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Cuando Gijón pudo tener un alcalde demócrata en pleno franquismo, así fue la hazaña de Manuel Hevia Carriles

Encabezó hace medio siglo, solo dos meses después de la muerte del dictador, un intento por democratizar el Ayuntamiento

Manuel Hevia, a la izquierda; una de las actividades de difusión de su candidatura; el letrero de la calle que lleva su nombre y parte de su discurso.

Manuel Hevia, a la izquierda; una de las actividades de difusión de su candidatura; el letrero de la calle que lleva su nombre y parte de su discurso. / .

Gijón

Gijón estrenó 1976 conteniendo la respiración. La ciudad dejó atrás el confeti y los brindis de las primeras navidades sin Franco para afrontar las primeras elecciones municipales –de alguna forma había que llamarlas– sin el dictador. Luis Cueto Felgueroso renovó el 25 de enero de 1976 el bastón de mando que ya ostentaba desde 1971. De momento, todo seguía atado y bien atado. Sin embargo, esos días hubo una gran movilización social en Gijón para abrir una espita de cambio en el caduco, pero aún hegemónico régimen. Hace ahora medio siglo, un vecino de La Calzada llamado Manuel Hevia Carriles lideró un candidatura democrática que pudo haberle convertido en el primer alcalde antifranquista de España con el franquismo dando sus últimos coletazos.

Aquellos fueron días de excelente agitación. Documentos cedidos a LA NUEVA ESPAÑA por el expresidente del Principado, Pedro de Silva, quien jugó un papel destacado en aquellos sucesos históricos, permiten reconstruir el cosmos del Gijón de hace cinco décadas. Un ambiente de movilización, organización vecinal e implicación idealista para democratizar el Ayuntamiento de la mayor ciudad de Asturias cuando la democracia, aunque se la esperaba, aún no estaba. Hevia Carriles, trabajador de Gijón Fabril, sindicalista, cristiano y presidente de la Asociación de Cabezas de Familia de La Calzada, algo así como el germen de las asociaciones de vecinos, fue la punta de lanza de la "·Candidatura por un Ayuntamiento Democrático" detrás de la cual se implicaron muchos hombres y mujeres que creían en el cambio.

Cuando Gijón pudo tener un alcalde demócrata en pleno franquismo

Un acto en el pabellón de Deportes de la calle Manso al que acudieron 3.000 personas. / .

Para entender lo extraordinario de la empresa es necesario colocar las fichas en el tablero nacional. Apenas habían pasado dos meses de la muerte de Franco en una cama del Hospital de La Paz. El Rey maniobraba calculadoramente desde La Zarzuela para cambiar el régimen, pero desde la presidencia del Gobierno Carlos Arias Navarro mantenía el búnker cerrado a cal y canto. Adolfo Suárez eran un gran desconocido para la población desde su cargo aún de Ministro Secretario del Movimiento y a la Ley para la Reforma Política aún le quedaba un año de cocción a fuego lento para desmontar de la ley a la ley, el franquismo.

De hecho, aquellas elecciones del 25 de enero de 1977 a las que concurrió Hevia Carriles no eran en sí unas elecciones. Al Alcalde no lo elegía la gente, sino la corporación municipal. Era lo que se llamaba la "democracia orgánica" que, si de orgánica tenía poco, menos de democracia. La corporación municipal la formaban 20 ediles más el Alcalde. De esos 20, siete eran del tercio familiar, otros siete del de entidades y seis más del sindical. En este, por cierto, estaba José Manuel Álvarez Palacio, que en 1979 se convertiría, ahí ya sí, en el primer alcalde democrático de verdad de Gijón tras la guerra civil y casi cuatro décadas de dictadura.

Cuando Gijón pudo tener un alcalde demócrata en pleno franquismo

Manifestación por la calle Corrida en enero de 1976. / .

A la elecciones se podía presentar cualquier ciudadano sobre el papel. Pero solo miembros de la corporación, todos hombres, decidían. La campaña electoral fue tremenda. Cueto Felgueroso renunció a la misma. No la necesitaba. No así los seguidores de Hevia Carriles, que se unieron para sacar adelante una titánica tarea sabiendo que la victoria era poco menos que imposible. Cualquier ciudadano podía presentarse si tenía los avales suficientes. El líder vecinal y los suyos recolectaron 1.500 apoyos, yendo casi calle por calle. Todos y cada uno de esos avales tuvieron que ser validados después ante notario.

En la documentación de archivo personal de De Silva figura el programa de la candidatura de Hevia Carriles con el título "Manifiesto por un Ayuntamiento Democrático ‘Hevia Carriles’. Alcalde al servicio del pueblo de Gijón". El primer punto era la petición de unas elecciones municipales libres y democráticas. También, entre otras cosas, que los cargos de alcalde o concejal fueran incompatibles con los de directivos o con la propiedad de las empresas relacionadas con la actividad municipal.

A favor de Hevia Carriles se distribuyeron octavillas y carteles y hubo unas concurridas manifestaciones y asambleas informativas en locales vecinales y también en la Sociedad Cultural Gijonesa y en Gesto. La apoteosis fue el viernes 23 de enero, dos días antes de las elecciones, con un gran mitin celebrado en el Pabellón de Deportes de la calle Manso, en La Arena. Fueron 3.000 personas en una España y en Gijón en la que los partidos políticos seguían prohibidos, había todo tipo de trabas al asociacionismo y donde la Brigada Político-Social no se andaba con chiquitas, como muchos en las cárceles podrían atestiguar.

Hablaron, entre otros, José Bolado, Gerardo Fernández Bustillo, Carlos Martínez Montero, Francisco González Riera... Hevia Carriles tomó la palabra también. Dejó frases para el recuerdo. "¿Por qué me presento a unas elecciones en las que no creo? Simplemente porque me lo ha pedido el pueblo de forma masiva y aspiro a contribuir a que todos tomen conciencia de los problemas reales de Gijón". El líder vecinal echaba en cara una falta de política educativa y cultural, la agobiante contaminación y denunciaba "la explotación de la ciudad por una oligarquía local".

Todo fue posible no solo gracias a la determinación del líder vecinal, con calle en El Lauredal. Sino también gracias a la implicación de grupos de vecinos muy organizados, profesionales de todo tipo, notarios y, claro, militantes de izquierda en la clandestinidad. Destacaron el Movimiento Comunista y el apoyo el asesoramiento de Democracia Social Asturiana, donde figuraba Pedro de Silva, además de grupos como la Plataforma de Convergencia Democrática –liderada por el PSOE– y la Junta Democrática de España –liderada por el Partido Comunista–. Luego convergerían en la "Platajunta".

Tomar el Ayuntamiento no fue posible. Cueto Felgueroso ganó por 14 votos a seis. Hubo una abstención que, se entiende, fue del Alcalde. La votación, a las diez de la mañana de ese domingo, fue "secreta". Fuera, en la plaza Mayor más de mil personas esperaban el resultado. La imagen tiene algo de poético porque aquel 25 de enero de 1976 llegó a nevar y, cuentan las crónicas, fue el día más crudo del invierno. No se sabe si hablaban solo del tiempo o de los tiempos de una España a la que aún le quedaban meses y años duros de seguir conteniendo el aliento hasta conseguir la libertad.

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