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"Los Acoplaos", la charanga que tras la pandemia cada vez aprende más y tira de cantera: "Para nosotros fue volver a empezar"

El vestuario marca la propuesta actual de la charanga, que será "muy visual y potente" en el concurso gracias a su cada vez "más visible" base joven

La charanga "Los Acoplaos", junto a la sede de la asociación vecinal "Santiago" de Nuevo Gijón. | MARCOS LEÓN

La charanga "Los Acoplaos", junto a la sede de la asociación vecinal "Santiago" de Nuevo Gijón. | MARCOS LEÓN

Nuevo Gijón

El Antroxu también se sostiene desde las charangas que hacen del barrio, la calle y el grupo su "principal razón de ser". Con esa filosofía afronta la edición de 2026 "Los Acoplaos", una formación de trayectoria añeja y cerca de cumplir los veintilargos, que desde Nuevo Gijón vuelve presentarse a concurso, esta vez con una propuesta marcada por su puesta en escena, que será "muy visual y potente", y también con una cantera cada vez "más visible" y haciendo que, por ello, la base joven cobre mayor relevancia dentro del grupo. La charanga reúne este año a 49 integrantes, de los cuales una decena son niños menores de diez años, una cifra que refuerza la idea de continuidad generacional dentro de la agrupación. "No es tanto crecer como crear un núcleo fuerte", resume Sergio Jovellanos, que asume la portavocía del grupo.

Tras la pandemia, cada edición supone un nuevo aprendizaje, admite el charanguero. "Para nosotros fue volver a empezar, y cada año vamos asentando más las cosas", explica. En ese proceso, el resultado del pasado Antroxu, con un noveno puesto, actúa como impulso interno. "Nos motivó mucho y nos ayudó a hacer todavía más piña", subraya el portavoz. Esa forma de vivir el Carnaval explica también la estabilidad del grupo, que mantiene un núcleo muy similar al del año pasado, con pocas bajas y fichajes puntuales. "Somos casi los mismos y eso ayuda mucho", señala Jovellanos, que destaca la confianza interna y la complicidad a la hora de ensayar y salir a la calle.

Esa cohesión se traslada también a la propuesta de este año, de la que apenas se ofrecen pistas, aunque hay un elemento que se repite de forma insistente dentro de esa "potente" apuesta visual que reseñaban: el color. "Mucho color, muchísimo color", recalca Marisol Fernández, integrante de la charanga, que destaca el protagonismo del vestuario en esta edición. "Respecto al año pasado, el vestuario pesa más. De los últimos cinco años, para mí es el más guapo", asegura, sobre la que parece ser una percepción compartida dentro del grupo.

Las restricciones y cancelaciones de espacios de ensayo obligaron a cambiar de ubicación y a reorganizar rutinas, pero en el caso de "Los Acoplaos" fue aún más radical, ya que quedaron fuera en el reparto de licencias de ensayo y se vieron obligados a practicar en un primer momento en la Feria de Muestras. "Fuimos la charanga más perjudicada, porque se nos canceló el único colegio que utilizábamos", detalla. Desde entonces, los ensayos de percusión dependen muchas veces de espacios abiertos. "No tener un sitio fijo con techo complica mucho el trabajo, pero nos adaptamos", apunta Jovellanos.

Pese a esas dificultades, el grupo mantiene la confianza en llegar preparado a las fechas clave del Carnaval. "Teníamos una base hecha y eso nos salvó", reconoce el portavoz Sergio Jovellanos, que valora la respuesta colectiva ante un año exigente. "Se notó el compromiso de la gente", afirma Jovellanos, satisfecho. En cuanto a las sensaciones, hay unanimidad en un aspecto. "La calle nos presta mucho más", coinciden los integrantes, que se quedan con el desfile en vez de con las tablas si les dan elegir. Frente a la tensión y la precisión que exige el Jovellanos, el desfile ofrece contacto directo con el público y un rato más relajado, un disfrute "de otra manera".

Una "encerrona" familiar con final feliz y antroxero

S. G.

Aitor Molina se la jugó. Tenía tantas ganas de vivir el Antroxu en una charanga que apuntó a la familia completa a "Los Acoplaos". Sin consultas que valgan. "Fue una encerrona", bromea Molina. Al recibir la noticia, su mujer, Susana Ardura, no lo veía del todo claro. Ahora bien, en cuanto empezó la maquinaria folixera a funcionar cayó rendida a la magia del Carnaval. Los críos, Nico y Alicia, de dos y cuatro años, están encantados con la decisión de su padre.

Aitor Molina y Susana Ardura, con los pequeños Nico y Alicia. | MARCOS LEÓN

Aitor Molina y Susana Ardura, con los pequeños Nico y Alicia. / MARCOS LEÓN

El que se avecina, de hecho, es el primer Antroxu que disfrutará "desde dentro" la familia, residente en La Calzada. "A los niños les encanta la música, bailar y cantar; lo están viviendo a tope", señala Aitor Molina. A medida que se acerca el momento de las actuaciones y el desfile aumentan los nervios, confiesa Molina. "Es espectacular ver la evolución del grupo", indica el charanguero, que no se arrepiente ni por asomo de aquella determinación de unirse a "Los Acoplaos".

Los pequeños Nico y Alicia llevan la fiesta en la sangre. Durante los ensayos, obviamente, no tienen las mismas exigencias que los adultos, pero su energía es ilimitada. Nico Molina ya cuenta los días para el Antroxu. "Cuando ve el uniforme ya se pone a bailar; lo saca del armario y ya es como si hubiera fiesta", comenta su padre, que reivindica el relevo generacional que se atisba en la agrupación. "Hay bastantes niños y ojalá sigan muchos años para que nos vayan relevando a los mayores", concluye Aitor Molina.

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