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Borja Muñiz, lotero gijonés, resume en solo tres palabras lo que significa vender grandes premios del sorteo de Navidad: "Es lo máximo"

Repartir buenas sumas de dinero ha tenido efectos positivos para la popular administración El Búho de la Suerte: "La gente es supersticiosa y quiere jugar donde ya ha tocado"

Borja Muñiz, en la administración n.º 5 de Gijón.

Borja Muñiz, en la administración n.º 5 de Gijón. / Juan Plaza

Demi Taneva

La administración de lotería n.º 5 de Gijón, conocida como El Búho de la Suerte, lleva décadas siendo una referencia en la ciudad para quienes buscan tentar a la suerte. Ha vendido importantes premios e impulsado la tradición local de jugar en el mismo lugar agraciado en otros años: "Hemos dado el Gordo de Navidad, el Gordo del Niño, el tercero del Niño y varios quintos premios de Navidad", resume su responsable y presidente de la Agrupación Nacional de Administradores de Lotería, Borja Muñiz.

El momento más recordado llegó en 2023, cuando desde este despacho se vendió un décimo del Gordo de Navidad. "Como lotero es lo máximo, lo más alto a lo que puede aspirar una administración", reconoce Muñiz, que explica que, aunque el premio cambia la vida de quienes lo ganan, para ellos supone "un pozo de tranquilidad".

Borja Suárez con su equipo celebrando un premio el año pasado

Borja Muñiz con su equipo celebrando un premio el año pasado / Marcos León

El efecto de dar grandes premios

Repartir grandes premios también tiene efectos visibles en el día a día, ya que "la gente es supersticiosa y quiere jugar donde ya ha tocado", admite Muñiz, que confirma un aumento de clientes, especialmente a medida que se acerca el sorteo navideño. "Es un no parar, sobre todo en la última semana".

Borja Suárez, después de dar un quinto premio en 2024

Borja Muñiz, después de dar un quinto premio en 2024 / Marcos León

Esa misma ilusión la vive el equipo que atiende al público. Teresa Rubiera, lotera en la administración desde hace cinco años, asegura que "se siente mucha alegría al repartir dinero, porque la gente se pone muy contenta y nosotros más". Tras dar el Gordo, añade: "Viene mucha más gente, por si vuelve a tocar".

El día del sorteo se vive con nervios propios. "Vamos comprobando cada premio en el ordenador según va saliendo. Pasamos toda la mañana pendientes", explica Rubiera. Una rutina que, año tras año, mantiene viva la ilusión.

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