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José Armas, organizador de la Semana Mágica de Gijón: "En unos pocos días hemos podido ver a lo mejor del ilusionismo mundial"

El mago ovetense anima a acudir al Jovellanos para vibrar con el espectáculo de hipnosis del día 4, para el que restan pocas entradas: "Cambia tu percepción de la mente"

José Armas, en el paseo de Begoña.  | MARCOS LEÓN

José Armas, en el paseo de Begoña. | MARCOS LEÓN

Demi Taneva

Demi Taneva

Gijón

José Armas Montes (Oviedo, 1985) es el organizador de la Semana Mágica de Gijón. El "Ilusionista", como así se hace llamar, hace balance de una edición que vuelve a batir récords de público, con llenos absolutos en las galas internacionales y miles de personas congregadas en los espectáculos de calle. La programación abarca casi tres semanas –empezó en diciembre–y culminará el día 4 con la gran gala final de hipnosis en el teatro Jovellanos.

¿Cómo está funcionando la Semana Mágica en esta edición?

La verdad es que está funcionando muy bien. Acabamos de cerrar las galas internacionales con el cartel de "no hay entradas" y el espectáculo de hipnosis del día 4, que clausura el festival, tiene ya prácticamente todo vendido, con entradas solo en las plantas superiores. En Begoña estamos haciendo hasta cuatro funciones algunos días, con una media de 600 personas por función. Cada año viene más gente y llega un momento en el que ya no sabemos dónde meterla.

Las actuaciones de calle son uno de los grandes reclamos. ¿Qué respuesta están recibiendo del público?

La gente está encantada. Al principio, cuando esto duraba solo una semana, hacíamos una función diaria. Como se desbordaba, pasamos a mañana y tarde, luego mañana, tarde y noche, y aun así seguía llenándose. Por eso tuvimos que ampliar el festival a más de una semana. Hay espectadores que vienen por la mañana y repiten por la tarde para ver al mismo mago, y eso dice mucho del interés que despierta.

¿Cómo vive usted personalmente estas semanas tan intensas de trabajo?

Es durísimo. Duermo tres o cuatro horas al día desde mediados de diciembre y no tienes vida. Es un trabajo de todo el año, pero estas semanas son de lunes a lunes sin parar. Pero todo ese esfuerzo se compensa cuando la gente se te acerca por la calle para darte las gracias por traer la magia en Navidad. Ese cariño lo paga todo.

¿Ese contacto directo con el público es lo que más le recompensa?

Sin duda. Que la gente te pare por la calle o en el teatro y te agradezca lo que haces, que te diga que es un plan familiar que esperan cada Navidad, te llena muchísimo. Ves que el trabajo merece la pena.

Esta edición reúne a magos internacionales de muchos países. ¿Qué aporta esa diversidad al festival?

De esta manera el público puede ver todas las disciplinas de la magia representadas por los mejores del mundo. Tenemos campeones mundiales de grandes ilusiones, especialistas en magia de cerca, al hipnotista del Circo del Sol… Es una oportunidad única de ver en pocos días lo mejor del ilusionismo mundial.

¿Qué diferencia esta edición de las anteriores?

La valoración general es que esta ha sido la gala internacional que más ha gustado hasta ahora. Eso, por un lado, es una satisfacción enorme, pero por otro te genera una presión tremenda pensando en cómo superar esto el año que viene. Intentamos variar siempre los artistas y los estilos para que el público vea cosas distintas sin bajar el nivel.

Si tuviera que destacar un número que esté sorprendiendo especialmente, ¿cuál sería?

Es muy difícil porque cada persona te dice uno distinto. A algunos niños les impresionó más cuando desaparecieron en el ascensor, otros se quedan con la chica que volaba o con los cambios de vestuario instantáneos. Pero si hay algo que realmente marca a la gente es el espectáculo de hipnosis.

La hipnosis suele generar dudas o recelos en parte del público. ¿Qué les diría?

Que vayan al teatro y lo comprueben. Nadie es obligado a participar. El que quiere, sube al escenario; el que no, lo ve desde la butaca y se ríe de principio a fin. Es una experiencia única que cambia tu percepción de la mente humana. Cuando lo ves en directo, ya no dudas más.

Las galas del teatro Jovellanos son uno de los momentos culminantes del festival. ¿Cómo se prepara un evento de esa magnitud?

Con muchísima antelación y trabajo. Este año reunimos a cinco de los mejores magos del mundo, incluidos campeones mundiales recién proclamados. Conseguir esas fechas es muy complicado porque, cuando ganan un campeonato, todos los festivales internacionales los quieren. Poder traerlos a Gijón es un lujo enorme.

¿Qué supone para una ciudad como Gijón acoger un festival de este tamaño?

Es algo muy poco habitual. No hay muchos festivales en Europa que llenen cinco galas en un teatro de mil butacas en una ciudad de poco más de 200.000 habitantes y que además duren casi tres semanas. Normalmente este tipo de eventos se hacen en grandes capitales. Eso dice mucho del público gijonés y de la afición que se ha creado.

Esa afición parece ya heredarse entre generaciones.

Totalmente. Hay niños que empezaron viniendo con cinco años y ahora están en la universidad y siguen viniendo. Familias enteras que mantienen la tradición incluso después de perder a algún miembro. La magia se ha convertido en un plan familiar de Navidad en Gijón.

Para quien nunca haya asistido a la Semana Mágica, ¿cómo lo animaría a hacerlo?

Les diría que se olviden de la idea de que la magia es solo para niños. Es un espectáculo para todas las edades, donde disfrutan igual los pequeños, los adolescentes, los padres y los abuelos. Mucha gente viene con expectativas bajas y acaba siendo la más fascinada.

Después de tantos años, ¿qué ha aprendido como organizador?

Que la mejor publicidad es el espectador satisfecho. La gente que sale encantada este año es la que trae a más gente el siguiente. Así se crea una afición y una marca sólida.

¿Qué significa para usted traer cada año tanta magia a Gijón?

Es un orgullo como asturiano. Cuando empecé no había festivales de este nivel aquí. Hoy hay una verdadera afición porque hay una oferta constante. Ver que la magia forma parte de la Navidad gijonesa y recibir el cariño de la gente es la mayor recompensa.

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