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Javier Torices, pintor que expone en la galería de Aurora Vigil Escalera: "El mar nos lleva a un plano más espiritual, a otros lugares"

El madrileño regresa por sexta vez al espacio artístico con "Thalasso", una colección que pone el foco en la emoción y el "bienestar" que evoca el agua marina

Javier Torices, con una de sus pinturas, en la galería de Aurora Vigil Escalera.

Javier Torices, con una de sus pinturas, en la galería de Aurora Vigil Escalera. / Marcos León

Gijón

Javier Torices (Madrid, 1968) regresa por sexta vez a la galería de Aurora Vigil Escalera con "Thalasso", una muestra que podrá visitarse hasta el 29 de enero de 2026 y que refleja su pasión por inmortalizar el mar con habilidad fotorrealista.

Con un dominio excepcional del acrílico, Torices invita a un viaje introspectivo donde el agua se convierte en emoción profunda. Además, hay guiño especial a Gijón, con obras que exploran la bravura del Cantábrico y la luz de la bahía de San Lorenzo.

La muestra se llama "Thalasso". ¿Por qué ese nombre?

Proviene del griego y significa "mar". Aunque está el acuñado por René Quinton, la "talasoterapia". Fue una técnica que él desarrolló al darse cuenta de que los elementos químicos del cuerpo humano corresponden a los mismos del mar con la que curó muchas enfermedades a principios del siglo XX. Por tanto, el nombre tiene que ver con el bienestar, la calma y todo lo que aporta el mar.

¿Qué representa para usted el mar?

Para mí es la capacidad de poder parar. Llegas al mar y la mente y el cuerpo se paran, te lleva a otro plano más espiritual, a otros lugares. Es un poco sentir que el mar no solamente nos rodea, sino que también nos habita. Entiendo que mirar este tipo de arte te puede llevar a un estado meditativo, igual que cuando uno se sienta delante del mar y, sin saber por qué, el pensamiento va a otro lugar que no es la rutina. Quizá los que lo tenéis cerca lo veis rutinario, pero a los que no nos pasa mucho.

Su obra genera un fuerte impacto emocional en los espectadores.

En 2022 hice una retrospectiva de diez años en el espacio Casa de Vacas de Madrid. Pasaron más de 30.000 personas y algunas de ellas se emocionaban profundamente viendo la obra, incluso lloraban. Yo sabía que mi obra emocionaba, pero no hasta ese nivel. Empecé a tirar del hilo y a preguntarles qué sentían. A algunos les llevaba a su infancia, a otros a un familiar fallecido. Poco a poco me di cuenta de que el mar conecta con las emociones, con la introspección, la calma, el ir al origen. El mar nos mueve a todos algo por dentro.

¿Cómo selecciona los paisajes?

Trabajo por los mares que rodean España y trato de que haya representación de cada lugar. El Cantábrico es un mar enérgico, bravo y potente. Para mí es más complicado de pintar por la luz, que casi siempre tengo a la izquierda o a la espalda y tengo que buscar recovecos geográficos que orienten la playa hacia la luz. En cambio, lo más representativo del Mediterráneo es la calma. Esas orillas tranquilas donde se ve la espuma moviéndose y esas aguas transparentes y cristalinas.

Concreta la hora exacta en sus cuadros. ¿Por qué es importante?

Casi nunca hay casualidad en mi obra. Voy buscando los momentos. Lo que busco normalmente es el contraluz más directo, donde la luz es más blanca y donde más brilla el mar. En Gijón, por ejemplo, para buscar ese efecto tiene que ser por la tarde desde el paseo, porque aquí tenéis el sol siempre metido en tierra y solo asoma un poco sobre la ciudad al atardecer.

¿Qué le aporta el acrílico sobre otros materiales como el óleo?

La ventaja del acrílico sobre todo es que seca rápido. Me permite hacer veladuras, empastes y tapar de forma ágil. Aunque tiene menos potencial cromático que el óleo, lo suplo con estas técnicas de veladura. Finalmente, la gente no lo distingue. Mucha gente lo ve y piensa que es óleo. Parto de una foto para la forma, el volumen y la luz, pero el resto es todo de cabeza. Lo que la persona percibe como algo real y que le conmueve es mi experiencia con el mar.

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