El Antroxu de Gijón calienta motores: "Los Tardones" quieren celebrar su 30 años con "color"
La charanga, que quiere "dejar huella" en este Carnaval, recupera a uno de sus miembros fundadores para una edición marcada por "la energía y la garra"

Foto de familia de la charanga «Los Tardones», en un ensayo en una nave en Tremañes. | ÁNGEL GONZÁLEZ
Cumplir tres décadas de vida en el Antroxu de Gijón no es algo que ocurra todos los días. Y menos aún mantener la frescura y la capacidad de adaptación tras tantos años de folixa. Por eso, para esta edición tan señalada, la charanga "Los Tardones" ha decidido apostar por una propuesta visual potente y "llamativa". "Con mucho, mucho colorido y energía", explica Aroa González, presidenta de la agrupación carnavalera. Y no se trata solo de estética, sino de actitud, y "gran energía". También, según precisa, la excusa de la efeméride les ha hecho buscar "un concepto de tener mucha garra; de dejar huella después de estos 30 años", que tendrá a bien celebrar uno de sus fundadores, Felipe Allande, que este año se reengancha al desfile y la actuación en el Jovellanos tras llevar años entre bambalinas.
"Felipe estuvo fuera de juego unos años por diferentes motivos personales, y este año se animó a estar y seguirnos durante todo el año y pertenecer al equipo; contar con él es una de las cosas más especiales de este año", confiesa González con ilusión.
La charanga, que actualmente cuenta con 53 componentes oficiales, ha visto cómo "el equipo creció un montón" este año, sumando una decena de nuevas incorporaciones. Especialmente, este hecho se ha dado gracias a la llegada de charangueros menores de edad, que integran una gruesa parte de la formación.
El camino hacia este Antroxu no ha estado exento de obstáculos logísticos, especialmente derivados de los problemas de ruido y permisos que afectaron a los locales de ensayo en la ciudad. Una situación que obligó a "Los Tardones" a darle la vuelta a su planificación habitual. "Tuvimos que reestructurar los ensayos de otra manera", relata su presidenta, porque históricamente "siempre empezábamos en septiembre ensayando el desfile" y este año, debido a los contratiempos con los permisos de ensayo, se vieron obligados a hacerlo "al revés" y afinar primer lo actuación en el Jovellanos.
Lejos de desanimarse, la charanga tiró de oficio y compromiso. "Las charangas estamos aquí para el Carnaval, vamos a hacer lo que sea para sacar el mejor Carnaval posible. Con esta situación que nos ha venido dada, pues resolvimos", sentencia González, reconociendo que el resultado sale adelante "a costa de echarle horas y de ensayar otros días extra ahora para cumplir con el tiempo que no tuvimos en septiembre, octubre ni noviembre".
Con la maquinaria ya engrasada y la "unión" entre las diferentes charangas más fuerte que nunca –"siempre fuimos conscientes del poder que tenemos juntas", matiza–, "Los Tardones" se preparan para tomar la calle y las tablas. Aunque la temática exacta se guarda bajo llave, la pista es clara: "La energía es algo que hemos querido que esté presente y está, es como el hilo conductor de todo: tanto del desfile, de la percusión, de la propuesta del Jovellanos...".
Al final, más allá de los premios o la competición que se celebrarán en Gijón a mediados de febrero, el objetivo para este 30.º aniversario es sencillo pero esencial y, con el trabajo realizado, seguro al alcance de la mano: "La expectativa sería gustar a los gijoneses, a los amigos y a todo el público que venga".
Un crío en el grupo "desde la barriga" y otra bebé en camino
S. G.
La cantera de "Los Tardones" es prometedora. Para muestra, el pequeño Thiago Acedo, que a sus tres años y medio no pierde detalle de los ensayos. A sus madres, Marta Acedo y Rebeca Lago, se les cae la baba con el crío. "El año pasado tocaba algo la percusión; en este es más de mirar", afirma Lago, que acumula 16 años en la charanga. Allí conoció a quien a la postre sería su mujer.
Thiago Acedo lleva en la agrupación desde que estaba en la barriga, como quien dice. Se lo pasa pipa con la charanga. "Le gusta mucho estar rodeado de gente que le quiere", comenta Rebeca Lago, que reivindica el ambiente que se respira al integrar un grupo que supura pasión antroxera. "Se vive de manera intensa y cercana; es como una segunda familia", destaca Lago, para la que formar parte del Carnaval como miembro de una charanga no tiene parangón. "Una vez que entras ya no puedes salir", confiesa.

Marta Acedo, a la izquierda, y Rebeca Lago, con el pequeño Thiago Acedo. / JUAN PLAZA
La familia reside en Nuevo Roces, barrio joven donde los haya. Da igual desplazarse hasta Tremañes para los ensayos. Lo vale. "Es un hobbie que da un rato de desconexión, de despreocuparse de los problemas", explica Rebeca Lago. Y una afición que también sirve a los más pequeños, por ejemplo, para aprender a bailar o a "quitarse la vergüenza".
La charanga, en aras de seguir contando con savia nueva, ya tiene en camino una "tardona" más, pues Rebeca Lago está embarazada. La bebé se llamará Giulia. ¿Se unirá al grupo? "Lo estamos gestionando", bromea su madre.
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