Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Gijón iniciará en enero un nuevo estudio sobre el sinhogarismo tras detectar que los perfiles de vulnerabilidad extrema están cambiando

Servicios Sociales prepara un plan que aclare las "necesidades específicas" de un problema social con nuevos perfiles y casos crónicos

Una persona sin hogar en la Plaza de Florencio Rodríguez.

Una persona sin hogar en la Plaza de Florencio Rodríguez. / ÁNGEL GONZÁLEZ

Gijón

La Fundación de Servicios Sociales impulsará a inicios de año un nuevo estudio que aclare "las necesidades específicas" del sinhogarismo en Gijón. El trabajo previo para esta medida lleva desarrollándose desde hace meses y tras apreciar tanto los técnicos municipales como las entidades que integran la Red de Inclusión Activa (Redia) que los perfiles de personas que se ven esta situación de vulnerabilidad extrema están cambiando. La muerte de tres personas sin hogar que dormían al raso en la ciudad en estas últimas semanas ha puesto el foco mediático en un problema social complejo y multifactorial que tendrá el año que viene, también, un nuevo diagnóstico, ya que según explica Covadonga Landín, directora de la Fundación, en 2026 se espera realizar a nivel nacional un nuevo conteo de personas en situación grave de sinhogarismo. El último, realizado a finales de 2023, dejaba 76 afectados en Gijón.

Este nuevo estudio que se espera comenzar en enero completará un trabajo que desde hace ya tiempo vienen realizando la Fundación y la Redia, cuya reformulación hace unos años, integrando a nuevas entidades, permitió crear un primer marco estratégico y consensuar reformas como la ya anunciada para el Albergue Covadonga, que se remodelará por completo para facilitar una atención más individual que permita al usuario retomar un proyecto de vida propio y desvinculado de las instituciones. "Queremos contar con un estudio minucioso, pormenorizado, sobre las necesidades que tenemos hoy en Gijón y sobre los recursos que tenemos disponibles para ver qué se puede organizar y qué se debe reestructurar", detalla Landín, que considera también importante poder actualizar ese conteo de personas en situación de sinhogarismo, una labor que se realiza de manera coordinada a nivel nacional y que finalmente no se convocó para este año que ya termina. "Cuando se vuelva a convocar, como ciudad nos sumaremos seguro", señala la directora.

En ese último conteo local, los voluntarios habían detectado a 53 personas que dormían al raso y a 23 que pernoctaban en chupanos –instalaciones no aptas para ser habitadas como casas abandonadas o naves industriales–, una cifra que suponía una rebaja respecto a años anteriores, si bien ya entonces se apuntaba a que los números oscilaban sustancialmente de año a año. Por lo demás, y a falta de datos más actualizados, la tendencia que sí acreditan técnicos y entidades es que el perfil del sinhogarismo es hoy más diverso. "Antes era muy difícil ver a mujeres en situación de calle y hoy empieza a ser habitual. También hay más personas jóvenes", adelanta Landín, que recuerda que las personas que duermen al raso son solo una parte, la más visible, de este problema. Desde la Redia ya han alertado, por ejemplo, de estar trabajando con cada vez más familias con menores que no logran acceder a una vivienda y con personas con bajos ingresos –trabajos precarios e inestables o ayudas sociales– que hace unos años podían alquilar una habitación en un piso compartido y que hoy ya no pueden asumir su precio.

La "desesperanza"

Estas nuevas necesidades, completa Landín, complican aún más la situación de las personas con vulnerabilidad más extrema, las que duermen al raso, aumentando el riesgo de que su problema se cronifique. "A una situación de calle no se llega de un día para otro, pero cuando llegas todo se intensifica. Es difícil no sufrir problemas de salud mental, por ejemplo, y muchas personas acaban en la desesperanza. Piensan que ya no pueden salir de donde están y tiran la toalla", razona la directora.

A la última persona fallecida –hallada este sábado en un cajero del Carmen–, de hecho, dos trabajadoras de la Cocina Económica habían intentado convencerle para que acudiese al hospital. "Esa labor es invisible y en casos como este duele mucho, pero ha habido otros muchos donde ese trabajo funciona y la persona salva su vida", incide la directora, que recuerda que una persona sin hogar tiene el mismo derecho a defender su autonomía que cualquier otro vecino: no se le puede obligar a recibir atención si no quiere. Señala también que esa "desesperanza" y el no querer ser asistidos son emociones que afloran con más facilidad cuando la situación de sinhogarismo se prolonga en el tiempo. Bajo la premisa lógica de que la detección temprana de casos vulnerables para evitar su deterioro será una las medidas que deban potenciarse, el abordaje exacto del sinhogarismo en Gijón tendrá una nueva hoja de ruta a partir del año que viene.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents