Hacerse adulto en la Edad Media y en Gijón duraba un siglo y no era bonito
Un estudio de la UAM con 200 esqueletos procedentes de las excavaciones en Veranes revela que la pubertad en el Medievo duraba el doble que ahora y que los jóvenes, entre los siglos V y XIV, sufrían estrés por mala alimentación, enfermedades y problemas sociales

Fotografía de una campaña de excavaciones en Veranes dirigida por Carmen Fernández Ochoa en 1998. | DANIEL MORA

Las once campañas arqueológicas desarrolladas entre 1997 y 2009 en Veranes (Gijón) han permitido recuperar hasta la fecha los restos de 781 individuos correspondientes a 600 tumbas datadas entre los siglos I y XIV. Esa colección, afirma ahora el Laboratorio de Poblaciones del Pasado de la Universidad Autónoma de Madrid, donde se guardan una buena parte de estos esqueletos, es "excepcional", por su conservación y por la variedad de la muestra. Es, además, "la segunda más grande" de población joven del pasado correspondiente a un único yacimiento, sólo superada por algunas colecciones británicas, y su examen acaba de permitir arrojar luz sobre lo que significaba hacerse adulto en la Edad Media. El estudio, dirigido por Danielle Michelle Doe y que acaba de publicarse en el "Journal of Archaeological Science" concluye que la pubertad, en el Medievo, duraba el doble que ahora, desde los 9-10 años hasta incluso los 20.
El trabajo, titulado "La pubertad en el Veranes medieval: analizando todos los esqueletos adolescentes para obtener una imagen más completa", se centra en concreto en 202 restos de habitantes de esta zona en un marco temporal más acotado, entre los siglos V y XIV. A partir del examen detallado de dientes y huesos en crecimiento, el equipo investigador ha podido determinar cuándo comenzaba el estirón puberal, cuánto se prolongaba el proceso y a qué edades se producían hitos clave del desarrollo, como la menarquia –la primera menstruación– en el caso de las mujeres.
Los resultados indican que en el caso de las chicas medievales el estirón puberal comenzaba habitualmente entre los 9 y los 10 años, mientras que en los chicos lo hacía entre los 11 y los 12. Como indica Danielle Michelle Doe, ·el retraso es frecuente en poblaciones históricas y se asocia a condiciones de vida más exigentes, caracterizadas por una mayor carga de enfermedades, estrés fisiológico y una dieta más limitada".
El estudio también revela diferencias en el ritmo de desarrollo a lo largo de la adolescencia. Aunque las mujeres tendían a adelantarse en las fases iniciales de la pubertad, su progreso se ralentizaba en los estadios finales. En ambos sexos, el proceso no se completaba hasta aproximadamente los 20 años, cuando se producía el cierre de las placas de crecimiento óseo.
En conjunto, la pubertad podía prolongarse entre ocho y once años, una duración muy superior a la observada en las poblaciones contemporáneas. En este contexto, la menarquia solía producirse entre los 14 y los 16 años, en consonancia con lo descrito para otras comunidades medievales europeas.
Además de esta larga pubertad (los investigadores desligan estos términos del de "adolescente" por su dependencia de fenómenos sociales antes que biológicos ), el estudio destaca que en la Edad Media estos jóvenes también lo pasaban bastante mal. Se detectaron señales de estrés en los huesos que apuntan a un entorno marcado por la frecuente exposición a enfermedades, una nutrición irregular y condiciones sociales capaces de interrumpir temporalmente el desarrollo biológico.
Por otra parte, el trabajo establece un hito en su campo por el método empleado. A diferencia de estudios previos, asegura la UAM, los investigadores no excluyeron en la metodología aplicada los esqueletos con edades imprecisas o con marcadores puberales ambiguos. Esta estrategia permitió ampliar la muestra analizada, identificar casos de desarrollo adelantado o retrasado —que habitualmente pasan desapercibidos— y ofrecer una imagen más fiel de la variabilidad del crecimiento adolescente en la Edad Media.
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