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De la residencia de artistas de Gijón a exponer en el Museo Thyssen: Monica Mura lleva al corazón de Madrid el latido ancestral de los cencerros

La artista, que fue una de las primeras residentes del Palacio de San Andrés de Cornellana, presentará el próximo 29 de abril en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza una versión única de su investigación performativa

Monica Mura con su obra

Monica Mura con su obra / LNE

Demi Taneva

Demi Taneva

Por primera vez, el sonido ancestral de los cencerros que Monica Mura investigó en Asturias dará el salto a Madrid. La artista presentará el próximo 29 de abril en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, una versión inédita de su proyecto performativo, fruto de varios años de investigación y de una residencia decisiva en el Palacio de San Andrés de Cornellana, en Contrueces.

Una residencia que cambió el rumbo

Su paso por la residencia artística de San Andrés de Cornellana marcó un punto de inflexión. Fue una de las primeras creadoras en ocupar este espacio y pudo trabajar durante varios meses de forma continuada, con tiempo para investigar a fondo el cencerro asturiano, su origen y su vínculo con las mascaradas de invierno. “Tuve la oportunidad de hacer un verdadero trabajo de campo: entrevistas, visitas a museos, horas en archivos fotográficos, contacto directo con las personas que mantienen viva esta tradición”, relata.

Tradición, cuerpo y mirada feminista

El origen del proyecto no es solo etnográfico, sino también político y simbólico. Mura parte de una mirada feminista para apropiarse de unos elementos tradicionalmente vetados a las mujeres. “Las mascaradas de invierno y los personajes que llevan cencerros eran rituales de paso masculinos. Las mujeres no podían vestirlas. Mi trabajo nace de apropiarme de esos elementos prohibidos y tocarlos a mi manera”.

En sus instalaciones, el cuerpo dialoga con el sonido y con el espacio. Las cuerdas doradas, recurrentes en su obra, simbolizan la resiliencia, el poder conquistado y también el llamado “techo de cristal”. “Son límites que hay que desenredar, romper poco a poco”, explica. De hecho, reconoce que su propio trabajo está evolucionando hacia una mayor libertad corporal: “Empiezo a soltar algunas cuerdas. Es un proceso de liberación”.

Un proyecto vivo y en expansión

El proyecto nació en 2021, en Galicia, y ha pasado por varias residencias antes de consolidarse en Asturias. Desde entonces se ha desplegado en múltiples formatos: performance, videoperformance y un libro de artista que verá la luz próximamente. Incluso contempla la posibilidad de editar un vinilo con los sonidos reconstruidos de los cencerros asturianos. “No es solo una obra artística, también es un proceso de investigación muy serio”, admite.

Uno de los descubrimientos que más le impactó fue comprobar que prácticamente ya no existen artesanos capaces de realizar todo el proceso completo del cencerro tradicional. “Eso no me lo esperaba. Muchos maestros están muriendo sin relevo generacional”.

La primera presentación pública en Asturias tuvo lugar el 18 de mayo, Día Internacional de los Museos, en la Casa Natal de Jovellanos. La experiencia fue especialmente intensa. “La acción duró casi 50 minutos y no se oyó una mosca. Había niños, adultos, personas vinculadas a la investigación… El sonido tiene algo ancestral y sanador, fue muy emocionante”.

La presentación en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza será, una vez más, irrepetible. La acústica, la arquitectura y las condiciones técnicas obligan a una adaptación constante. “Yo no ensayo como tal. Trabajo con la escucha del espacio. Hasta que no estás allí, no sabes cómo va a sonar una sala”.

El 29 de abril será, por tanto, un nuevo capítulo de un proyecto que sigue creciendo y que, para la artista, ha sido también una experiencia vital. “Asturias ha sido casa. He creado vínculos muy fuertes. Para alguien que viaja tanto, encontrar un lugar donde echar raíces temporales es un regalo”.

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