Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

"Kop’a Vino" afila la "garra": una charanga donde los bloques van más allá del vínculo de sangre

La histórica formación de Contrueces apuesta por un cambio radical en su show, que exhibe hoy en el Jovellanos: "Queremos impactar con color y fuerza visual"

La charanga «Kop’a Vino», en un ensayo en el patio del colegio Nicanor Piñole. | JUAN PLAZA

La charanga «Kop’a Vino», en un ensayo en el patio del colegio Nicanor Piñole. | JUAN PLAZA

Contrueces

El Antroxu gijonés no sería el mismo sin el rosa fucsia de "Kop’a Vino", una de las charangas que mejor personifica la resistencia, al ser una formación nata del concurso carnavalero gijonés, y representar el "orgullo de barrio" de Contrueces. "Kop’a Vino" defenderán hoy domingo, en el teatro Jovellanos, una propuesta de la que su presidente, Felipe Martínez, tan solo soltó una pista en el momento de hablar con este periódico. "Este año vamos con mucha garra y mucho colorido", adelantó, con sinceridad, ya que las letras y temáticas del show son públicas desde ayer, aunque, no obstante, en estas líneas se respetará su misterio. Tras la primera hornada de charangas que pasaron ayer por el teatro hoy saldrán a "darlo todo".

El espectáculo, supone un cambio radical respecto a lo que la charanga suele ofrecer. "A mí me gusta mucho el estilo chirigotero, pero este año la mayoría decidió apostar por algo para impactar con colorido y fuerza visual", confiesa, y admite a renglón seguido que "los guajes vienen empujando con ideas nuevas y hay que saber escuchar".

La charanga no descuidará unas letras cargadas de ironía que prometen ser uno de los puntos fuertes del certamen. "Cuando la gente escuche una de nuestras letras en el Jovellanos, se va a echar unas risas importantes; solo con eso ya habremos ganado", adelanta el presidente, pícaro.

La puesta a punto de "Kop’a Vino" tampoco es cuestión baladí, es un rompecabezas logístico que obliga a la agrupación a desdoblarse entre dos centros de Contrueces para ensayar sin romper la convivencia vecinal. Mientras que la percusión se trabaja en la cancha del Colegio Nicanor Piñole, la coreografía y el teatro se perfilan en el gimnasio del Noega, cuyas dimensiones permiten simular las tablas del Jovellanos.

Esta disciplina se traslada también al esfuerzo personal. "Ayer estuve 15 horas en el bajo, desde las diez de la mañana hasta la una de la madrugada. Aquí, o te matas o te quieres, pero el compromiso con el barrio es lo primero", sentencia el presidente, subrayando que detrás de la diversión hay un trabajo de "pico y pala" que dura todo el año. Otro puzle es el de coordinar a 60 personas, de las cuales su núcleo base son 25 veteranos que llevan décadas "aguantando a piñón"; uno de ellos, el Martínez, que lleva vinculado a ella desde la adolescencia.

Tras un viernes de nervios mirando al cielo, la agrupación pudo finalmente "tomar Gijón" en un pasacalles multitudinario que respetó la lluvia hasta el último segundo. "Teníamos miedo de que nos cortaran el desfile, pero aguantamos el chaparrón con ganas. Gijón tenía hambre de charanga", explica el charanguero, quien aliviado tras ver cumplido el trayecto desde Begoña hasta el Ayuntamiento.

Tras un año pasado donde el jurado no les fue favorable, Martínez tiene clara la filosofía para hoy: "Ya pasamos por todos los puestos, desde el primero hasta el último. Lo que quiero es que la gente se quede a gusto con lo que hace; el ego no lleva a ningún sitio cuando te dan un bofetón en la clasificación y hay que ser humilde tanto en las buenas como en las malas", remata.

Una charanga donde los bloques van más allá del vínculo de sangre

En la charanga "Kop’a Vino", los lazos no quedan en mero vínculo sanguíneo. Felipe Martínez, lidera uno de los bloques familiares. Junto a él, su mujer Eva Cagide y sus hijos Enol y Xana, que son charangueros desde bebés y destacan en percusión y creatividad, respectivamente. "Inculcamos a los guajes la lealtad a los colores. Mi hijo sabe que aquí se viene a disfrutar, pero también a cumplir", comenta Martínez.

Por la izquierda, de pie, Enol Martínez, Felipe Martínez, Eva Cagide y Mar Campomanes; agachados, los pequeños María y Oli, junto a Stefania Barros. | JUAN PLAZA

Por la izquierda, de pie, Enol Martínez, Felipe Martínez, Eva Cagide y Mar Campomanes; agachados, los pequeños María y Oli, junto a Stefania Barros. / JUAN PLAZA

Sin embargo, la familia se extiende más allá de lo puramente biológico, gracias a la presencia de la joven Mar Campomanes, que para los Martínez es una más, con estatus de sobrina, gracias a la gran amistad que mantienen con su progenitora.

Otra de las parentelas la integra la tesorera, Stefania Barros, que lleva varios en la charanga y es "la Robespierre" de del presidente, como se refiere a ella cariñosamente. Junto a ella entraron a disfrutar y bailar, más adelante, su hijo, Oli, y la pequeña María, que posaron junto a los Martínez y dejaron patente que esto de las charangas antroxeras es algo que, desde luego, se lleva en el ADN y más allá.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents