Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La hostelería gijonesa llora a Federico González, histórico chigrero de Casa Fede, fallecido ayer a los 81 años: "Estaba hecho de otra pasta"

La familia del gijonés destaca que era un hombre "generoso" y fundador de la icónica sidrería de Cimavilla junto a su esposa, María José Coalla

Federico González Fuertes y su esposa, María José Coalla, de sobremesa en una imagen de archivo.

Federico González Fuertes y su esposa, María José Coalla, de sobremesa en una imagen de archivo. / .

La hostelería local llora a Federico González Fuertes, histórico chigrero de Casa Fede, fallecido ayer a los 81 años. El popular gijonés, muy apreciado por sus compañeros de profesión y por el barrio de Cimavilla, había enfermado hace unos meses. Abrió las puertas de Casa Fede hace tres décadas de la mano de su esposa, María José Coalla, fallecida en octubre del año pasado. La hija de ambos, Yolanda Coalla, regenta el negocio familiar con la misma esencia de antaño y en compañía de su esposo, José Joaquín Riestra. González Fuertes era también abuelo del futbolista Nico Riestra, que debutó este año con el Sporting. "Tanto él como mi madre estaban hechos de otra pasta; demostraron que querer es poder", contaba ayer Pablo Coalla, el otro hijo del hostelero.

El popular negocio comenzó a recibir clientes en su conocido local de la calle Acacia, a los pies de Cimavilla, en diciembre de 1997. Antes, González Fuertes vendía coches en el mismo inmueble, en la planta baja –se llamaba Autos Fede–, mientras su mujer, maestra, daba clases en el altillo, en la Academia Cimavilla. Aquel sistema les funcionaba, se mantuvo así durante años –la venta de coches resultó ser un negocio exitoso, seguramente por la valía que tenía el fallecido para tratar con clientes– y, en realidad, Casa Fede a punto estuvo de no ver jamás la luz. Fue cuando la calle Acacia cerró al tráfico cuando la idea del concesionario dejó de tener sentido en un barrio Alto donde el ambiente hostelero era ya una tradición asentada. "La peatonalización fue a finales de los 90 y era una época complicada. Mi padre tenía 54 años y mi madre, 50. No era fácil buscar trabajo entonces y a esa edad. La zona pedía una sidrería", completa el hijo. 

Su nieto Nieto Riestra, debut rojiblanco

Pensó entonces Fede González que las maravillas que cocinaba su mujer podrían brindarles un futuro nuevo. Y acertó. Su esposa hasta ese momento jamás había cocinado a un nivel profesional y tenía como mucho la experiencia de dar de comer a algún grupo en fiestas familiares, pero con su valía, y con el buen don de gentes de él, la ciudad supo recibir con generosidad a una sidrería que siempre pudo presumir de platos. Quizás el más famoso fue el de pulpo con patatines, una tradición ineludible cada jueves para muchos gijoneses. En Casa Fede se comió siempre buen pescado.

González Fuertes, experto en buscarse la vida, tuvo muchos oficios. Además de los ya citados como hostelero y comerciante, llegó a sus 81 años con experiencia en casi todo. Quedó huérfano joven, a los 14, así que a través del Hogar de San José empezó a trabajar pronto. Empezó en una carnicería y, después, en la antigua cristalería Dirsa. También fue carpintero. Fue importante su incursión en el fútbol –jugó en el Sporting tres años y uno cedido en la Cultural Leonesa–, y a través de conocidos de este deporte fue como conoció al que acabaría siendo el amor de su vida. Trabajó, además, en la primera tienda de Coalla Alimentación en la ciudad, en la calle Vicaría, y después fue empleado del Banco de Crédito Comercial. Después ya llegó la etapa de Autos Fede, que fue próspera y que tuvo como capítulo anecdótico la puesta en marcha de un taller auxiliar que impulsó con Enrique Castro, "Quini". "Jugaron juntos de juveniles y eran amigos", completa el hijo.

De tantas vidas laborales se quedó González Fuertes con la vocación hostelera, pero también con la carpintería. Mantenía un local en Cimavilla donde hasta hace bien poco seguía trabajando en sus proyectos. "En ese tallerín hizo arreglos para muchos vecinos del barrio y para gente de la familia, y también para la sidrería. Si se rompía una silla, la arreglaba Fede. Si había que barnizar la barra, se llamaba a Fede", señala Pablo Coalla.

Funeral, hoy sábado por la tarde en San Pedro

En Casa Fede, hace ahora casi 30 años, encontraron González y Coalla un hogar propio, un legado que dejar a sus hijos y la oportunidad de dejar sus nombres en la historia de la hostelería local. Pero encontraron, también, a decenas de clientes que se volvieron amigos con el tiempo y que hace ahora poco más de un año ya tuvieron que llorarla a ella, a María José, fallecida en octubre de 2024 a los 76 años.

Con fama de ser ocurrente y extrovertido, Fede González deja desolados a una lista larga de compañeros que lo describen también como una persona "buena y muy generosa", dispuesta siempre a ayudar a amigos y clientes en aquello que estuviese de su mano. Era el primero en ofrecerse a pagar una ronda –el aguinaldo a sus nietos era quizás la primera tarea que hacía a cada inicio de mes– y mientras la salud se lo permitió "hizo mucha vida en la calle" y en los chigres.

La pérdida de su esposa en octubre del año pasado fue un duro golpe para toda la familia, y el hostelero, afectado de una patología cardiaca, había enfermado también hace ahora unos seis meses. Vivió con ilusión, sin embargo, el ascenso futbolístico de su nieto Nico Riestra, que debutó con el Sporting el pasado octubre, y tiene otro nieto, Pablo Coalla, más joven, que también está labrándose una prometedora carrera en el mismo deporte. Federico González deja a sus hijos, Yolanda y Pablo Coalla, y a cuatro nietos: Nico, Gonzalo, Pelayo y Pablo, además de a primos, tíos y familia política. La iglesia de San Pedro acogerá hoy su funeral a las 18.00 horas.

Tracking Pixel Contents