La puesta a punto del Antroxu de Gijón: "Los Mazcaraos", corona sin presión
La charanga, campeona tres años consecutivos, defiende el título con un atuendo que torna a la "tradición" antroxera tras ediciones con tema "más imaginativo"

La charanga «Los Mazcaraos», durante una jornada de ensayo en el CPEE Castiello, en Bernueces. | JUAN PLAZA
En el ensayo de "Los Mazcaraos", en el CPEE Castiello, en Bernueces, no se permite el descanso; más que nada porque el Carnaval está a la vuelta de la esquina. La formación, que ha convertido el éxito en una costumbre tras encadenar tres primeros premios de forma consecutiva, afronta este 2026 un reto de máxima exigencia, que es defender el título, aunque a esta presión ellos le quiten importancia y ganar no sea su principal objetivo ni de lejos. La charanga morada ha decidido que la mejor estrategia para defender su corona, pero sobre todo para pasarlo bien, es volver a las raíces. "Este año optamos por un tipo de estética mucho más clásica, más tradicional, por un disfraz mucho más carnavalero", adelanta Jonathan Moro, su presidente.
Esta es una apuesta que rompe con la línea de ediciones pasadas, donde los disfraces "imaginativos" sobre el espacio o las cebras marcaron su camino, para centrarse ahora en la esencia más pura de la sátira gijonesa, aunque inconfundible sello de la casa de "Los Mazcaraos".
La maquinaria creativa de la charanga arrancó el pasado mes de abril con la tormenta de ideas que definió el proyecto actual. Luego empezaron los ensayos per sé, en los que los últimos coletazos de verano se consumieron entre coreografías y rimas. A este último hilo, el de las rimas, Moro tiene mucho que decir, ya que tradicionalmente recaen en él, además de compartir la autoría de las letras con una compañera. Avisa de que el público del Jovellanos debe prepararse para un repertorio sin concesiones que también nació de un proceso creativo que tuvo lugar en periodo estival.
"Estamos muy contentos con las letras y son bastante incisivas. Nos gusta jugar con las palabras y este año vamos en una línea potente", explica el presidente, quien reconoce que el proceso de creación es "un no parar" que enlaza un año con otro sin apenas tregua.
A pesar de la presión que supone ser el rival a batir, en "Los Mazcaraos" prefieren centrar sus energías en la satisfacción propia. Con el cupo de integrantes cerrado en la práctica –porque ya son 60 personas, por cuestiones de logística y al ser una cifra fijada incluso en sus estatutos–, la charanga se presenta como un bloque sólido que valora el aplauso de la calle por encima de las puntuaciones. "El puesto hace ilusión, pero lo más importante es quedar satisfecho con el trabajo de todo un año. El jurado es subjetivo, por eso no montamos nada pensando solo en ganar", confiesa Moro.
El camino hasta el teatro no ha estado exento de dificultades colectivas. La formación se ha unido al resto de charangas gijonesas para reclamar soluciones al conflicto de los ensayos y el ruido vecinal. "Queremos un Carnaval a la altura de Gijón y para eso es necesario prepararse", reivindica. En este momento, culminados un par de ensayos generales en el Jovellanos y a horas para regresar a sus tablas y a las calles de Gijón, "Los Mazcaraos" ultiman los detalles de una puesta en escena que promete "diversión y sorpresas", confiando en que ese "tipo" clásico y su afilada palabra vuelvan a contagiar a una ciudad que ya espera su estruendo y, quién sabe, si un póker de coronas.

De izquierda a derecha, en el centro, Aroa y Nerea Lorido, Noa y Aitana Camblor, Enol y Olaya Vázquez, Nadaya y Roi Moro; detrás, Paula y Marina Blanco y Mario y Rubén Pandiello, y, agachados, Nicolás, Claudia y Lola Díaz. / Juan Plaza
Más que de compañeros, un colectivo "de hermanos"
Es habitual que las charangas se refieran a sí mismas como una gran familia, pero cada cual goza de su propia idiosincrasia. En el caso de "Los Mazcaraos" los estrechos vínculos de sangre que recorren sus filas y tan estrechos, teniendo en cuanta la tremenda cantidad de hermanos que engrosan la agrupación. "Tenemos a un montón y muchos son veteranos que ya venían con nosotros desde el principio", relata con orgullo Jonathan Moro, refiriéndose en especial a los hermanos Mario y Rubén Pandiello y las hermanas Marina y Paula Blanco.
Más allá de estas dos parejas de hermanos y hermanas, que configuran la sección de "los mayores", hay una constelación de adolescentes y niños, que engloban desde los 10 hasta los 18 años de edad y que responden a los nombres de Aroa y Nerea Lorido, Noa y Aitana Camblor, Enol y Olaya Vázquez, Nadaya y Roi Moro, Nicolás, Claudia y Lola Díaz.
Por su puesto, no son los únicos lazos de sangre que hay dentro del colectivo antroxero, ya que han llegado de la mano de sus padres y familiares –porque siendo menores siempre precisan de la presencia de un tutor– haciendo de estos lazos un pilar fundamental y seña de identidad.
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