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"Los Restallones" celebran sus bodas de plata liderados por una capitana de 83 años

La charanga, de vínculo "inquebrantable" con el barrio de Santa Bárbara, cumple 25 años fiel al estilo de "contar historias" y compuesta por un grupo "de fábula"

La charanga "Los Restallones", en uno de los ensayos que realizan en la Asociación de Vecinos "Santa Bárbara".

La charanga "Los Restallones", en uno de los ensayos que realizan en la Asociación de Vecinos "Santa Bárbara". / Juan Plaza

Santa Bárbara

Cada charanga tiene su estilo y hay de las que cuentan historias. Ese es el sello de "Los Restallones", una agrupación que este año alcanza una cifra mágica: un cuarto de siglo repartiendo folixa por Gijón y ligada "inquebrantablemente" al barrio de Santa Bárbara. Con las bodas de plata como telón de fondo, la formación afronta los últimos ensayos con la intensidad de quien se estrena, pero con la solidez de una que da el conocerse unos a otros en profundidad. "Estamos muy contentos, muy currados y con ganas de que llegue ya el momento y mostrarlo", explica Fran Rodríguez, presidente y alma máter de la agrupación.

Si algo caracteriza a "Los Restallones" es su puesta en escena en el teatro Jovellanos. Fieles a su hermetismo habitual –"no diré nada ni bajo tortura", bromea el presidente sobre cualquier pista escénica–, sí desvelan que su propuesta mantiene una estructura casi teatral. "Siempre buscamos un hilo conductor, un espectáculo con su comienzo, su nudo y su desenlace. Intentamos tocar todos los palos, pero con un estilo propio: somos más de ensalzar la fiesta que de machacar a nadie con la crítica", apunta Fran.

La fiebre que levantan las charangas sube sin parar, y el grupo ha decidido poner un "techo" de 60 componentes, una cifra que Fran considera el "número cojonudo" para mantener la calidad y la cohesión. "Es un número ideal para mover gente sin perder la esencia. Tenemos un grupo de personas fabulosas, de fábula, y, aunque hubo quien se quedó fuera este año, preferimos ser 60 redondos y estar unidos", comenta.

Entre sus filas destaca el relevo generacional, con siete niños que ya se empapan de la tradición y que aseguran el futuro de la formación. "Si la sangre nueva no tira de esto, las cosas mueren", añade con convicción.

Tras el cuarto puesto obtenido en la pasada edición, la ambición por mejorar está presente, aunque sin convertirse en una carga. "Todas (las charangas) competimos para estar lo más arriba posible, pero lo principal es salir satisfechos nosotros mismos de lo que hemos preparado. Cuando te sometes a un jurado, el resultado ya no depende de ti, así que el objetivo es disfrutar del escenario y de la calle", reflexiona.

El vínculo de la charanga con el barrio de Santa Bárbara sigue como siempre. Llevan cinco lustros ensayando en el mismo lugar, la Asociación de Vecinos "Santa Bárbara", un espacio que ya consideran su hogar. "Allí hemos caído de pie, allí estamos más felices que la hostia y jamás hemos tenido un problema", agradece Fran. Esa estabilidad es la que les permite afrontar grandes jornadas de trabajo, que, "en casa", son menos trabajo.

Rodríguez celebra también la excelente salud del Antroxu gijonés, que desde el año anterior cuenta con catorce charangas en liza. "Hubo años tristes donde bajamos a nueve agrupaciones, pero ahora estamos otra vez ‘on fire’. Ver a tanta gente joven empujando es lo mejor que nos puede pasar a todos los que amamos esta fiesta", concluye, listo para que los tambores de "Los Restallones" vuelvan a tronar con la fuerza y el brindis dignos de un cuarto de siglo de historia.

Padres, hijos y parejas que lidera una incombustible capitana de 83 años

En "Los Restallones", el concepto de familia no es una metáfora, es la realidad fundacional de la charanga. Todo comenzó hace 25 años por "culpa" de Diego, el hijo del presidente, Fran Rodríguez, cuando empezó a militar en otra formación. Ese fue el chispazo que unió a los hermanos Fran, Belén y Gustavo, junto a sus parejas y su madre, que terminaron por crear su propia agrupación. "Entramos todos a la vez, fuimos los fundadores y aquí seguimos 25 años después", relata Fran con orgullo.

La gran protagonista de esta historia es, sin duda, la madre de Fran, Gloria Fernández, que a sus 83 años es una integrante activa y entusiasta. "Es la que tengo cogida por el hombro en la foto. Va a salir en el desfile como todas las chicas, bailando y dándolo todo", explica su hijo.

Para esta familia, el Antroxu es el eje sobre el que gira su vida durante meses. Aunque el hijo que prendió la llama de la pasión charanguera ya no la mantiene viva, el legado continúa con las nuevas incorporaciones, como Laura González, la mujer de Gustavo, que no es socia fundadora, pero se integró rápidamente en el clan antroxero tras iniciar la relación.

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