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Sonia Camblor, taxista: "La mujer encontró en el taxi un sector que las cuida y que les permite cuidar"

Con 26 años de profesión, esta pionera del sector del taxi en Gijón afirma que este trabajo ha dado a las mujeres "independencia laboral y económica"

VIDEO:  La taxista Sonia Camblor, "Rompetechos" del mes de febrero

VÍDEO: Sandra F. Lombardía FOTO: Luisma Murias

Gijón

Sonia Camblor Iglesias (Blimea, San Martín del Rey Aurelio, 1970) descubrió su vocación de taxista tarde. Terminada su carrera universitaria y cansada de una primera etapa laboral como auxiliar administrativa, encontró una convocatoria para taxistas en Gijón y ya no soltó más el volante. Con 26 años de profesión a sus espaldas, iniciada en una época en la que muy pocas mujeres en el sector, Camblor fue la primera taxista de Gijón en ofrecer wifi gratuito y la primera de España en conseguir el sello movilidad segura en la empresa. Siempre ha defendido la importancia de que más mujeres sean taxistas.

¿Cómo recuerda la profesión en sus inicios?

Había pocas mujeres. Titulares de licencia, muy pocas, igual no llegaban a la docena, y asalariadas quizás algunas más, pero en total en Gijón ni de broma llegábamos a las 40. Ahora somos muchas más, creo que pasaremos de cien. Para nosotras es muy importante la independencia económica y muchas mujeres se deciden a comprar su propia licencia, porque eso les permite compaginar su vida profesional y personal de una manera muy sencilla.

¿Y cómo es la profesión hoy para una mujer taxista?

Cuando empecé lo normal era que si el titular de la licencia del taxi se jubilaba y tenía un hijo y una hija, la licencia la heredaba el hijo. No se hacían preguntas. Y si el titular y su mujer trabajaban juntos y él llegaba a la edad de jubilación, se retiraban los dos a la vez aunque ella pudiese seguir trabajando. Si él le pasaba la licencia a ella él se convertiría en amo de casa y sería la mujer quien llevaría a casa el sustento; eso no encajaba con los tiempos. Hoy ya no es así. Hay taxistas que le dejan la licencia a sus hijas, aun teniendo hijos, porque quizás a ellas les gusta más la profesión, y no pasa nada, no hay traumas. Y muchas mujeres, aun jubilándose sus maridos, siguen trabajando. Y ellas son taxistas y el marido va a comprar el pan. Y no pasa nada tampoco. Cambió la mentalidad y para mí hubo dos hechos recientes determinantes.

¿Cuáles?

En Gijón la Policía Local le dio un premio a una mujer taxista, a Mar. (Mar Suárez protegió a una clienta de una posible situación de peligro). Eso no había pasado nunca antes. Y, a nivel autonómico, la mujer rural de este año es una taxista de Cudillero, Carolina Castro. Y eso es aún más sorprendente, porque tradicionalmente el taxi en la zona rural siempre fue muy masculino, pero Carolina representa el espíritu de las taxistas de los pueblos al cien por cien.

¿Es un trabajo estable?

Todo lo estable que tú quieras. Si compras una licencia, eres un autónomo en un puesto de trabajo y eso para mí es estable. Lo normal es que la gente entre a trabajar de asalariado, que esté así seis meses y que luego se compre la licencia. Eso fue lo que hice yo. A los seis meses me dije: esto me gusta, conducir me gusta, y la gente es divertida. Para mí siempre fue un trabajo tranquilo que se podía hacer fácil.

Y le sigue gustando tanto como al principio.

Sí, sí. A lo mejor tienes un mal día o estás de mal humor porque discutiste con alguien, lo que sea, y dices: bueno, voy a dar unas cuantas vueltas por la ciudad; seguro que encuentro a alguien con quien hablar. Y de repente se te sube al taxi una señora que te cuenta que le acaba de regalar a su médico una docena de huevos porque se porta muy bien con ella. Cosas así.

¿Los clientes suelen caer bien?

Sí, sí.

¿Dan buena charla?

Mucha. Los taxis somos un confesionario andante. Escuchas lo que debes y lo que no. Para mí en el taxi existe el secreto profesional.

¿Hay relevo generacional?

Con la crisis económica y la pandemia todo jugó un poco en contra, pero desde hace un par de años para acá se ha vuelto a reactivar. Es especialmente importante la incorporación de mujeres al taxi: han encontrado un sector que no solo las cuida, sino que les permite cuidar a los demás. Si tienes que parar de trabajar un momento porque tu madre se ha puesto mala puedes hacerlo. Esa independencia no te la dan muchos trabajos.

Y se cuida al cliente. En Gijón es raro que un taxi no espere a que el viajero entre al portal.

Eso es por la ciudad también. Gijón es una ciudad que tradicionalmente ha tenido a muchas mujeres trabajando en puestos masculinizados. Me acuerdo de las trabajadoras de IKE, de las cigarreras de Tabacalera, de las pescaderas de Cimavilla. Eso ha dejado un carácter especial a las mujeres de Gijón.

¿Cómo fue esa gesta pionera para el wifi gratis y el sello de seguridad?

Mirando iniciativas en otras ciudades vi que se estaba poniendo wifi en los taxis. Pregunté a una compañía telefónica pensando que sería muy complicado y resultó ser muy sencillo. Y el sello de movilidad segura… Para mí eso fue… No sabría explicártelo; fue como si me hubiese sacado el doctorado en tráfico. Todas las empresas que tienen el sello de movilidad segura de la DGT son grandes corporaciones con sus departamentos de movilidad y de informática y, bueno, el caso es que yo vi que eso existía y pensé: yo creo que esto lo puedo hacer. De hecho, las personas que gestionan el sello me preguntaban si pensaba hacer todo aquello yo sola. Lo saqué, se renueva cada dos años y, por ahora, todavía no me echaron (ríe).

¿Pero qué supone en la práctica?

Vas implementando medidas de seguridad y las compartes con el resto de las empresas que participan. La idea general es ser conscientes de que el acto de desplazarse es un peligro. Muchas veces te levantas a las seis de la mañana, medio dormido, y coges el coche y tiras, pero tenemos que ser conscientes de la peligrosidad que implica cualquier desplazamiento. Tengo este sello desde 2017.

Hablando de mujeres rompetechos, usted llevó en el taxi a Margarita Salas. ¿Cómo fue eso?

Fue una casualidad que me dio la vida. Creo que ella acabó más sorprendida que yo. Me habían pedido un servicio, no recuerdo si la Universidad o quién, para recoger a alguien, pero no sabía quién sería. Cuando la vi subirse al coche… Íbamos al aeropuerto y yo iba todo el camino pensando qué le podría decir y si me iba a atrever. Y al final le dije: "Usted me perdonará, pero, ¿usted es Margarita Salas?". Y ella me dijo que sí. De aquella no se hacían selfies, así que le pedí un autógrafo y una dedicatoria para la cooperativa y me miró muy extrañada y me dijo: "Es que yo soy científica". Y yo: "Ya, ya, yo sé quién es usted, por eso se lo pido". Fue muy amable y me firmó el autógrafo, pero yo creo que se marchó pensando que yo la estaba confundiendo con alguien.

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