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Las razones del cierre indefinido de la histórica Quinta del Ynfanzón (y la leyenda de su supuesto fantasma no tiene nada que ver)

"Vamos a parar y pensar", señalan los dueños, que estudian una reestructuración del negocio

Terraza de la Quinta del Ynfanzón.  | PABLO  SOLARES

Terraza de la Quinta del Ynfanzón. | PABLO SOLARES

Deva

La histórica Quinta del Ynfanzón, uno de los palacios con más solera del concejo, cierra las puertas de su negocio manera indefinida. Los responsables del complejo han decidido parar su actividad hostelera y de recepción de eventos para darse un tiempo y pensar una posible "reestructuración" del negocio que quieren meditar con calma. "Cerramos por ahora sin fecha de apertura", confirmaba ayer Claudio Vereterra, gerente del espacio, y que admitía con pena el parón de un negocio que llevaba más de 20 años funcionando sin interrupción en un enclave arquitectónico que suma siglos de historia.

Vereterra explica que ha habido "varios problemas de funcionamiento" en la Quinta en los últimos meses. Entre ellos se encuentra el ya conocido déficit de personal hostelero cualificado, pero admite el gerente que el cierre no se achaca únicamente a esto y que precisamente el parón busca dar con un diagnóstico justo y una solución apropiada. "Vamos a parar un poquitín y ver cómo se puede hacer una reestructuración que nos permita salir de esta", comentaba ayer el responsable, que explicó que esta es la primera pausa seria que se toma el negocio en 23 años. Fue en 2002 cuando el recinto se reformó para que buena parte de la propiedad se destinase al negocio hostelero y celebración de eventos.

Por ahora, en la Quinta del Ynfanzón prefieren hablar de un cierre temporal y se aferran a la esperanza de dar con un nuevo modelo de funcionamiento más viable y ajustado a sus necesidades. No se imponen, sin embargo, ninguna fecha para ello. La hipotética reapertura no tiene un horizonte definido y el negocio ya no está abierto al público ni admite reservas hasta nuevo aviso.

Esta casona asturiana tiene una historia inmensa y muy ligada a la familia de Vereterra. Su aspecto actual data sobre todo de 1852 –el entorno ya estaba habitado antes, pero la estructura original se reconstruyó por varios incendios–, con el añadido posterior de un salón de música y una galería que la conecta con el comedor. Consta que a lo largo del siglo pasado por esta propiedad pasaron los rostros más destacados de la sociedad asturiana.

Tras su reforma a inicios de siglo, surgió la oportunidad de impulsar un negocio de restaurante, cafetería y hotel, con espacios aptos para acoger bodas y actos concurridos. El jardín histórico y el aparcamiento de la finca acabaron de rematar el atractivo del complejo, sumado a la conocida leyenda de su supuesto fantasma, Ana de Solís. Su historia dice que fue emparedada, acusada de adulterio, y que su espíritu se niega a marcharse y vaga por la finca, sobre todo, cada 25 de agosto, día de San Luis, que era como se llamaba su esposo.

Con el cierre de la Quinta del Ynfanzón la ciudad se queda, al menos durante un tiempo, sin uno de los negocios con más solera por el valor arquitectónico de una casona que la familia Vereterra defiende y cuida desde hace un buen puñado de generaciones. El negocio firmó uno de sus capítulos más emocionantes durante la pandemia, en verano de 2020, cuando recibieron la visita de los Reyes de España.

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