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Luto en Manos Unidas por la muerte en Gijón de María Elvira García Castañedo, una mujer que "dedicó su vida a los demás"

Condecorada por el Papa con la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice, dejó el cargo de delegada diocesana en el mes de julio

María Elvira García Castañedo, junto a Fernando Alonso, en una imagen de archivo.

María Elvira García Castañedo, junto a Fernando Alonso, en una imagen de archivo. / Miki López

"Fue una mujer dedicada a los demás, a los necesitados y a su familia". Así recordaban ayer a María Elvira García Castañedo, quien falleció el pasado domingo en Gijón a los 87 años de edad, sólo unos meses después de haber sido relevada como delegada diocesana de Manos Unidas en Oviedo, cargo que desempeñó durante 24 años.

Aunque nacida en Santa Eulalia de Cabranes en octubre de 1939, se consideraba gijonesa, dado la familia la trajo a Gijón cuando tan sólo tenía tres meses de edad. Las raíces familiares por parte materna las tenía en San Román de Infiesto. Entre los 13 y los 17 años estudió como interna en el colegio de las Carmelitas de la Caridad de Infiesto, al trasladarse fuera de Asturias sus padres por motivos laborales.

Fue a través de las Congregaciones Marianas, que dirigía el padre Losantos, como comenzó su labor humanitaria, yendo a ayudar a las personas que vivían en "Villacajón", una de las zonas chabolistas que hubo en Gijón. Estuvo como voluntaria durante 16 años en el colegio Santa Laureana, en Somió, un colegio para niñas huérfanas.

A Manos Unidas se vinculó a través de Amparo Coto Cienfuegos-Jovellanos, en 1994 y tres años después la nombraron responsable en Gijón. En 2001 la nombraron presidenta delegada para Asturias en sustitución de Ilda Méndez y el pasado mes de julio ella misma fue relevada por Marta Fano.

Sin homenajes

"No quiso que la homenajeáramos, nos dijo ‘entré en silencio y me marcho en silencio’", señala la delegada de Manos Unidas en Gijón, Inmaculada Muñiz. "Era tan sencilla, que ni siquiera sabíamos que la había condecorado el Papa", añade, algo de lo que se enteraron al leer su esquela: que fue condecorada con la Cruz Pro Ecclesia et Pontifice.

Deja una profunda huella en quienes fueron sus colaboradores. "Era una persona muy humana, con entrega total, y con una cabeza privilegiada. Siempre valoró el esfuerzo de los voluntarios. Era una persona excepcional que se desvivió por la organización y que se implicaba muchísimo, utilizando sus contactos y amistades a favor de la causa", añade la delegada en Gijón de Manos Unidas.

María Elvira García Castañedo estaba soltera. El velatorio y la inhumación de sus restos mortales se realizaron en la intimidad familiar. El funeral por su eterno descanso se celebrará mañana miércoles, a las cinco y media de la tarde, en la Iglesia Mayor de San Pedro de Gijón.

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