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José Ramón Fiaño, presidente de CajaGijón La Rural: "Si la agricultura y la ganadería se extinguen, habrá más incendios"

"No sería lógico que Oviedo y Avilés tengan universidades privadas y Gijón no", señala sobre el plan de la Europea el responsable de la caja de ahorros local, que cierra un balance con más beneficios, clientes y socios

José Ramón Fiaño, en la sede de Fundación Gijón Rural.

José Ramón Fiaño, en la sede de Fundación Gijón Rural. / Ángel González

Gijón

José Ramón Fiaño Rodríguez, (Pervera, Carreño, 1961), preside CajaGijón La Rural desde marzo de 2021 y afronta un año electoral en el que aspira a renovar su cargo durante dos años más. El banco, inmerso en un proceso de renovación de oficinas y canalizando sus acciones sociales a través de Fundación Gijón Rural, cierra un año con más beneficios.

¿Qué balance deja el 2025?

En beneficios, pendientes de datos cerrados, la previsión es haber subido por encima del 50 por ciento respecto al año pasado. Se espera superar también el 20 por ciento en solvencia y hemos incrementado tanto en clientes como en socios.

¿Ese incremento es habitual?

En relación a estos últimos años, sí. Cuando llegué a la Caja había medio millón de euros de beneficios y ahora se espera quedar por encima de los seis millones. No siempre va a poder ser así, claro, no se puede crecer tanto indefinidamente, pero esperamos que este 2026 sea un buen ejercicio, que los tipos de interés se mantengan y que no haya grandes variaciones, salvo que existan conflictos internacionales.

Será un año electoral. ¿Confía en continuar?

Sería un mandato de dos años más tanto para el presidente como para el vicepresidente, y en principio aspiramos a cumplirlos.

¿Cómo avanza la renovación y ampliación de la red de sucursales?

Hemos intentado coger dos oficinas, de una entidad conocida dentro de Asturias, pero no nos las vendieron por ser otro banco… Nuestra previsión, si lo aprueba el consejo, es modificar la oficina uno, en Pablo Iglesias, y sacar el cajero hacia el exterior. En la oficina tres, que es la de la calle Valencia en esquina con Schulz, también queremos hacer una obra importante; retirar unos muros internos y quizás cambiar las cristaleras. En la oficina principal, en el Paseo de la Infancia, llevamos tres meses de reforma. Es una obra grande y que hacía falta.

¿Y la nueva oficina de la Plazuela?

Fue un proyecto que publicó LA NUEVA ESPAÑA y estamos en ello, agradecidos al Principado y al Ayuntamiento por cómo nos están facilitando la labor. Es un edificio protegido y debe pasar sus trámites. Confiamos en que en torno a primavera o verano tengamos ya los permisos.

Se suele hablar de que los bancos no paran de cerrar oficinas.

Muchas personas de edad avanzada nos dicen que apenas encuentran sitios de Gijón donde les puedan ayudar. Nosotros no pedimos cita previa ni obligamos a usar esas máquinas para sacar tickets, por ejemplo. Si alguien va a la oficina a por una pequeña cantidad de dinero, la tendrá sobre la marcha. Si pide una cantidad más alta, en 24 o 48 horas.

¿Y cómo avanza el proceso de digitalización?

En el último año hemos avanzado mucho por el RSI, Rural Servicios Informáticos, que es una empresa que da cobertura informática y de ciberseguridad a las cajas rurales. Ahora la cobertura es mucho más grande. Solo los grandes bancos pueden tener un sistema propio de este tipo.

¿Qué balance hace de la Fundación Gijón Rural?

Seguimos ampliando nuestros acuerdos para la inclusión social y con campañas como la de recogida de juguetes en Navidad. La zona rural es muy importante para nosotros, llevamos su nombre, y por eso apostamos por los homenajes a sus mayores que hacen todas las parroquias. Mientras yo sea presidente, habrá partida presupuestaria para todos ellos. Hacemos más de 400 actividades al año. Si los socios lo aprueban en asamblea la Fundación tendrá también más recursos, porque se le deriva en torno al 12 por ciento de los beneficios del año.

