Marc Colell, escritor ganador del Premio Café Gijón: «Nunca sé exactamente por qué escribo, ni qué me obliga a hacerlo»
El autor visita el sábado Gijón y el domingo Oviedo con "Las crines" bajo el brazo, una obra que refleja un «doble viaje», físico e interior, con la pampa argentina de trasfondo

El escritor Marc Colell. / Siruela
Marc Colell (Barcelona, 1975) es un profesor de Lengua y Literatura de instituto con gran gusto por escribir, pero que «nunca» sabe por qué lo hace, ni «qué» le obliga a hacerlo. Sea lo que fuere, su habilidad con las letras le ha valido alzarse con el prestigioso Premio de Novela Café Gijón 2025, que impulsa el Ayuntamiento de Gijón tomando el relevo de la mítica tertulia madrileña de la famosa cafetería de artistas. El autor pisará Asturias este fin de semana para presentar su obra, editada por Siruela: mañana, sábado, estará en Gijón, a las 19.00 horas, en el Antiguo Instituto; el domingo, a las 12.00 horas, en la librería Matadero Uno, en Oviedo.
-¿Cómo se siente uno al ganar este premio?
-Fue una sorpresa. Me pilló desprevenido paseando con mi mujer por la playa cuando me llamó la presidenta del jurado. Siento el orgullo de unirme a grandes escritores y escritoras que han ganado este galardón, a los cuales admiro. Y al conocer a los miembros del jurado, son escritores a los que valoro un montón. Un orgullo muy grande es el que siento y estoy abrumado por la repentina visibilidad que te da un premio como este. Además yo venía de leer a los últimos galardonados, que son Ana Rodríguez Fischer y María Fasce, que me habían gustado mucho. Uno escribe y nunca sabe si va a gustar a alguien o si lo van a leer. Estas cosas validan mucho tu proceso solitario de escritura. No me imagino nada mejor que este premio.
-¿Con cuál de los argumentos que usó el jurado para premiarle se identifica más?
-En el acta del jurado hablaban de un doble viaje. Físico, porque el protagonista se transporta desde Cataluña hasta la pampa argentina, evidentemente con un océano de por medio; pero luego hay otro, que es un viaje interior, que es el del propio descubrimiento del protagonista, que encuentra aún mapa de afectos y personas con las que convive unas semanas. Es pertinente señalarlo y me reconozco en ello.
-¿Qué le dicen los lectores?
-Salió hace una semana, pero me trasmiten un cariño cercano. Están recalcando que es un libro que habla de la soledad de un hombre, la belleza del estilo y el homenaje a la pampa, infinita. Hablan de un libro bonito y bien escrito.
-¿Por qué el protagonista se va a la Pampa y no otro lugar?
-Yo conocí a mi mujer, Carolina, que es argentina, en Cataluña e hicimos un par de viaje para conocer a su familia, que luego paso a ser la mía. Luego vivimos allí cinco años. Es un territorio que conocí a fondo y es una zona sin turismo, no es el centro de Buenos Aires, que identificamos con las calles de Madrid y Barcelona con el tema de la globalización, que todo se va pareciendo. Allí no hay turismo y puedo hablar por haber conocido de primera mano.
-¿Hizo vida de campo?
-Trabajé de un montón de cosas: cocinero, leñador, albañil. Profesor de universidad y de secundaria. Yo creo que eso te permite decir que has vivido en un lugar, ganándote la vida desde abajo. Dejar pasar las estaciones, criar a tus hijos y buscarte el sustento, es un viaje de verdad.
-¿Tiene de autobiografía?
-No, los personajes son puramente ficcionales, pero al final un escritor escribe sobre lo que conoce y ha vivido. Otra cosa es que hagamos un retrato fiel de cosas conocidas. En este caso son inventados y trato de hacer ficciones, pero siempre está flotando la realidad que uno ha vivido.
-¿Qué necesidad vital plasma en «Las Crines»?
-Nunca sé por qué escribo, ni lo que me obliga a hacerlo. Tal fueron los afectos que sentí en Argentina, la vinculación cercana que me gusto tanto vivir y que lo sigo haciendo. Empecé a escribir en Cataluña desde la distancia y quizá para recuperar ese paisaje con las palabras.
-¿La pampa es un personaje más?
-Es un paisaje que arropa y que obliga a vivir. Esas grandes llanuras condicionan; todo paisaje lo hace, la ciudad incluida. En la pampa muchas veces hay 70 km de distancia entre pueblos y eso da una vinculación curiosa y paradójicamente cercana entre personas. n
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