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Marlene Bartolomé, nueva directora de la Escuela de Marina Civil de Gijón: "La residencia de estudiantes será un gran apoyo al tenerla tan cerca"

"Tenemos una empleabilidad casi del 100%", afirma la mierense, que "apuesta" por la universidad pública y afronta el reto "con nuevas ideas y proyectos"

Marlene Bartolomé Sáez, este viernes, en la Escuela de Marina Civil.

Marlene Bartolomé Sáez, este viernes, en la Escuela de Marina Civil. / Marcos León

Marlene Bartolomé Sáez (Mieres, 1979) es, oficialmente, la nueva directora de la Escuela Superior de la Marina Civil. Subdirectora desde 2017y profesora de la asignatura de Seguridad del buque en segundo curso, releva a Rubén González. Licenciada en 2003 en la propia Escuela, navegó durante años en buques petroleros y químicos, por lo que conoce al dedillo el oficio.

¿Cómo afronta esta nueva etapa?

Con mucha ilusión, sobre todo por continuar el legado de Rubén, y con nuevas ideas y proyectos para que la escuela siga en un buen momento de alumnado y profesorado tras un periodo más triste.

¿A qué se refiere?

Yo entré en 2013 y por ahí tuvimos una época de baja matrícula y en la que costaba el relevo generacional en el profesorado. Pero, por ejemplo, este curso hemos cubierto todas las plazas en los grados de Náutica y Transporte Marítimo y de Marina.

¿Qué balance hace de estos ocho años como subdirectora?

Uno muy positivo. Hemos aumentado el número de alumnos y estamos bien en cuanto al número de profesores. Nuestra escuela va muy ligada al departamento al que pertenecemos la mayoría que impartimos docencia, el de Ciencia y Tecnología Náutica. Todos somos profesionales, marinos mercantes. Hemos navegado y tenemos nuestra titulación profesional. Hemos puesto en marcha microcredenciales para la formación continua, renovado en su momento el simulador de cargas líquidas, etc.

Su antecesor es Rubén González. ¿Cuál es su legado?

Han sido dos mandatos inmejorables. Se ha dejado la piel día a día por esta escuela y a su lado lo he aprendido todo. Ha confiado en mí como subdirectora y hemos caminado juntos muchas batallas.

¿Qué margen de mejora tiene la Escuela de Marina Civil?

La idea es, por un lado, mantener ese número de alumnado porque sin alumnos no somos nadie. Incluso ha habido listas de espera en los grados. Y luego el título profesional va de la mano del académico y está certificado, para el que tenemos que cumplir un convenio internacional. Mucha de esa formación se hace en simuladores. Necesitamos seguir manteniendo los que tenemos, aunque uno de ellos querríamos renovarlo y hay que conseguir financiación. También queremos crecer en la formación continua. Es una profesión en la que hay que actualizarse cada día.

Prosiga.

Para trabajar en buques petroleros, químicos y gaseros, se necesitan unos certificados de especialidad. La escuela está homologada y nuestros alumnos salen con ellos, pero a los cinco años caducan y hay que reciclarse. Por eso pusimos en marcha mediante la fórmula de microcredenciales esa formación para ofrecer a los egresados el poder renovar sus certificados. También queremos centrarnos en cursos de expertos o especialidades que puedan surgir.

¿Qué atractivos tiene el centro?

Quien estudia un grado universitario está formándose para el futuro, para tener un trabajo. Tenemos una empleabilidad prácticamente del 100%. Los egresados trabajan navegando y ahora además hay mucho trabajo en tierra. Hay relevo generacional en torres de control de tráfico marítimo y hay trabajo también en las Capitanías Marítimas. Y en el ámbito privado, en las consignatarias, navieras... O en las centrales térmicas o hidráulicas.

¿Sigue teniendo tirón el sector?

Creo que sí. No sé si ha llegado el mensaje del trabajo y por eso también hemos subido en matrícula. En España solo hay siete escuelas de náutica y tenemos alumnos de fuera de Asturias. Y el primer año gratuito en la matrícula en la Universidad pudo ser un atractivo. Intentamos hacer toda la promoción de nuestros estudios, yendo a institutos, en jornadas de orientación universitaria.

¿Qué supuso la renovación del planetario?

Un cambio muy grande. El antiguo nos dio un servicio durante muchos años a los románticos de la astronomía y la navegación astronómica nos fascinaba, pero este tiene más prestaciones.

La intención era abrirlo al público.

Lo utilizamos para docencia, y también el ICTEA (Instituto de Ciencias y Tecnologías Espaciales de Asturias), pero la idea es esa, dar servicio a la ciudadanía, al menos que colegios e institutos retomen aquellas visitas que se hacían, que son muy interesantes.

¿Qué papel pueden jugar en Naval Azul?

Estamos formando a futuros profesionales del sector y está claro que ahí tenemos que estar.

¿Qué significaría la residencia de estudiantes?

Sería un gran apoyo al tenerla tan cerquita. Y se beneficiaría todo el campus, la Escuela Politécnica de Ingeniería y la Facultad «Jovellanos».

¿Cómo ve el desembarco de la Universidad Europea?

Competencia no será porque no vendrá con estudios náuticos; pero estamos en la universidad pública y pensamos siempre en una universidad pública. Apuesto por ella.

¿Pueden ser compatibles?

Imagino que puedan serlo.

¿Hay planteamiento de implementar nuevas titulaciones?

Nuestros estudios se centran en que los alumnos sean pilotos de la Marina Mercante quienes estudian Náutica y Transporte Marítimo y oficiales de máquinas quienes estudian Marina. Están cubiertas esas necesidades. Hay que ir hacia las microcredenciales y la formación continua, pero no hacia nuevos grados.

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