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El obispo "gijonés" de Córdoba, en el funeral por los fallecidos en el trágico accidente de tren en Adamuz: "Dios también estaba allí"

Jesús Fernández reflexiona en la homilía sobre la intercesión divina en la curación de heridos y en la respuesta samaritana de los que socorrieron a las víctimas

J. A. / R. V. / S. F. L.

Córdoba / Gijón

Con la Virgen del Sol, patrona de Adamuz, presidiendo un altar improvisado, la caseta municipal de la localidad cordobesa acogió ayer una multitudinaria misa funeral en recuerdo a los 45 fallecidos por el trágico accidente ferroviario del pasado domingo día 18. El obispo de Córdoba, el "gijonés" Jesús Fernández, ofició la homilía acompañado de otra veintena de sacerdotes y ante cientos de personas. A todos ellos les pidió "hacer un esfuerzo por apartar" los pensamientos "trágicos": "Necesitamos fe y esperanza para levantarnos".

Asistentes al oficio religioso.   | DIÓCESIS DE CÓRDOBA

Asistentes al oficio religioso. | DIÓCESIS DE CÓRDOBA

Jesús Fernández González es leonés de nacimiento pero está muy vinculado a Gijón, donde pasó parte de su adolescencia y donde conserva amigos y familiares. Oriundo de Selga de Ordás, Fernández nació en 1955, y a los 15 años su familia se trasladó al barrio gijonés de Nuevo Gijón por motivos laborales. Nació así la vinculación de Fernández con la parroquia del barrio, La Purísima, que vivió con ilusión la noticia de su nombramiento como obispo de Córdoba en marzo del año pasado. Hasta ese momento, era obispo de Astorga. Tiene también vinculaciones con el barrio gijonés de Pumarín, donde reside su hermana.

Este gijonés de adopción estudió en el seminario de León y fue ordenado sacerdote en junio de 1980. En 1992 se licenció en Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca y fue profesor y director espiritual en el seminario menor. Ha sido capellán de la Cultural y Deportiva Leonesa, equipo de fútbol en el que jugó en su juventud y, más recientemente, obispo auxiliar de Santiago de Compostela.

"Dios estaba allí"

Fernández evocó en la misa "esa noche oscura y trágica" en la que varios cientos de personas emprendieron viajes en direcciones opuestas: "Cuarenta y cinco de ellas, nunca llegaron al destino buscado. Su trágica muerte llenó de dolor a sus familias y de consternación a toda España".

Lo acontecido hace una semana en Adamuz ha planteado a muchos preguntar: ¿dónde estaba Dios cuando esto sucedió? El Obispo ha respondido que a la pregunta inicial "dolorida y hasta escéptica, podemos responder que sí, que Dios estaba allí, en los mismos vagones accidentados. Estaba allí porque muchos lo invocaron al ver el inminente peligro. Y, estamos seguros, a 45 se los llevó en paz, a otros les curó sus heridas y los trasladó a la posada, es decir, al hospital. Se sirvió para ello de buenos samaritanos, alguno muy joven, llegados de Adamuz, de Villafranca y de otros lugares, buenos samaritanos que rescataron a los heridos de los vagones, ofrecieron los primeros auxilios, los trasladaron, organizaron el operativo…" Recordando que Dios estaba también allí, en los hospitales, en el hogar de jubilados de Adamuz y en el Centro cívico de poniente en Córdoba, ha concluido pidiendo a todos llenarse de fe y esperanza "para levantarnos y seguir caminando".

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