La figura de la semana: Rocío Álvarez Fernández, la líder que triunfa desde la positividad
A la codirectora de la Fundación Mar de Niebla le encanta ver los partidos de fútbol de su hijo, Isma, salir en bicicleta y participar junto a su pareja, Edu, en competiciones de puzles

Rocío Álvarez Fernández. / Mortiner
La Fundación Mar de Niebla está cerrando el año con un calendario repleto de actividades y presentaciones de proyectos para impulsar la zona oeste y favorecer la vida de aquellas personas con más necesidades. El equipo de voluntariado y el resto de los profesionales de la entidad están totalmente volcados y eso genera una enorme satisfacción entre aquellas personas que ya son referentes en lo que tiene que ver con la cooperación y la colaboración ciudadana. Una de esas grandes figuras y ejemplos a seguir es Rocío Álvarez Fernández (Riaño, 1979), quien desde 2022 desempeña las labores de codirectora en una asociación que cuida como si se tratara de su segunda casa.
Pese a no ser natural de Gijón, Rocío Álvarez llegó a la ciudad desde Ciaño con apenas año y medio y todos sus recuerdos de la infancia se sitúan a esta orilla del Cantábrico. Concretamente en La Calzada, ya que su familia se estableció desde entonces en la calle Brasil, en pleno corazón del oeste gijonés, donde nacieron sus hermanos Laura, Javier y Denis. En ocasiones, a los hermanos mayores les cuesta asumir su rol y sacan su lado más rebelde y celoso. En cambio, siendo todavía pequeña, Álvarez ya demostró la capacidad que tiene a la hora de asimilar la realidad para ponerse en el lugar de quienes le rodean y dar todo de su parte para que el resto se sientan cómodos. Ese paso adelante lo agradeció enormemente su madre, Rosina Fernández, quien contó con ella a diario.
Precisamente, su progenitora, la persona con la que ha compartido cada una de las fases de su vida, considera que a partir de esa época comenzó a atraerle la idea de orientar sus estudios hacia un futuro como el Trabajo Social. Antes de completar esa carrera con éxito en la Universidad de Oviedo, fue una excelente alumna de la guardería Heidi, del antiguo colegio Lope de Vega y de la Universidad Laboral, en la que realizó el bachillerato y en la que hizo amigas con las que todavía mantiene una bonita relación.
A la protagonista de estas líneas siempre le ha caracterizado su disposición para afrontar los retos que se le iban presentando con una sonrisa de oreja a oreja y guardando respeto hacia los demás. Quienes mejor la conocen la definen como una persona amigable, sociable y empática. Incluso ante situaciones injustas y preocupantes, para ella ser positiva, sonreír y centrarse en las posibles soluciones es innegociable. Así lo demostró por enésima vez en una de las últimas manifestaciones contra el tráfico pesado por la avenida Príncipe de Asturias, en la que alzó la voz para recordar que "mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo".
Con esas cualidades dejó su huella en Argentina, país al que se marchó al finalizar Trabajo Social para un voluntariado y al que ha regresado en diversas ocasiones con su compañero de vida, Eduardo, y su hijo, Isma, de 17 años. Juntos han creado una familia que reside en La Camocha, pero que nunca para de buscar nuevos lugares que visitar de la mano. Algunos de los puntos que se les quedaron grabados son Marruecos y Francia, aunque Argentina continúa ocupando el primer escalón del podio.
A sus 46 años, "Ro", como la llaman en su entorno, está totalmente volcada en conseguir que Mar de Niebla siga dando pasos de gigante con el objetivo de aportar a cualquier persona un espacio seguro y en el que poder crecer, además de cuidar los derechos de la infancia y la juventud. Su primera etapa en la Fundación tuvo lugar en 2007 y, después de pasar por varios proyectos relacionados con el Trabajo Social, regresó a Mar de Niebla desde 2014 y hasta la actualidad. Su implicación, vocación, compromiso y profesionalidad le llevaron a tener distintas responsabilidades en la entidad, en la que desde hace tres años es codirectora junto a Eva Tirado, una compañera con la que forma un tándem único.
No obstante, a pesar de que su agenda cuenta con pocos espacios libres, Rocío Álvarez sabe aprovecharlos a las mil maravillas. Sus mayores aficiones son disfrutar viendo a su hijo jugar como centrocampista en el Atlético Camocha, comer con su madre, tomar sidra con sus amigas, salir en bicicleta, acudir a torneos de puzles y leer novelas, unas actividades que le permiten recargar fuerzas para permanecer firme en el propósito de que Gijón sea una ciudad aún más justa a nivel social.
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