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El Albergue Covadonga de Gijón cambia de etapa con la marcha de las hermanas capuchinas

Las cuatro religiosas, que ya habían abandonado la gestión del recurso en 2024, cambian ahora de residencia y recibirán un homenaje este mes como despedida

Entrada del Albergue Covadonga, durante una de sus celebraciones.  | JUAN PLAZA

Entrada del Albergue Covadonga, durante una de sus celebraciones. | JUAN PLAZA

Laviada

Son años de cambios para el Albergue Covadonga, el dispositivo de referencia en la ciudad para la atención de personas sin hogar. El recurso, a las puertas de una ansiada reforma integral que permitirá cambiar su modelo de atención y pleno proceso de reorganización interna, dirá adiós este mes a sus queridas hermanas capuchinas, que han decidido abandonar el inmueble y reubicarse en otras residencias, en principio, fuera de la ciudad. Las cuatro religiosas que aún vivían en el edificio que ellas mismas vieron nacer en 1995 serán homenajeadas por el resto del equipo de profesionales y voluntarios el próximo domingo día 18 en un acto de despedida que no supondrá un cambio sustancial en la organización –las hermanas ya no formaban parte de la gestión del recurso–, pero sí un cierre simbólico a una etapa con décadas de historia.

Como gran parte de las iniciativas sociales de la ciudad, la historia del Albergue nació en gran parte por una vocación de fe. Por estas fechas en 1988 abría sus puertas un recurso por entonces ubicado en el antiguo matadero de El Natahoyo y de la mano de quien es aún hoy considerada como el alma de la iniciativa, la hermana Covadonga Donate, de las Siervas de los Pobres. La religiosa, medalla de plata de la ciudad, falleció en 2019. Junto a ella cofundaron el Albergue el jesuita Francisco Herrero y el seglar Tomás Marcos, y el recurso pudo abrir sus puertas gracias al apoyo expreso del Ayuntamiento, liderado en aquellos años por José Manuel Palacio.

Desde 1995, el Albergue mantiene su actividad desde su conocido edificio en Laviada y con un apoyo de las religiosas terciarias capuchinas que ha sido constante, pero que también ha ido evolucionando. Como tantas otras congregaciones, su tendencia fue evolucionando a la baja y, por lo tanto, su capacidad de trabajo ha tenido que ir también a menos. Publicaba este periódico en 2024 el que fue el primer gran gesto de este cambio de paradigma: se confirmaba que las cuatro religiosas residentes en el Albergue abandonaban de mutuo acuerdo con el recurso sus labores de gestión, dando así un paso atrás que ahora se consolida del todo. Fue la de entonces una transición pausada y que no generó cambios visibles para los usuarios, pero que sí motivó una reorganización interna. Tuvo que afrontar el Albergue lo que tantos otros recursos de ayuda social han sufrido o sufrirán pronto: suplir con profesionales asalariados y voluntarios parte de las labores que históricamente habían realizado, con tanta vocación como entrega, religiosas como las capuchinas.

Alrededor de 35 profesionales

Desde ese paso atrás, las cuatro hermanas han seguido viviendo en el Albergue y colaborando en medida de sus posibilidades, ahora ya como voluntarias. Se mantenía así un último puente que en aquel momento se consideró necesario por el deseo expreso de las propias religiosas por quedarse y, también, por el vínculo emocional que éstas habían creado con un buen grupo de usuarios veteranos. Con ese cambio, no obstante, el Albergue y el patronato que supervisa su labor iniciaron una nueva campaña de captación de voluntarios y ha consolidado desde entonces su plantilla de profesionales, compuesto hoy por alrededor de 35 y con perfiles variados, entre ellos técnicos, trabajadoras sociales, cocineras y personal directivo y de administración.

En los últimos años, también, se ha aumentado tanto la cartera de servicios como la propia demanda que afronta el recurso, que trabaja con distintos tipos de programas. La última incorporación conocida fue el servicio de desayunos diarios en el centro de día de baja exigencia, con unos 65 servicios al día. En los últimos datos publicados se refleja que en el inmueble se atendió en 2024 a 602 personas en el centro nocturno de baja exigencia –usuarios que acuden al Albergue principalmente para pasar la noche– y se dio alojamiento temporal a otras 696 personas o unidades familiares. La unidad de calle –creada en 2021 y que ha ayudado, entre otros asuntos, a evitar problemas de convivencia en los alrededores del recinto– trabajó con 220 personas.

En cuanto a la congregación terciaria capuchina, antes de ese paso atrás en las labores de gestión, había vivido su último gran cambio conocido en el año de la pandemia. Las tres hermanas que hasta entonces residían en el Albergue dejaron Gijón para afrontar nuevas misiones solidarias y fueron relevadas por las cuatro religiosas actuales, que abordaron las mismas labores que por entonces ejercían su predecesoras.

"Mucho amor"

Las hermanas, señalan desde el Albergue Covadonga, "dejan atrás mucho amor y una gran labor" y por eso serán homenajeadas este día 18. Su marcha está prevista, después, para finales de este mismo mes.

Comienza así el Albergue este 2026 con el primero de los muchos cambios que se avecinan a las puertas de la anunciada reforma integral del complejo, presupuestada en más de cinco millones de euros, y con la previsión de iniciar la obra en cuestión de meses, lo que motivará el realojo temporal de al menos parte de los usuarios y la implantación definitiva de un nuevo modelo de atención para favorecer que las personas sin hogar de la ciudad recuperen un proyecto propio de vida y dejen de depender de las instituciones para subsistir.

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