Cristina Heredia Alonso, responsable de Educación y Difusión del Museo de Bellas Artes de Asturias: "El arte siempre será un reflejo de la vida, incluida la enfermedad"
La experta imparte el día 14, en el Antiguo Instituto, una charla sobre las patologías en la representación pictórica, obras que van de la «estética» a la «denuncia social»

Cristina Heredia Alonso. | LNE
Cristina Heredia (Gijón, 1980), doctora en Historia y responsable del Departamento de Educación del Museo de Bellas Artes de Asturias, impartirá el próximo miércoles día 14, en el Antiguo Instituto, la charla "Enfermedades en el Arte". La experta hará, a través de los pinceles, un recorrido por la historia de las patologías humanas, desde las epidemias medievales hasta la visión científica del siglo XX y las múltiples facetas de este modo de expresión: desde la "estética" que se puede hallar en esas representaciones hasta sus objetivos, entre los que figuraba la denuncia social, entre otros. El encuentro lo impulsa el Club Rotario de Gijón.
¿Cómo surge la idea de esta charla y de utilizar el arte como herramienta para analizar la historia clínica humana?
La iniciativa nació, en parte, como un encargo del Club Rotario de Gijón, una institución históricamente vinculada al impulso de la vacunación contra la polio, pero también surge del propio Museo de Bellas Artes. Muchas obras, especialmente desde la segunda mitad del siglo XIX, reflejan la enfermedad no solo como un hecho biológico, sino como un motivo de de nuncia social. El Realismo y el Naturalismo subrayaron la penosidad del trabajo, la falta de vacunas y la alta mortalidad. Al final, cualquier obra de arte, si nos ponemos a investigar un poco acerca de la misma, siempre va a ser un puro reflejo de lo que es la vida cotidiana.
¿Podemos considerar entonces que algunos lienzos actúan como expedientes médicos?
Absolutamente. El arte nos permite realizar diagnósticos retrospectivos. A través de la pintura hemos podido identificar patologías en personajes históricos que en su momento no fueron diagnosticadas, como el síndrome de Prader-Willi. En la conferencia analizaremos casos curiosos, como la obra de Evaristo Valle con "Demetrio, el guapo, en la taberna", o cómo Ghirlandaio plasmó por primera vez un cáncer de mama en "La noche".
Antes de la llegada de la medicina moderna, ¿cómo se representaban las grandes epidemias como la peste?
En la época medieval y moderna, las epidemias como la peste o la lepra se integraron en la cotidianidad y en la devoción religiosa. Al no existir una explicación científica, estas enfermedades fueron asumidas como si se hubiesen tratado de castigos divinos. Por ello, el arte se llenó de santos intercesores como San Roque o San Lázaro, a quienes los enfermos rezaban en busca de una curación milagrosa.
Menciona también las enfermedades congénitas. ¿Cómo trataba el arte a quienes las padecían?
Dependía del contexto, pero a menudo eran vistos como objetos de curiosidad o espectáculo. En la corte española del Siglo de Oro, retratada magistralmente por Velázquez, estas personas tenían un rol muy específico. En aquella época se denominaban como "locos, enanos y hombres de placer", porque eran los que divertían a la corte debido a sus deformidades.
¿Existe una estética de la enfermedad? ¿Puede la dolencia influir en el canon de belleza?
Es paradójico, pero sí. Mientras que algunas enfermedades se mostraban con un dramatismo exacerbado, en el siglo XIX ocurrió algo curioso con la tuberculosis. Se generó una estética en la que la palidez extrema, la delgadez y los ojos brillantes se consideraban bellos. Se dio una visión mucho más romantizada de la enfermedad, hasta el punto de que mujeres sanas se empolvaban con polvo de arroz para imitar ese aspecto enfermizo que estaba de moda. Botticelli, mucho antes, ya había retratado a su modelo Simonetta Vespucci con los rasgos de la tuberculosis en "El nacimiento de Venus".
¿Qué mensaje espera que se lleve el público de este encuentro?
Que el arte no es solo una búsqueda estética. La belleza era un sello de identidad de los artistas, pero en realidad cualquier elemento de la vida cotidiana era lo suficientemente importante para ser susceptible de ser representado. Desde la denuncia social de Sorolla en "Triste herencia" hasta los hospitales de Carl Frithjof Smith, el arte ha sido testigo nuestra fragilidad física.
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