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La figura de la semana: Charo Falcón Prada, un alma generosa y resiliente

La presidenta de la Fundación Sara López Falcón encarna la inteligencia y la perseverancia, dicen los que conocen bien a esta mujer a la que la vida asestó el duro golpe de perder a su única hija, Sara, con solo 28 años; hoy, ayuda a otros jóvenes a obtener una educación mediante una fundación que honra la memoria de la chica, una estudiante de excelencia

Charo Falcón Prada

Charo Falcón Prada / Mortiner

Viesques

Definida por quienes la rodean como una auténtica fuerza de la naturaleza, Charo Falcón Prada es la encarnación de la inteligencia puesta al servicio de la perseverancia, dos de las cualidades que se le atribuyen. Su nombre en Gijón es hoy sinónimo de una resiliencia inquebrantable, la de una mujer de carácter firme y alma generosa que ha sabido convertir su propia tragedia en un motor de vida para sí misma y los demás. Dueña de una tenacidad sin par, Charo ha logrado algo que pocos consiguen: que el dolor no sea un punto final, sino uno de partida, a través de la Fundación Sara López Falcón, una organización en honor a su hija, una joven sobresaliente en los estudios que perdió la vida a la corta edad de 28 años. Con ella, Charo ayuda a otros chicos y chicas a cursar sus estudios –la primera de sus apadrinadas acaba de graduarse– a la par que respalda a otros progenitores que también tienen que lidiar con el duelo de perder a un hijo joven.

La historia de Charo comienza en Torrelobatón, un pueblo de Valladolid donde nació de forma casi circunstancial fruto de un matrimonio de leoneses, ambos maestros de profesión. Cuando tenía menos años de los que se cuentan con una mano, la familia se trasladó a Gijón tras obtener sus progenitores plaza en la ciudad. Se establecieron en el barrio de El Natahoyo. Su formación académica pasó en la villa marinera por el IES Doña Jimena y, posteriormente, se licenció en Económicas por la Universidad de Oviedo.

Fue en 1975 cuando su vida se entrelazó para siempre con la de José Antonio López. El escenario fue el Club Vanguardia, con sedes en la calle San Bernardo y en San Agustín y regentado por Acción Católica, que servía de epicentro para jóvenes que compartían fe, formación y deporte. Allí se forjó un equipo inquebrantable que culminó en boda y vivienda en Viesques con un hombre que se convirtió en su socio en la aventura de vivir, una persona que no encuentra palabras para definir a su esposa y que se emociona al describir sus virtudes.

Profesionalmente, Charo fue una docente de Economía incansable. Tras un primer destino en Cangas de Onís a principios de los 80 donde pasó un año, regresó a Gijón. Su huella quedó en centros como el IES Nº 1, en El Polígono, y el Mata Jove, en La Calzad, donde se jubiló. Pero su capacidad de trabajo parecía no tener fin, porque durante unos diez años compaginó la educación con su propia asesoría fiscal y laboral, ejemplificando uno de los calificativos que le atribuyen, que es el de mujer muy trabajadora.

En 1985 nació su única hija, Sara, quien heredó la brillantez de sus padres, además de la afición por el tenis. Este talento lo exhibió en las canchas del Grupo Covadonga, entidad a la que el matrimonio estuvo muy ligado y en la que Falcón fue tesorera con Janel Cuesta de presidente.

La vida de Charo no se entiende sin la de su hija, una estudiante de excelencia: terminó su licenciatura en Administración y Dirección de Empresas siendo Premio Fin de Carrera de su facultad y Primer Premio Nacional Fin de Carrera en el curso 2006-2007. Sin embargo, en el verano de 2013, la vida le asestó al matrimonio un golpe de una crueldad infinita. Un cáncer fulminante apagó la vida de Sara, que estaba preparando oposiciones para el cuerpo superior de Inspectores de Hacienda.

Lejos de rendirse y apoyada en una fe profunda, los padres decidieron que el patrimonio que habían ahorrado para el futuro de su hija debía servir para iluminar el futuro de otros. Así, en 2015, tras superar no pocas trabas burocráticas, nació la Fundación Sara López Falcón. Este proyecto se convirtió en su salvavidas y en su nueva ilusión.

Al frente de la fundación, la labor de Charo trasciende la gestión de recursos. No se limita a entregar cheques, se involucra en la trayectoria de cada joven becado, exigiéndoles no solo excelencia académica, sino también un compromiso con la sociedad a través del voluntariado. Paralelamente, lidera con una sensibilidad asombrosa los talleres de duelo para padres que han perdido a sus hijos.

Hoy, a sus 67 años, Charo libra su propia batalla contra un cáncer, abiertamente y con la gran fortaleza que la caracteriza y encuentra paz en la costura, que es una de sus grandes aficiones, y en los ratos de refugio en su finca de Granda, apodada con amor "Villa Sarina".

Charo Falcón es una mujer que ha demostrado que el amor no muere, sino que se transforma en servicio. Y que a pesar de los reveses siembra esperanza y recuerda que incluso ante la mayor de las injusticias se puede seguir caminando con la cabeza alta y la mano tendida.

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