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Aryel Altamar hipnotiza al teatro Jovellanos en la clausura de la Semana Mágica de Gijón: "Es una experiencia diferente"

El artista argentino, integrante del Circo del Sol, pone a decenas de voluntarios a "tocar" la guitarra o a "ver" una película en un ameno espectáculo

Aryel Altamar hipnotiza al teatro Jovellanos de Gijón en la clausura de la Semana Mágica.

VÍDEO: Sergio García / FOTO: Marcos León

Gijón

Sentir el rock and roll en las venas y ofrecer un enérgico concierto guitarra en mano o disfrutar de unas palomitas en una cómoda butaca del cine. Eso "vivieron" ayer, sobre el escenario del teatro Jovellanos, más de una treintena de afortunados, protagonistas de un espectáculo de hipnosis, cortesía del argentino Aryel Altamar –hipnotista del Circo del Sol–, que sirvió para clausurar la Semana Mágica de Gijón y, a la vez, para dejar caras de asombro y carcajadas en un público entregado.

"Lo que están a punto de ver no lleva arreglos previos", adelantaba una voz en off, que invitaba a los asistentes a "despejar sus mentes". "La hipnosis no tiene que ver con dormir o desmayarse; es un proceso de concentración", señaló Aryel Altamar, que recibió un sonoro aplauso cuando recalcó que "no hace falta hacerle ‘bullying’ a una persona para que un show sea divertido". El argentino, referente en lo suyo, pidió al público "dejarse llevar". En las tablas del teatro había treinta sillas, que se ocuparon en un suspiro cuando el artista requirió voluntarios. "Vais a vivir una experiencia diferente", adelantó.

Y acertó. Altamar solicitó a los participantes evadirse de distracciones, como el móvil o las gafas quien las portara. Con unos ejercicios de respiración, el hipnotista logró que la mayoría de los protagonistas se sumieran en un trance. En cuanto les decía "duerme" parecían adentrarse en un profundo sueño. Los tenía en la palma de la mano.

Las risas se desataron en las butacas cuando los "hipnotizados", sin abrir ni un momento los ojos, desenvainaron sus "guitarras" para brindar un eléctrico recital. Alguno se quitó la camisa y se colocó de rodillas en el escenario. El posterior viaje fue a un cine. De un instante a otro, los voluntarios pasaron de un sofocante calor a un gélido frío. En el primer pasaje, un joven, para reclamar que "encendieran" el aire acondicionado, profirió incluso un improperio que no procede reproducir. En definitiva, la Semana Mágica puso el broche de oro con un show que hipnotizó, literalmente, al Jovellanos.

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