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Un reguero de robos y hurtos diarios en Gijón pone en pie de guerra al eje comercial Los Moros y Corrida

Los comerciantes denuncian un incremento en los asaltos con un claro patrón: sin violencia, en pocos segundos y a por productos caros y sin apenas seguridad

VÍDEO: Los comerciantes de la calle Corrida de Gijón se plantan ante los hurtos

Carlos Tamargo / Marcos León

Gijón

La tendencia a los robos que se vive en el entorno de la calle Corrida ha terminado por agotar la paciencia de algunos de sus comerciantes que ven como están desprovistos e indefensos ante los ladrones de guante blanco. Las características de estos delitos, el "modus operandi" e incluso el tipo de producto dependiendo del estilo del local, no varía de unos a otros. Rápidos, sin tiempo para reacción, sin usar la violencia y a por productos que saben que están a mano y que pueden ser rentables en el trapicheo. El hartazgo de los trabajadores ante los hurtos es palpable y poco pueden hacer en el momento. A veces ni llegan a darse ni cuenta hasta pasado un tiempo cuando hacen inventario o revisan las cámaras de seguridad. Cuando alertan a la Policía saben que los cacos pueden volver incluso al día siguiente aunque les detengan. Ocurre casi a diario.

El pasado domingo, hubo un intento de robo en el que una pareja quiso escapar de un supermercado de la calle Los Moros con varios productos y sin pasar por caja. Los pillaron y fueron encerrados con la persiana antes de abandonar el local, pero como aseguran algunos comerciantes, el tino a la hora de interceptarlos no suele caer para el lado favorable. "Siempre hubo robos, pero ves que ahora la sensación es de más descontrol", expresa José Luis Valdés, empleado de la tienda Fotocentro de la calle Corrida, que de unos meses para aquí ha presenciado dos intentos de robo, uno de ellos llevado a cabo.

José Luis Valdés, colocando el escaparate de la tienda Fotocentro, ayer.

José Luis Valdés, colocando el escaparate de la tienda Fotocentro, ayer. / M C.

"La primera vez que lo intentaron coincidió que estaban unos clientes aquí de las fuerzas de seguridad, de paisano, y los cogieron porque no se fue corriendo, sino que marchó muy tranquilo", narra un Valdés al que le sigue sorprendiendo la parsimonia y "profesionalidad" con la que estos delincuentes actúan. "La segunda fue muy rápido. Entró, se acercó al mostrador y se llevó un dron", detalla este empleado de la tienda especializada en fotografía que calculó la pérdida en más de mil euros. "Ni recuperamos el dron, ni el seguro nos lo pagó porque no hubo violencia contra nosotros", añade Valdés.

Muchos de los locales de Corrida están bajo el control de grandes marcas y cadenas, pero hay otros que siguen siendo negocios de particulares a los que las sustracciones les hacen especial daño. "En días de gran afluencia o que hace bueno no puedes andar controlando a todo el mundo que entra", afirma con rotundidad María Palacios, farmacéutica en la Parafarmacia Castillo. Al igual que en la mayoría de locales, sufren hurtos no violentos, rápidos y en los que el caco sale corriendo y, detrás de ellos, los propios empleados. "Como tenemos el precio puesto, buscan los productos más caros: cosméticos, cremas, complementos alimenticios y hasta las leches infantiles", completa Cristina Gómez.

Cristina Gómez, a la izquierda, y María Palacios, ayer, en la parafarmacia Castillo.

Cristina Gómez, a la izquierda, y María Palacios, ayer, en la parafarmacia Castillo. / M. C.

Pese a que tienen localizado a un par de habituales rateros que patrullan por la zona, siempre se les acaba escapando alguien. "Una cosa son los que nos damos cuenta al momento, pero luego vemos un hueco en el inventario, miramos la cámara y ves cómo lo roban", añade Palacios. Mismo caso es el que ocurre a pocos metros, en la tienda Yves Rocher donde no han podido localizar todavía a los ladrones, aunque mencionan que sí que se dan cuenta cuando faltan productos en los expositores. "Van a por las colonias y alguna crema. Que no lo hemos visto, pero sabemos que nos faltan cosas cuando hacemos inventario", resume Ana Fernández, dueña de la tienda.

La solución que presentan los propios comerciantes pasa desde, "aumentar las patrullas policiales", como apunta Cristina Gómez –también comenta que, no obstante, sí se percibe la presencia de agentes– hasta modificar la ley para que los ladrones no se salgan con la suya. "Saben que no les ocurre nada y lo siguen intentando", matiza Valdés. Las cámaras y alarmas de los locales de poco sirven ante unos expertos en robar que actúan de día, en presencia de trabajadores y clientes y sin la preocupación de ser vistos por testigos o pillados por la policía. "Estamos con la mosca detrás de la oreja. De normal no te toca a ti, pero cada poco tiempo te llega que han robado en una u otra tienda", añade Gómez, mostrando el sentir generalizado que abunda entre los trabajadores de una de las principales zonas comerciales de Gijón.

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