¿Cómo se encuentra el campo?

Esta semana tuvimos un curso por las nuevas modificaciones legales de la PAC (Política Agraria Común). Dijo el Principado que este año las ayudas empezarían en febrero y yo tengo mis dudas: siempre somos la última o la penúltima comunidad en abrir el proceso. Si empezados tarde, luego hay que tramitar muchísimos expedientes a contrarreloj: tenemos a gente trabajando con esto de ocho de la mañana a ocho de la tarde. Los documentos que hay que tramitar son muy exigentes.

Y para muchas familias esas ayudas son clave.

Sí, de tener esa ayuda depende o no que muchas explotaciones tengan beneficios.

¿Qué supondría Mercosur?

Parece que irá para largo al judicializarse, pero para mí el mayor problema para Asturias sería para la ternera. A todos nos suena la carne de Argentina, Uruguay o Paraguay, pero Brasil produce más carne que toda Europa. Entiendo que haya sectores que se pudiesen favorecer de ese acuerdo, y me alegro por ellos, pero que un país dependa de otros para poder comer, a mi juicio, es una locura. Y es contradictorio defender la sostenibilidad y que, habiendo productos aquí, se hagan importaciones a miles de kilómetros.

¿Haría falta una reflexión social sobre qué productos consumimos?

Es difícil. En pandemia parecía que todos valorábamos mucho al sector agrario, pero eso se olvidó a los dos o tres meses. Pasa también con el sector forestal, y tenemos el incendio reciente del Monte Areo. Asturias tiene una riqueza forestal importante que no se aprovecha. Yo hablaría más de un tema agroforestal que forestal: igual que existe el sector agroganadero, un cultivo forestal debe llevar unos tratamientos y una limpieza que permitan que el árbol se desarrolle bien y rápido. Asturias es verde gracias al sector agroganadero, a la agricultura y la ganadería, y en el momento en que eso deje de ser así, un día empezará un fuego en Vegadeo y terminará en Unquera.

¿Cómo ve la crisis de vivienda?

Dije en este periódico hace dos años que la subida del precio de vivienda no se iba a compensar con la bajada de tipos y así fue. Creo que la vivienda va a seguir subiendo, aunque sea en menor proporción, otros dos años. En España faltan 700.000 viviendas, no hay mano de obra para hacerlas y los precios de los materiales suben. No estamos en una burbuja como la de 2008 pero para la gente joven es muy frustrante.

¿Y qué piensa de los retos locales de futuro? ¿Le parece bien el plan de Naval Azul?

Lo de Naval Azul va a ir para arriba, pero se tiene que hacer ya. El Parque Científico también va a crecer y lo lógico sería que se facilitase la llegada de la Universidad Europea. No tiene sentido permitir universidades privadas en Oviedo y en Avilés y no en Gijón. La ciudad, hoy, tiene a mi juicio cuatro problemas graves y ninguno es responsabilidad del Ayuntamiento: la estación intermodal, los accesos al Puerto, el Hospital de Cabueñes y la puesta en marcha de la Zalia.

¿Alguna previsión de futuro?

Este jueves estuve en una videoconferencia con la UNAC, la Unión Nacional de Cooperativas de Crédito en Madrid, y estaba la subgobernadora del Banco de España, Soledad Núñez. Uno de los temas que se está tratando es bajar la regulación, uniformarla, y que con instituciones pequeñas exista una proporcionalidad.

¿Y qué supondría eso?

Menos costes, porque tenemos a mucha gente dedicada a cuestiones administrativas. El trato con el Banco de España es correcto y agradable.

¿Y la iniciativa del Gobierno de España de favorecer a la banca ética les afecta?

La idea puede ser buena, pero no puedo opinar de algo que no existe. Está muy verde.

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