"La última y marchamos", llena de charangueros "de cuna", llega dispuesta a "repartir buen juego"
El show de la formación, que busca "dar el máximo espectáculo", "rompe la baraja" y gira 180 grados respecto al infierno y los diablos presentados en 2025

La charanga «La última y marchamos», en un ensayo en el polígono de Somonte, en Sotiello. | JUAN PLAZA
Para "La última y marchamos", el Antroxu es una llama que permanece encendida los doce meses del año, más después del infierno literal que montaron en 2025 vestidos de diablos en el teatro Jovellanos. "En cuanto acaban los carnavales de fuera de Gijón, ya en abril, empezamos a maquinar la idea del año siguiente", explica Víctor Fabián, su presidente, mientras apura los últimos retoques del atrezo de esta edición. Este año, la formación de 62 integrantes –incluyendo una nutrida cantera de niños, charangueros "de cuna" algunos de ellos– llega dispuesta a "repartir buen juego" con una propuesta que supone un giro de 180 grados y "rompe la baraja" respecto a la edición anterior.
"El año pasado fuimos el infierno y ahora damos una vueltina. Es un rollo totalmente diferente", desvela Fabián, sin ser prolijo con los detralles del secreto mejor guardado de "La última y marchamos": el disfraz y la puesta en escena con la que buscan ofrecer "el máximo espectáculo" durante este Antroxu, para el que han ensayado habitualmente en el polígono de Somonte, en Sotiello (Cenero).
Lo que sí es evidente, por desprenderse de sus palabras, es el esfuerzo artesanal que late detrás de cada costura de ese enigmático atuendo. Aunque cuentan con una modista para el diseño base, el grueso del trabajo es manual. "El traje nos está dando mucho que hacer. La mayoría son cosas hechas a mano por cada uno de nosotros y te lleva casi hasta el último día", reconoce el presidente, quien resalta el valor del compañerismo a la hora de ayudar a los socios más nuevos o a aquellos a los que se les atraganta el hilvanar la aguja.
Para "La última y marchamos", la charanga se forja en el asfalto, tal como demostraron ayer en el pasacalles que abrió boca para el pregón que dio inicio a la festividad antroxera en la plaza Mayor. El verano pasado realizaron trece salidas por toda Asturias, desde el San Timoteo de Luarca; hasta Valdesoto, en Siero, o las de Santiago y Santa Ana, en Grao.
"Es lo que más nos gusta. Ahí no hay presión, la gente está animada y estás como Dios", confiesa Fabián. Esa falta de presión competitiva es la que intentan trasladar también a las tablas del Jovellanos: "A todo el mundo le gusta quedar arriba, pero salir contentos con el trabajo realizado ya es ganar. El jurado puntúa lo que ve en diez minutos, pero detrás hay meses de trabajo que no se ven nunca".
Esa labor invisible incluye el "ritual" de las entradas, que ya están más que agotadas. Este año, casi la mitad de la charanga se organizó para conseguir tiques en la taquilla del teatro, haciendo turnos en cola según las obligaciones laborales de cada uno. "Unos para allá, otros para acá... los que no vamos nos quedamos trabajando en el local", puntualiza el presidente, subrayando que en esta agrupación don un bloque "sólido" de más de sesenta personas que reman siempre en la misma dirección ya que el que las bajas se suplen con las altas.
La salud del grupo se refleja en sus siete u ocho componentes menores de diez años. Para Víctor, ver cómo la gente se engancha al verlos en la calle es la mejor recompensa, aunque advierte de que el Antroxu "lleva muchísimas horas". Con todo prácticamente a punto, "La última y marchamos" está preparada para que empiece el show teatral, tras darlo todo ayer en un tradicional pasacalles de impresión.
Charangueros "de cuna" con padres "enganchados" a la folixa antroxera
Para muchos integrantes de "La última y marchamos", la charanga no es solo una afición, es "un estilo de vida que engancha". Así lo define Saray Díaz, quien junto a su pareja, Joel González, y sus hijos, Nel y Eva, forma uno de los núcleos familiares del grupo. Saray empezó a ir de extra con unas amigas, pero acabó en rutina familiar con Joel: sus hijos han nacido literalmente dentro de la formación y son "charangueros de cuna".

Por la izquierda, detrás, Joel González, Naia Vega, Mery Sánchez, Johanna Carrandi, Mia Díaz, Nata Martínez y Greco Díaz; delante, Luca Sánchez, Nel Vega, Sofía Pérez, Eva González, Saray Díaz, Nel González y Julián Díaz. / JUAN PLAZA
No son los únicos. Mery Sánchez entró hace tres años con su hijo Nel Vega, al que acompaña su mejor amigo, Luca Sánchez. Junto a ellos, sus padres y su hermano, procedentes del grupo folclórico El Xiringüelu. "Para mis hijos es un aprendizaje de valores y derechos a través de las letras que cantamos", señala Mery, cuya hija, Naia, de la que quedó embarazada ya siendo charanguera, vive su segundo Carnaval, otro "de cuna".
En la misma línea, Nata Martínez y Greco Díaz se unieron con sus hijos Mía y Julián buscando ese ambiente de compañerismo, mientras que Johanna Carrandi dio el paso este año después de que su hija, Sofía Pérez, le pidiera ser charanguera tras ver el desfile hace doce meses.
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