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Blanca Fresno, maestra cervecera gijonesa: "Cada vez hay más mujeres en el ámbito profesional del mundo de la cerveza"

La artesana gijonesa asegura que la "introspección" es fundamental antes de emprender y reconoce que "aprendió mucho" en sus experiencias como jueza

Blanca Fresno, maestra cervecera gijonesa: "Cada vez hay más mujeres en el ámbito profesional del mundo de la cerveza"

VÍDEO: Amor Domínguez/ FOTO: Miki López

La Manjoya (Oviedo)

Blanca Fresno (Gijón, 1984) descubrió su verdadera vocación cervecera durante un viaje a Eslovaquia. Tras estudiar Magisterio y trabajar en hostelería, se inspiró en la cerveza artesanal de aquel país y decidió traer la idea a Asturias, creando la cerveza Dúa. Con esfuerzo y pasión, su proyecto ha alcanzado reconocimiento internacional y se convirtió en la primera mujer española en actuar como juez en la World Beer Cup, un hito que refleja el empoderamiento femenino en un sector históricamente masculino y reivindica la presencia de la mujer en la elaboración cervecera.

¿Cómo pasó de estudiar Magisterio y trabajar en hostelería a convertirse en cervecera profesional?

Comencé estudiando Magisterio y llegué a terminar la carrera. Después, mientras preparaba oposiciones, entré a trabajar en un local de hostelería de Oviedo, El Cabeleño, que ya llevaba años funcionando. Fue entonces cuando, en 2008, realicé un viaje a Eslovaquia que acabaría marcándolo todo. Allí descubrí un "brewpub", donde elaboraban su propia cerveza y fue un flechazo inmediato. A mi regreso, tuvimos claro que queríamos trasladar ese concepto a Asturias, donde aún no existía nada parecido. Así empezó esta historia.

¿Cuál considera que fue su mayor reto al iniciar su propia producción de cerveza en Asturias?

Los principales retos fueron los económicos, porque montar una fábrica de cerveza requiere una inversión elevada. A eso se sumó la dificultad técnica, en aquel momento apenas había formación específica ni información accesible para aprender el oficio, y además era un terreno completamente nuevo para mí. También era un sector mucho más masculino que ahora. Hoy somos muchas más mujeres elaborando cerveza o desempeñando otros trabajos dentro de la industria, pero entonces abrirse camino no era sencillo.

Precisamente por esto que comenta, ¿fue difícil iniciarse en un sector tradicionalmente asociado a los hombres?

La verdad es que, al haber tan pocas mujeres, llamabas la atención inevitablemente. Todo el mundo te miraba, pero en mi caso siempre fue con simpatía y respeto. Supongo que en un entorno tan masculinizado resultaba curioso que hubiera una mujer y eso generaba cercanía. Además, ocurría algo muy llamativo: todo el mundo se acordaba de tu nombre. No eras una más, eras "la chica que hacía cerveza", y eso te hacía visible dentro del sector. No lo viví como algo negativo, sino todo lo contrario.

¿Por qué cree que históricamente las mujeres han perdido protagonismo en la elaboración de cerveza?

De hecho, las mujeres fuimos las que comenzamos haciendo cerveza y lo hicimos durante miles de años, transmitiendo el conocimiento de generación en generación. Sin embargo, con la industrialización, el proceso se profesionalizó y creció hasta convertirse en un negocio a gran escala, momento en el que los hombres pasaron a liderar la industria. La figura femenina quedó completamente al margen, prácticamente descartada de la producción de bebidas alcohólicas, y solo recientemente hemos comenzado a recuperar ese espacio perdido.

¿Cómo avanza esa vuelta al sector?

Lo que percibo es un cambio muy claro y evidente en los últimos años. Cada vez hay muchísimas más mujeres en diferentes ámbitos profesionales: más mujeres juezas, más mujeres elaborando cerveza y, en general, una presencia femenina creciente en sectores donde antes éramos minoría. Además, han surgido iniciativas y asociaciones como Pink Boots que trabajan específicamente para visibilizar a las mujeres, ofrecerles apoyo y generar redes de colaboración dentro de la industria cervecera. Todo ello ha contribuido a que hoy se nos vea más, que nuestra voz tenga más peso y que podamos ocupar espacios que durante décadas estuvieron reservados principalmente a hombres.

¿Qué distingue a su cerveza de otras cervezas artesanales españolas?

Esta cerveza tiene una identidad local muy marcada. Está refermentada con levadura procedente de un lagar de sidra, lo que le aporta un carácter único. Además, en su momento fue innovadora por el estilo en el que se encuadra, el Griset, muy poco habitual en el mercado. También fue pionera por el formato: apostamos por la lata cuando este tipo de cerveza solo se entendía en botella. Técnicamente es complejo, porque está súper carbonatada, como un cava, y conseguir eso en una lata supuso todo un reto. La imagen también fue una apuesta fuerte. Encargamos el diseño a Juan Jareño, conocido por proyectos tan visibles como las "letronas" de Gijón en el Puerto Deportivo. Invertimos mucho en marca y el resultado fue inmediato: empezamos a cosechar medallas en concursos internacionales y varios reconocimientos a producto innovador. Ahora también se comercializa en botella y hemos lanzado ediciones especiales en colaboración con el proyecto "Near Drinks" de CETEMAS, para potenciar el uso de barricas de roble asturiano.

¿Cómo fue su experiencia en la World Beer Cup?

La experiencia fue realmente muy positiva y dejó una impresión duradera en todos los aspectos. Normalmente, después de presentar la solicitud hay que esperar años para ser convocado, un proceso que puede resultar largo y lleno de incertidumbre, pero en mi caso tuve la suerte de recibir la convocatoria al segundo año, mucho antes de lo habitual. Durante ese tiempo tuve la oportunidad de conocer a Cris, el director del proyecto, quien se mostró siempre cercano, accesible y dispuesto a escuchar, creando un ambiente de confianza y apoyo que hizo que toda la experiencia resultara todavía más enriquecedora.

¿Qué ha aprendido al evaluar miles de cervezas de todo el mundo?

Se aprende muchísimo, porque en cada país la cerveza se entiende de manera distinta, y cada cultura tiene su propia tradición y forma de interpretar esta bebida. Por eso existen tantos estilos diferentes y no todos se originan en el mismo lugar: cada región aporta ingredientes, técnicas y sabores particulares que reflejan su historia y su identidad. Durante estas experiencias tienes la oportunidad de probar cientos de cervezas distintas y de observar de cerca cómo las elaboran otros cerveceros y cerveceras, aprendiendo no solo sobre procesos, sino también sobre la creatividad y la filosofía que hay detrás de cada producción. Por ejemplo, en Japón se emplea a menudo levadura de sake o incluso ingredientes poco habituales como flores, algo que no se ve con frecuencia en España. Todo esto convierte la experiencia en un auténtico intercambio cultural, una oportunidad de aprendizaje que sería imposible replicar en casa: normalmente no puedes abrir cien cervezas en dos días para probarlas todas.

¿Qué proyectos o novedades tiene previstas dentro de su dedicación profesional?

Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto del que no puedo dar detalles por un contrato de confidencialidad. Lo que sí puedo decir es que el objetivo sigue siendo el mismo: continuar innovando, explorando nuevos procesos y experimentando con ingredientes.

¿Tiene planes de internacionalizar aún más su marca o de experimentar con nuevos estilos de cerveza?

De momento no tengo planes concretos. La verdad es que es un momento de cambio para la cerveza artesana: cada vez se elaboran más cervezas "funcionales", a las que se les incorporan ingredientes como magnesio o cafeína, y la tendencia parece ir por ese camino. En cuanto a mi proyecto, mi idea es seguir fiel a él, aunque no planifico demasiado. Suelo ir improvisando y dejando que las oportunidades surjan.

¿Qué consejo daría a otras mujeres que deseen dedicarse al mundo cervecero?

Creo que los consejos serían los mismos que daría a cualquier hombre. Es fundamental formarse bien y, antes de lanzarse profesionalmente a una cervecería, hacer mucha introspección: preguntarse cuánto realmente te gusta elaborar cerveza y estar en contacto con ella. No es lo mismo preparar diez litros a la semana en casa que gestionar una empresa, pagar sueldos, depender del mercado y cumplir objetivos económicos. Lo más importante es la formación, la curiosidad, el espíritu innovador y tener muy claro que te apasiona como negocio, no solo como afición.

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