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Cruising, cuerpos, duelo y memoria industrial: así son las obras de los residentes en el Palacio de San Andrés de Cornellana en Gijón

La incubadora de creadores acogió una jornada de puertas abiertas, que atrajo a un centenar de visitantes en horario de mañana y tarde

VÍDEO. Presentación en jornada de puertas abiertas de los proyectos artísticos de los residentes en el último cuatrimestre en el Palacio de San Andrés de Cornellana, en Gijón

Oriol López / Fernando Rodríguez

Gijón vivió este sábado una jornada de "open studio", o puertas abuertas, en el Palacio de San Andrés de Cornellana de Contrueces. Los artistas Alba Matilla, Javier Bejarano, Sara Muñiz y Adrián Vega presentaron el resultado de sus respectivas residencias artísticas, respaldadas por la Fundación Municipal de Cultura gijonesa y desarrolladas durante el último cuatrimestre.

El evento, de mañana y tarde, congregó a un centenar de personas que se sumergieron en los procesos creativos, que transitaron desde la composición musical y poética a la fotografía, pasando por la memoria y la expresión corporal.

"Trabajar con estos tiempos sin la presión de una fecha límite o un resultado final es muy beneficioso", comentaba en los momentos previos a la presentación la comisaria Natalia Alonso sobre el resultado a presentar en las propias dependencias de los becados.

En la planta superior, Adrián Vega presentó "Digital Bodies". Su trabajo explora la arqueología de «las huellas digitales» que las personas van creando y que dejan de forma casi involuntaria.

Los nuevos artistas.

Los nuevos artistas. / Fernando Rodríguez

Vega ha centrado su investigación en el concepto del sampleo y la distorsión de la imagen para analizar la correlación entre nuestra identidad física y su eco virtual. El cuerpo, como dice el propio nombre del proyecto, es parte central en su forma más física, que encarna el propio Vega.

Alba Matilla, avilesina y con raíces familiares en la industria siderúrgica, exhibió "Alfabetos de Destrucción", un ambicioso propuesta que hibrida el arte textil con el interactivo. En este sentido, Matilla ha creado un videojuego donde el espectador maneja una nube sobre un paisaje de ruinas industriales, tanto asturianas como foráneas, capturando la esencia de lugares recientemente demolidos o en riesgo de desaparecer.

"Es un mundo residual y denso abajo, y etéreo arriba, poblado por los fantasmas de la industria", explicó la artista. La instalación se completa con piezas textiles impresas con archivos de mapas virtuales.

Por su parte, Sara Muñiz abrió su estudio para mostrar "Cicatriz", un álbum acompañado de un libreto poético. Su obra es una exploración cruda de las etapas del duelo que, a diferencia de las establecidas por la terapeuta Elisabeth Kübler-Ross, ella bautiza como sutura, cura, costra y cicatriz.

Muñiz confesó haber roto su habitual hermetismo como autora instrumental para abrazar la palabra escrita. Su proyecto no solo aborda la pérdida de quienes se han ido, sino también la «imposibilidad dialéctica» con aquellos que, estando presentes, se han vuelto inalcanzables.

Finalmente, Javier Bejarano invitó al público a su "Zona de Penumbras". Con un enfoque multidisciplinar que une fotografía y música, Bejarano propone un ensayo visual y auditivo sobre la oscuridad e inspirado por la actividad que se realiza en las zonas de cruising y sus códigos especiales.

Su espacio se convirtió en un refugio donde las imágenes nocturnas y las composiciones ambientales invitaron a una reflexión pausada sobre lo que permanece oculto.

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