Tienen dos hijos, Ian y Mireia, de 4 y 11 años, respectivamente.
Tito Rodríguez se adentró en el mundo periodístico, trabajando en varios medios, antes de dar el salto al campo que tanto le apasionaba: la cultura y el cine. Ha pasado por tantos sitios, desempeñado tantos roles, que su currículum bien podría asemejarse a un guion cinematográfico con muchos giros. Su andadura en el FICX comenzó en 2009, en el equipo de prensa. El primer episodio de una saga que le ha llevado a convertirse, ni más ni menos, que en el jefe de programación y en un apoyo fundamental para el director, Alejandro Díaz Castaño. Ninguno olvida a Fran Gayo, programador del festival gijonés hasta su fallecimiento el pasado mayo.
La relación de Tito Rodríguez con Gijón puede dividirse en tres capítulos. En el primero vivió en Pumarín, en el segundo en Viesques y, ahora, en El Llano, con su familia. Entre medias, infinidad de viajes y una estancia de seis años en Países Bajos, pues a su mujer Karen le había surgido allí una importante oportunidad profesional. Aprovechó su periplo neerlandés para aprender el idioma y empaparse de la cultura local.
Por resumir, como si fuese el tráiler de una película, Tito Rodríguez ha sido responsable de comunicación y marketing del "World Cinema Ámsterdam", director artístico del Festival de Cine Europeo de Sevilla –donde sustituyó en el puesto al asturiano José Luis Cienfuegos–, director de Políticas de Marketing en el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), miembro del Consejo de Administración del Festival de Cine de San Sebastián, etc. En el FICX, además, fundó los "Industry Days".
Cariñoso, cercano y divertido, Tito Rodríguez de tímido no tiene nada. Perfeccionista en lo suyo, le gusta desconectar con una buena sesión de karaoke o tomando algo en la Cuesta del Cholo. Para el FICX lo quiere tener todo medido. Se pasa largos ratos revisando correos o chequeando el programa. No duerme mucho en los días del certamen.
Sus amplios conocimientos le convierten en un hacha del "Trivial". Destacan, cómo no, en cine. Recuerda con nostalgia los "Gremlins", los "Goonies" o "El Padrino" y es un ferviente admirador del cineasta belga Lukas Dhont, a quien pudo conocer personalmente. Le encandilan, sobre todo, las películas "auténticas", con varias capas. "Indiana Jones" o "Regreso al Futuro" figuran asimismo en la retahíla de obras preferidas de Tito Rodríguez, ávido lector de Charles Bukowski y su realismo sucio. La casa de Ildefonso está repleta de libros de cine. Aficionado del FC Barcelona, Tito ha sucumbido a los encantos de la cocina típica asturiana y, cuando vuelve de un viaje, siempre cuenta qué ha comido. Es parte de la experiencia.
Trabajar con Tito Rodríguez es una bendición. Hace gala de una bondad interior que facilita mucho las cosas. Al igual que una empatía que le lleva a, cuando surge un problema, no centrarse en los culpables sino en hallar las soluciones. Con un corazón de oro y una nobleza que ilumina a su entorno, a Ildefonso Rodríguez Torras, cinéfilo de pro, aún le quedan muchas tomas que rodar.
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